El mundo no acaba de digerirse la pastilla (casi un supositorio) que le administró sin anestesia el martes de la semana pasada el Pato Donald Trump.
El mundo no acaba de digerirse la pastilla (casi un supositorio) que le administró sin anestesia el martes de la semana pasada el Pato Donald Trump.
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáEl mal hablado, petulante patán multimillonario, racista, machista, soberbio personaje, que había dejado por el camino a dieciséis precandidatos republicanos, después de haber sido él mismo el campeón de los pasteleros, demócrata primero, republicano después, después otra vez demócrata pero ya que estamos, otra vez republicano. Con esas endebles credenciales, sin embargo, le dio la tal paliza a la representante del más refinado establishment washingtoniano, nada menos que la ex primera dama, ex secretaria de Estado, líder de la inclusión feminista, de la protección a los desposeídos, propulsora del derecho de los hispanos, adalid de la reforma migratoria que permitiera que todos quedaran dentro y nadie quedara afuera, así fueran los sobrinos traficantes de Maduro, las primas del Chapo Guzmán, los cuñados de Osama Bin Laden, o los chinos dueños de la tintorería donde le sacaron aquellas incómodas manchitas blancas al vestidito azul marino de la pasante Mónica Lewinski. En los Estados Unidos hay lugar para todos —proclamaba doña Hilaria, mirando con desprecio en los debates a aquel producido y lookeado dueño del jopo rubio con forma de plato volador, capaz de decir que para conquistar a las mujeres, cuando sos crack, lo único que tenés que hacer es agarrarlas de ahí, y hacerles una cosquillita.
¿Cómo un tal especimen, despreciable y arrogante, iba a poder derrotar a una política experiente, ganadora de unas internas peleadísimas, dama sensata, diplomática aguerrida, y además madre, abuela y buena esposa?
Bueno, como sea, la hizo pelota, como quedó claro.
Ni las encuestas ni las apuestas, ni los chamanes ni los rufianes, ni los cientistas ni los beisbolistas acertaron el resultado.
Ahora hay que bancarse al Pato Donald por los próximos cuatro años, y lo que sí se puede hacer, es ir apostando cuáles van a ser los más desconcertantes logros de su plan de gobierno, que, como todos recordamos, tenía como artículo primero meterla presa a doña Hilaria.
Del dicho al hecho hay más que un trecho, decían nuestros abuelos, cuando los refranes todavía eran parte de un lenguaje que hoy apenas se reconoce si logramos descifrar en los whatsapps que “X” es “por”, “Xq” es “porque”, “bss” son “besos”, y “abz” es “abrazo”.
De entrada nomás hay que aprontarse a la construcción del muro con México, del cual unos mensajes de esos que circulan por Internet dicen que Lázaro Báez habría ganado la licitación, lo cual no sería sorprendente: Dios los cría, y la Justicia los entrevera.
Para intentar meterla presa a meterla presa realmente, el Pato se va a tener que armar de instrumentos que no son fáciles de conseguir.
Pero habrá otras cositas que le van a resultar más sencillas: por ejemplo, va a poner de patitas en el aeropuerto a un millón y medio de indocumentados que tienen antecedentes penales.
Atenti al grito de los defensores de los derechos humanos de los inmigrantes, que se viene, estentóreo y reivindicativo, pero uno se pone a pensar y dice: estamos por sacar de los estadios a los violentos con prontuario, con las cámaras de reconocimento facial, prohibir la entrada a las canchas de los delincuentes procesados y/o requeridos, para que vuelva la paz al fóbal, ¿y el Pato Donald los va a dejar flotando por los 50 Estados a los criminales, delincuentes y asesinos que se le colaron como inmigrantes ilegales con su prontuario debajo del brazo? Yo qué sé, a mí no me parece una cosa tan loca, y sí me parecería absurdo transformar el melting pot en una olla de grillos con grilletes. No va a ser fácil sacarlos a todos, pero que el tipo lo va a intentar, no lo duden.
Más complicado parecería que empezara a juntar televisores Samsung, Sony, LG, celulares Huawei y Nokia, autos Toyota, Hyundai y Audi, para hacer fogatas en las plazas públicas, decretando la autorización exclusiva de aparatos marca RCA y General Electric, I-Phones solamente armados en los Estados Unidos, sin componentes extranjeros. Pero alguna fichita les va a jugar a esas desconcertantes medidas.
Y cuando se empiece a armar el gabinete, y la Secretaría de Derechos Humanos se la asignen a Rudy Kuklux Kant, los colegios empiecen a asignar salones exclusivos para los alumnos hispanos, musulmanes, afroamericanos, y la sigla “Make America Great Again” cambie por “Una cosa es Democracia, y otra es Entrevero”, ahí sí que te quiero ver.
Consciente o inconscientemente, los gringos saben lo que hicieron. Por partes casi iguales votaron dividir su país en dos mitades, los obreros desocupados del norte, blancos, protestantes y recalientes con los jueguitos diplomáticos de Washington, las guerras armadas a causa de las “armas de destrucción masiva”, el envío de más tropas para pelear contra el ISIS, que no existía cuando empezaron a sacar las tropas del Medio Oriente, la financiación de toda la OTAN con sus fondos, mientras Europa le destina sus propios fondos a recibir oleadas de inmigrantes, y por el otro lado todos los inmigrantes hispanos y musulmanes colgados de los planes de asistencia, los matrimonios plurisexuales, los baños optativos en los colegios, y otras inclusividades auspiciadas por doña Hilaria y sus demócratas recalcitrantes y grandes anfitriones.
Circula por ahí una frase de Mahatma Gandhi, que dice que cuando hay un idiota en el poder, es porque quienes lo eligieron están bien representados.
Podrá o no ser de Gandhi la frase, pero que está buena, está buena.