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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáLa columna de Fernando López D´Alessandro, titulada Argentina y Uruguay, dos naciones desde dos Estados, me pareció de un excelente nivel. Su análisis histórico de lo acontecido en ese hermano país es de una extraordinaria calidad. Personalmente, me inclino por otro título. El acuñado por Roque Saénz Peña cuando dijo que “argentinos y orientales somos una misma familia asentada sobre dos soberanías”.
No voy a incidir demasiado en el surgimiento de nuestro país como Estado independiente, contra la voluntad de nuestros próceres con la Convención Preliminar de Paz de 1828, pero, sucintamente, fundamentaré ese aserto con las siguientes consideraciones:
a) Con el pensamiento de nuestro prócer, el general José Artigas, en sus Instrucciones del año XIII y por sus reiterados y enfáticos rechazos a las diferentes propuestas de independencia que le formularon los porteños.
b) Con la declaración del cabildo de Montevideo del 29 de octubre de 1823 en que se declara que esta Provincia Oriental del Uruguay no pertenece, ni debe pertenecer, a otro poder o Estado o nación que la que componen las provincias de la antigua Unión del Río de la Plata.
c) Con la proclama de Lavalleja, efectuada en el pueblo de Soriano el 24 de abril de 1825, donde el libertador se dirige a “los argentinos-orientales” y donde afirmó que “la gran nación argentina de que sois parte, tiene sumo interés en que seáis libres”.
d)) Con la ley segunda del acta del 25 de agosto de 1825 donde se resolvió la incorporación a las Provincias del Río de la Plata y se declaró “la unión de la Provincia Oriental a las Provincias Unidas del Río de la plata… por ser la voluntad libremente manifiesta de los pueblos que la componen…”.
e) Con la nota de respuesta a la notificación del texto de la Convención Preliminar de Paz del 1º de octubre de 1828, firmada por Lavalleja, donde manifiesta que la independencia fue el tributo que se debió pagar para terminar con la guerra con el Imperio del Brasil.
No hay nada más parecido a un argentino que un uruguayo, pero no somos iguales, somos algo diferentes y ello lo afirma, con propiedad, Jorge Luis Borges cuando, en su Milonga para los orientales, dice: “El sabor de lo oriental, con estas palabras pinto; es el sabor de lo que es igual y un poco distinto”. No obstante las diferencias, estamos unidos a la gran nación argentina por vínculos fraternos indisolubles y por el hecho de que cientos de miles de uruguayos encontraron en ese país la posibilidad de desarrollar su vida sin discriminaciones de clase alguna. Basta pensar si no hubiera sido muy diferente la vida de Carlos Gardel, de Julio Sosa, de Canaro, de Constancio C. Vigil, de Natalia Oreiro y de muchísimos uruguayos más que triunfaron en Argentina si su vida hubiera estado limitada al territorio de nuestro país.
Por eso, reitero, frente al título “Argentina y Uruguay, dos naciones desde dos Estados” prefiero: “Argentinos y Orientales, una misma familia asentada sobre dos soberanías”. Hace 47 años, en ocasión de la firma del Tratado del Río de la Plata, el profesor Juan Pivel Devoto quiso denostarme, por la gestión que me cupo en la negociación de ese tratado, calificándome de “argentinófilo”. Mi respuesta fue: “¡A mucha honra!”.
Dr. Edison González Lapeyre