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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáEl tiempo oscila entre los años cuarenta y cinco al cincuenta.
Durante ese período mi hermano Jorge y yo concurrimos al liceo Bauzá en el horario matutino, siendo director el profesor Lacueva Castro.
Guardo un gran cariño al Bauzá; al viejo liceo ubicado en la avenida Agraciada en las cercanías del Paso Molino y en los aledaños del Prado.
Al tranvía 20 lo aguardábamos en la esquina de 19 de Abril y Suárez, en la misma esquina de la quinta presidencial recién inaugurada al asumir la presidencia de la República, Don Luis Batlle Berres, al fallecimiento del ex presidente don Tomás Berreta.
Los tres hijos del matrimonio presidencial, Jorge, Luis y Matilde, concurrieron al liceo Bauzá. Cursaron sus estudios con normalidad, buen nivel y excelente relación con sus compañeros de clase.
La vocación musical de Luis motivaba a la comisión de “Alumnos del liceo Bauzá” a invitar periódicamente a conciertos para piano de Luis Batlle Ibáñez que transcurrían en la sala del Ateneo de Montevideo.
Los acordes de Litz, Chopin, Beethoven del piano de Batlle, cautivaban a un auditorio joven que escuchaba con devoción a un gran concertista que era, además, un compañero sencillo y jovial.
Como también, otro compañero —Ramírez— que con el tiempo integró la Orquesta del Sodre. En aquellos años a los cuales hago referencia, el país vivía el tiempo de la posguerra, de tragedias y bonanzas. Escribe Benjamín Nahum: “El intranquilo mundo de la posguerra, donde reivindicaciones laborales y sociales largamente contenidas alternaban a veces con violencia”.
Era exacta la opinión de Nahum… “alternaban a veces con violencia”. Lo que nadie podía prever era que pudieran surgir actos de violencia en el ámbito de nuestro liceo.
No obstante, un suceso de carácter policial tuvo repercusiones en nuestra casa de estudios.
Todo sucedió con el motivo de una huelga de estudiantes. No se sabe cuál fue el motivo principal. Parecería que una fecha que podía coincidir con “El día de las Américas” o “El grito de Ipiranga” exigía un paro de estudiantes para darle contenido al mensaje de aquellos héroes.
En efecto, al inicio de la jornada, la mayoría de los estudiantes ubicados en la acera de enfrente al liceo pronunciaban proclamas a favor de Perón o contra Perón a favor de Getulio Vargas o contra Getulio Vargas.
Sí, se sabía, que la movilización carecía de sustento, se cuestionaba la oportunidad. Sí, trascendió que dos o tres alumnos de 4ºA bregaban por postergar la inmediatez del escrito de Matemática; que otros pretendían presenciar la práctica del jueves de Wanderers y hasta se hablaba de un asado que se comería en la Barra de Santa Lucía a bordo del tranvía E.
Lo cierto fue que al aproximarse la hora del ingreso a clase, comenzó la deserción. Pocos alumnos quedaron frente al liceo; algunos parecían abatidos, era el inicio de las primeras luchas estudiantiles o gremiales.
Uno de los más exaltados pretendió sujetar a un compañero para que no cruzara la calle. Su actitud fue observada por un agente de la Seccional 18 —que tenía su local pegado al liceo— que con autorización de un bedel (funcionario administrativo del liceo) condujo al huelguista hacia la Comisaría.
El suceso era y es irrelevante, pero trascendió por complicaciones que se iniciaron en la Seccional 18 y en otras dependencias públicas.
Todo comenzó cuando el escribiente de guardia ordenó al agente que condujera al estudiante al “fondo”. Lo ubicaron en una silla en el mismo ambiente que estaba detenido el “Punga del 128”.
Tal personaje era un conocido punguista que tenía debilidad por los pasajeros del 128 con destino a Belvedere.
En tal ocasión, al enterarse del motivo de la detención del estudiante, exclamó: “¡Está muy bien! ¡A estos hay que meterlos a todos en cana! (…) ¡Si estos estudiantes son todos comunistas!”.
El joven antes detenido dejó el ambiente en una hora, cuando el agente le comunicó que su padre dialogaba con el comisario, haciéndole saber que estaba muy molesto porque había sido destinado a un ambiente reservado a los presos comunes.
Si bien su postura fue criticada respecto a la situación de su hijo, en parte tal ciudadano compartía el criterio del conocido punga acerca de la filiación política del estudiante.
De allí, entonces, que le pareció oportuno, nunca tan oportuno, tratar de hablar con el hijo de Batlle. Con el hijo del presidente de la República. El momento era ideal; el asunto de huelga en el liceo, su hijo detenido, las huelgas de los frigoríficos, el problema del swift y relaciones diplomáticas con Argentina completarían el pedido.
De ahí, entonces, que al salir de la Seccional ingresó al liceo con la intención de hablar con Jorge. Como era presumible, las autoridades liceales no se lo permitieron.
Sí, se las ingenió para hacerlas. Para ello, aguardó la salida de las clases al mediodía, ubicándose entre los alumnos que viajaban en ómnibus o tranvías. Pacientemente esperó la aparición de los alumnos de 4ºA.
Solo tenía una duda con respecto a los pasos a dar: si Jorge, como era frecuente, caminara entre tres o cuatro compañeros por Agraciada hasta Buschental o 19 de Abril, debería imaginar otra forma para abordarlo en la vía pública.
Pero, en tal mediodía, Jorge apenas dejó el liceo cruzó Agraciada para ingresar al bar y almacén ubicado en la acera opuesta para hablar por teléfono. Alguna dificultad en las líneas telefónicas retuvo al hijo del presidente al costado del mostrador.
Fue en esas circunstancias que el padre del alumno lo pudo abordar al decirle:
—Perdón, Batlle, que lo moleste, quiero decirle, con todo respeto, que yo soy el padre de un alumno del liceo… hoy hicieron una huelga, mi hijo marchó preso, pero los muchachos son así. Pero hay un problema, Batlle… se lo digo con todo respeto… no puede ser…, que hasta los chorros saben, que en los estudiantes hay muchos comunistas… muchos zurdos.
A lo que Jorge contestó:
—Mire señor, yo le aseguro que muchas veces se lo he dicho a mi padre… más de una vez se lo he dicho, pero él, a mí, no me hace caso.
(De los archivos del Liceo Bauzá)
De los años 45 a 50
Carlos L. Mendive
CI 640.979-3