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    viernes 21 de junio de 2024

    Una agenda ambiental

    Nº 2278 - 30 de Mayo al 5 de Junio de 2024

    En pocos meses, la represa de Paso Severino —la principal reserva de agua potable para abastecer la región sur uruguaya— pasó de su cota mínima histórica a un nivel máximo. Después, la última Expoactiva de Soriano se inauguró entre el barro, a causa de una acumulación de varios días de persistentes lluvias cuando, en su edición anterior, ese predio parecía “un desierto”, según comparó un dirigente ruralista. Ahora, en varios departamentos, hay familias que debieron dejar sus hogares, inundados. Mientras, los cultivos agrícolas, que habían sufrido por la escasez hídrica desde fines de 2022 y en casi todo 2023, en algunos casos están sufriendo por el exceso de agua. Y hasta la triste situación que enfrenta hoy Río Grande del Sur nos está golpeando, indirectamente.

    El clima está cambiando y, afortunadamente, esta problemática se ha ido incorporando cada vez más en la agenda de los gobernantes mundiales, si bien quizás sin la determinación y urgencia que amerita. En Uruguay, las actuales autoridades del Ministerio de Ambiente, y también las de la cartera de Economía, han hecho foco en estos asuntos. La ministra de Economía, Azucena Arbeleche, habla sobre estos temas con frecuencia en eventos internacionales. El país ha emitido deuda a una tasa que se reduce si cumple con determinadas metas ambientales, y el Poder Ejecutivo también innovó en un sentido similar al concertar un crédito con el Banco Mundial.

    Por otro lado, la cuestión ambiental también está abriendo oportunidades de negocio, como la producción de combustibles renovables, que están siendo promovidas ya casi como una política de Estado. El hidrógeno verde parece ser un nicho que buscan aprovechar desde Uruguay grupos empresariales extranjeros, en un caso —la chilena HIF—, ya con un memorando firmado con el gobierno, pero no es la única. Son verdaderos megaproyectos, con montos de inversión previstos que superan a los de las plantas de celulosa.

    A su vez, el comercio internacional está incorporando de manera creciente la preocupación climática y, por ejemplo, la Unión Europea, con su Pacto Verde, introdujo restricciones a la entrada de productos que no sean ambientalmente sustentables, o la Inflation Reduction Act de Estados Unidos, una ley federal que tiene como objetivo frenar la inflación mediante, entre otras medidas, la reducción del déficit y la inversión en la producción de energía doméstica, al tiempo que promueve la energía limpia.

    Incluso, algunos jerarcas han planteado que Uruguay debería intentar sacar provecho de su “excelente desempeño en los tres factores —medio ambiente, social y gobernanza— en cuanto al acceso a los mercados de exportación” y ponerlo sobre la mesa en las discusiones comerciales.

    Parece claro que la cuestión climática, desde distintas áreas, se transformó en un asunto serio. Varios de los programas de gobierno que están siendo presentados en esta campaña electoral incluyen alusiones a la sustentabilidad ambiental, como informó Búsqueda en sus últimas ediciones. Es positivo que los diferentes partidos que aspiran a gobernar el país desde 2025 incorporen esta temática sin retórica. Pero, más aún, sería deseable que se lograran acuerdos interpartidarios que transformen ciertas acciones en políticas de Estado. Porque los costos económicos y sociales de no actuar en esta materia pueden ser graves y bien concretos para las actuales y las futuras generaciones. Y eso involucra a todos, no hay diferencia ideológica que valga.