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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáJe suis Uber. Con todo respeto parafraseo la consigna patriótica francesa para traerla a nuestro medio. Aclaro que no tengo vínculo alguno con la empresa. La conozco por referencias. Una empresa americana como tantas, que vende sus servicios en forma abierta y legal. Nada de evasión, ni de clandestinidad. Los usuarios de otros países están muy conformes. Es una opción más al transporte público o propio.
Mi solidaridad entonces con la empresa es por los ataques de corte mafioso que recibió a poco salir a la luz. Solidaridad por lo que refleja de nuestra sociedad. Por acción y omisión. Por quien la realiza, con qué métodos y quienes lo toleran. Particularmente a nivel de gobierno.
El nudo del asunto es el servicio de transporte público en general y el de taxímetro en particular. No hay dos opiniones a nivel de usuario, sobre la pésima calidad del mismo. Tradicionalmente estas corporaciones han sido fuertes en la defensa de sus privilegios, con fuertes lobbies con alcance a los tomadores de decisiones.
Es así que se ha generado un servicio de taxis monopólico, que defiende y consigue prácticamente todas sus posiciones, con desprecio absoluto al usuario.
Por ello los taxis están normalmente sucios. Luego de la mentada mampara (única en el mundo), restaron aún más espacio a los clientes. La hicieron en la mitad trasera. Sumado a que las unidades promedio son pequeñas, prácticamente la parte trasera no es apta para bípedos además de peligrosa.
A esto se le agrega comúnmente música (¿?) o programas a volúmenes estridentes, cuando no el conductor considera que puede hablar por celular cuando maneja. Son frecuentes los pícaros, que nos embroman con los caminos sinuosos y semáforos. ¿Dónde y a quién quejarse?
Adicionalmente, días de lluvia, horas de cambio de turno y horas pico en general, es imposible conseguir un coche.
Por si fuera poco, caro.
En suma, insatisfactorio, por decir lo menos, bajo cualquier ángulo de análisis.
Así planteado es un negocio muy rentable. Se quejan, claro, pero basta ver cuánto sale comprar una chapa para cuantificar el nivel del retorno.
Funciona como un coto de caza donde no hay competencia real. Por ello el cliente no es objeto de cuidado.
Dourado es la cabeza visible de este grupo. Ante cada “amenaza” a sus intereses, no ha dudado en salir en prensa, movilizar la flota para presionar y utilizar contactos políticos. No le ha ido mal.
Hoy es Uber, pero ayer fue el “compañero” que no acató una medida y le dieron una paliza, la tímida iniciativa municipal de ampliar el número de chapas y la aplicación Easytaxi que recibió una cariñosa bomba molotov en su casa.
El otro día cortaron el centro, invadieron el hotel sede de Uber, durante horas, a vista y paciencia de autoridades. Capítulo aparte la bajeza de registrar la marca y el logo. Los describe bien.
También sorprende la salida rápida de autoridades municipales a rechazar la aplicación. Antes de analizar nada, se hablaba de prohibiciones y multas.
No sé si es buena o mala para el país la venida de esta empresa, que de la mano de la tecnología ofrece con éxito y polémica su servicio en el mundo. También hubo polémica con UPM o Aratirí.
Lo que no se puede admitir en silencio son los métodos de la “familia del taxi”. Las patotas y matones no se pueden tolerar. Aunque tengan razón en parte de sus reclamos.
Pablo Oroño
CI 1.650.054-3