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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáLos habitantes de la República, y máxime aquellos que son parte de un juicio, confían en la honestidad, capacidad e imparcialidad de los decisores. Y para generar esa confianza en la sociedad, el Poder Judicial históricamente ha demandado un determinado nivel en lo que respecta a la ética, competencia y conducta de sus integrantes; no solo en el ámbito de su tribunal, sino también en el seno de la sociedad en la que conviven, y a la que sirven.
Hablando de jueces, resulta por demás evidente que los mencionados atributos son los que le transmiten confianza: a la sociedad toda, a la abogacía nacional en su conjunto y a los eventuales litigantes, a la vez que prestigian la figura del magistrado actuante, y por ende de la judicatura. Aspecto por demás caro, para un Estado de derecho que se precie de tal…
En efecto, las profesionalmente desventuradas y personalmente vulgares expresiones de la jueza especializada en Violencia de Género, Dra. Ada Siré, que hizo públicas en una red social, hablan de la carencia de atributos de la magistrada en cuestión.
Sus infelices expresiones apologizando la ideología de género vienen a confirmar el condicionamiento político de que son objeto algunos actores de la Justicia, por lo que es lógico que se genere desconfianza en la sociedad respecto a la falta de imparcialidad, ante ese tipo de causas.
La vergonzosa y connotada escena es una prueba más de la mediocridad que, desde hace ya unos años, prolifera en todos los ámbitos de nuestra sociedad. Ahora, cuando el “poco mérito” alcanza a las profesiones liberales, particularmente a aquellas que se ejercen en áreas críticas del Estado, tales como el Poder Legislativo y particularmente el Judicial, debemos preocuparnos: el gobierno por el futuro del país, y las mujeres y hombres de derecho por mantener una buena imagen institucional de nuestra profesión.
Un magistrado puede pensar todo lo que se le venga en gana, pero lo que no puede es decirlo. Es una norma elemental...
Dr. Efraín Maciel Baraibar