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    Una boca de droga en la calle Cuareim

    Sr. Director:

    Otra sucursal del mundo “ñeri”.

    En el número 1430 de la calle Cuareim, a cuadra y media de 18 de Julio, está instalada en plena vereda una boca de droga permanente, atendida por un grupito de hombres y mujeres que se pasan hasta 16 y 18 horas al día viviendo allí, vendiendo y consumiendo droga en la vereda, practicando la mendicidad abusiva, y armando bardo de día y de noche, con griteríos y peleas entre ellos y con clientes y transeúntes.

    Estos “ñeris” realizan todas esas labores a la vista de muchos, en una zona de estudiantes y autoridades: Cuareim 1430 está a los fondos del local de la empresa Multicar, a media cuadra de la Facultad de Ingeniería de la ORT, de la Escuela Pública No 2, y del Ministerio de Relaciones Exteriores; a una cuadra del Liceo Público No 34 y a menos de tres cuadras del Centro Comunal Zonal No 1, y de la Seccional Policial 3ra.

    Nosotros vivimos en la acera de enfrente, casi puerta por puerta con la boca. Hace dos noches, mi hijo adolescente y sus amigos tuvieron que vivir una situación muy desagradable y peligrosa con estos “ñeris”. Cuando llegaban en plena noche de una salida, algunos de estos seres los apretaron para que les tiraran unas monedas. Los gurises venían pelados y se vieron presionados; uno de los “ñeris” agarró a uno de los gurises del cuello y les dijo a los demás que si las monedas no aparecían, lastimaba al muchacho. Felizmente apareció justo en ese momento un patrullero que disolvió el episodio. Esta vez zafamos. Esta vez.

    Este episodio, que no es el primero, me hizo decidirme a escribir esta nota, con la esperanza de que llegue a los ojos de alguien que tenga la capacidad de hacer algo al respecto. No pongo una denuncia en la comisaría que tengo a menos de tres cuadras porque ha sido tal el descaro de estos personajes que con los vecinos nos preguntamos sinceramente si los dueños de la boca no estarán acomodados con los policías de allí.

    Yo entiendo que hay problemas sociales profundos, que la realidad es compleja y que es difícil diseñar intervenciones eficaces, pero acá hay un conjunto de vecinos y transeúntes que aportamos con nuestros impuestos al presupuesto del Estado y que tenemos derecho a vivir en calma, sin tener que pasar por esta situación tan desagradable de forma constante y a toda hora, y sin tener que correr riesgos nuestra integridad personal. Se presenta incluso un problema con la desvalorización de las propiedades de la zona, y supongo que se presenta también una situación de negligencia y responsabilidad política, civil y penal por parte de autoridades que no cumplen su parte en nuestro contrato social.

    Grey Stanley