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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáEn la edición última de vuestro semanario se informa sobre la certificación de los radares que miden la velocidad de los vehículos para a la postre fotografiar y luego eventualmente multar al “infractor”.
Hablan de garantías a los involucrados. Ya en el comienzo de la nota se nos dice que la velocidad es una de las causas principales de accidentes de tránsito.
Suena lógico y sensato.
Sin embargo, propongo mirar un poco más allá en la filosofía de los radares. ¿Realmente se busca bajar los accidentes? ¿Es una medida que disuade a los conductores temerarios?
Adelanto mi posición negativa. No impacta en forma relevante en el tema de fondo. Por el contrario, lo que se busca es esquilmar en forma fácil y práctica a conductores. El ardid recaudatorio se basa en dos pilares, velocidad máxima y ubicación de los radares. Los radares en Montevideo y Ciudad de la Costa están en el sur no en el norte, pescan en la pecera, seguidamente están colocados básicamente en sitios donde el riesgo de impacto o accidente es casi nulo. Velocidades de 45 km o 60 km por hora en ramblas o algunas avenidas son ridículas, obligan a conductores a frenar —eso sí con riesgo— para dar con el límite absurdo.
Luego de una bajada o detrás de una curva, son ubicaciones elegidas. Allí a quien se distrae y va a 55 en lugar de 45 km, le cae una multa brutal de miles de pesos. Por ello la máxima de límites ridículos en sitios inocuos con costos altísimos es la ley del tiburón depredador comunal.
En Malvín, por ejemplo, se colocó uno en la rambla luego de la bajada de Colombes hacia el este, línea recta con semáforos, ancha, sin cruces peligrosos. Máxima 60 km. Un festín. A metros, la rambla Concepción del Uruguay es usada como pista de carreras por motos y coches, de día y de noche. Sin radares ni chanchos humanos. Esto sí, muy peligroso.
¿Quieren mejorar el tránsito? ¿Disminuir accidentes? Ofrezco una lista no taxativa: controles a los tuercas, a los alcohólicos, a los que hablan con celular mientras manejan (muchísimos). Cambien las velocidades máximas, que sean razonables. A quienes las infrinjan, ahí sí con todo. Atiendan a los deliveries, verdaderos kamikazes. Controlen toda la ciudad, no solo el sur. Agilicen, no solo multen. Hay embotellamientos en las horas picos debido al exceso de coches y semáforos, utilicen a los chanchos para una buena causa.
Finalmente, se trata de generar tránsito fluido y seguro, los advenedizos comunales asocian seguridad con lentitud. No es así. El tiempo de cada uno también es importante, por ello en donde amerita debe haber límites razonables pero también deben ofrecer vías rápidas más directas para quienes hacen distancias más largas.
De todo esto se trata, no solo de calibrar radares,
Pablo Oroño