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“El amor”: esa es para el diputado nacionalista Gerardo Amarilla el “arma más fuerte” con la que cuentan los hombres, y la sociedad “tiene la obligación” de usarla para enfrentar la “triste realidad” que viven los jóvenes con las drogas. Para él, lejos de pensar en flexibilizar las leyes y facilitar el acceso a la marihuana, es necesario redoblar los esfuerzos en la lucha contra el narcotráfico, y por eso convoca a una “rebelión de padres” que, con su “rabia acumulada ante tanta injusticia”, se organicen en un “movimiento” y luchen “con amor” por aquellos “vulnerables que no tienen la fuerza de evitar la caída en el mundo de la droga”.
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El legislador —que integra la Comisión Especial sobre Adicciones— publicó el libro “Una amiga peligrosa. La droga en el corazón de la sociedad” (editorial Pesur), donde analiza el trabajo realizado por ese órgano parlamentario y opina sobre cómo cree que la sociedad debe enfrentar “el creciente” problema de la drogadicción.
“Aunque sea difícil y parezca una lucha desigual, creo que por la prevalencia del amor y la rabia que se acumula ante la injusticia, derivará en que la rebelión de los padres va a tener sus buenos frutos”, dice el legislador en su libro, a cuyo adelanto accedió Búsqueda. Ese “movimiento” que reclama deberá estar motivado por los más vulnerables, los que están “en situación de riesgo y no tienen fuerza y/o madurez para poder evitar una caída en el mundo de la droga”.
Por eso dice que una de las principales herramientas deberá ser la educación y la información, aunque eso no es suficiente. Si bien para Amarilla es necesario respetar la voluntad individual, en los casos de drogadictos es necesario adoptar la “parábola del buen samaritano” —relatada en el Evangelio de Lucas— y “tenderle la mano (a quienes estén en problemas) aun cuando no lo pidan”. “Hay que guiarlos hacia la salida del pozo. (...). Amar al prójimo como a uno mismo y frente al dolor, la frustración y la pérdida de rumbo no se puede ser indiferente”, consideró.
En esa tarea —señala— ante tantos cambios de paradigma a nivel local e internacional sobre iniciativas para flexibilizar leyes y facilitar el acceso a algunas drogas se hace necesaria una “rebelión”. “Tenemos el deber y el derecho de rebelarnos contra esa triste realidad, contra la pasividad. Y, también, la obligación de reaccionar con el arma más fuerte que ha podido hacer los grandes cambios en la historia de la humanidad: el amor”, remarcó.
Autocultivo.
En su libro, Amarilla analiza las iniciativas para legalizar el “autocultivo” de marihuana. En el Parlamento hay dos proyectos para regular el acceso a esa sustancia mediante la plantación para consumo personal. Uno es del diputado Luis Lacalle Pou (Unidad Nacional) —quien integra el mismo sector político que Amarilla (Aire Fresco)— y otro es del Frente Amplio, que es tratado en comisión y tiene los votos suficientes para aprobarse en la Cámara de Diputados.
Para Amarilla, la iniciativa, lejos de solucionar los problemas vinculados con la drogadicción y el tráfico de drogas, agrava el escenario. “Cedemos terreno y comenzamos a legalizar situaciones que no nos sentimos con fuerzas para cambiar”, escribió.
Consultado por Búsqueda, el diputado blanco opinó que en el tema drogas no se necesitan más leyes que las que hay, salvo algunas modificaciones para dar mejores herramientas para la internación compulsiva de adictos.
Asimismo, consideró que el argumento de la “reducción de daños” no tiene validez, porque si se acepta también se puede llegar a aplicar a la cocaína, a la pasta base (de cocaína) y a las demás drogas duras. Al final se pierde un rumbo y la sociedad se cae entera”, cuestionó.
Si bien reconoció que la marihuana es distinta a las demás drogas, remarcó que legalizar su autocultivo, o cualquier medida que facilite el acceso a la sustancia, es “abrir una puerta” para que los consumidores “pierdan la vida” con drogas más duras.
“Es mentira que la marihuana no te mata. No te mata como un balazo, pero a la larga sí. Fumar un cigarrillo (de tabaco) tampoco te mata al instante, pero todos sabemos cómo termina esa historia”, indicó. Según dijo, está comprobado que la amplia mayoría de los adictos a la pasta base de cocaína o a otras drogas duras iniciaron su experiencia con drogas blandas, como el alcohol o la marihuana.
“Quieran reconocerlo o no, la ilegalidad pone un límite”, afirmó, y añadió que quienes promueven proyectos de autocultivo, así como los políticos y figuras públicas que manifiestan que tuvieron buenas experiencias con la marihuana, en realidad promueven el consumo.
Sin embargo, cuando Búsqueda le preguntó si entonces Lacalle Pou —quien fue el primero que presentó un proyecto de ley para legalizar el autocultivo— promueve el consumo de marihuana, Amarilla dijo que “es diferente” y aclaró que le manifestó a su compañero de sector que está en contra de su propuesta.
Amarilla entiende que, si bien existe una contradicción legal, ya que no está penado el consumo pero sí la compra de sustancias ilegales, el daño social que puede ocasionar una cambio en las leyes para facilitar el acceso a la marihuana o cualquier otra droga, “es más importante” que las eventuales complicaciones que surgen de esa contradicción. “Siempre hay un daño social y eso se debe evitar”, afirmó.
Para el diputado, la principal causa del “grave problema social” que vive el país se debe a la pérdida de valores y límites y del escaso papel regulador del Estado. “Las pautas las marca (el conductor de televisión argentina Marcelo) Tinelli con sus programas. Es como si estuviéramos en un juego en miniatura y alguien de arriba está diseñando las políticas, controlando lo que la gente quiere, motivando sensaciones y consumos”, dijo. De todos modos, aclaró que no quiere prohibir a Tinelli pero sí que el Estado “marque pautas”.