N° 1969 - 17 al 23 de Mayo de 2018
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáCon el Mundial de Rusia ya a la vista, la expectativa por estas horas estuvo centrada en la nómina de futbolistas, primariamente reservados, que el maestro Óscar Washington Tabárez debía presentar este martes 15, y de la que —el 4 de junio próximo— saldrán los 23 que integrarán el plantel definitivo que nos representará en ese magno torneo. Aunque, en principio, el técnico (a diferencia del resto de sus colegas, de los otros equipos sudamericanos clasificados) había decidido que esa nómina fuera secreta (según dijo, “para no generar falsas ilusiones a los futbolistas”), horas más tarde, la propia AUF decidió hacer pública la lista. Y, a partir de allí, quedó instalada en el periodismo deportivo y en la propia afición la cuestión de si tal o cual jugador debió estar o no, en esa lista de 26; o incluso quienes pueden ser los tres que queden fuera de la lista definitiva.
Aunque habrá tiempo para un análisis más profundo, si algo surge claro de la lista de reservados, es que existe un marcado recambio generacional respecto al plantel que disputó la parte inicial de las Eliminatorias; que no es producto de una concesión de Tabárez a la opinión de mucha gente del fútbol (el Maestro nunca ha sido afecto a acceder a esos reclamos), sino de su propio convencimiento de que, por diferentes razones, eso era lo que se imponía de cara al próximo Mundial. Lo que, desde ya, es algo muy positivo, pues su reticencia al respecto había sido uno de los puntos más cuestionados en su muy extensa y exitosa trayectoria al frente de las selecciones nacionales.
Es que la renovación del plantel —y el consiguiente cambio en el estilo de juego— era imprescindible; y este columnista de hoy así lo expresó en una carta que a comienzos del año pasado (ya en el tramo final de las Eliminatorias) fuera publicada en este mismo semanario. Decía, entonces, que en el medio campo de nuestra Selección, faltaba algún futbolista que aunara a su capacidad para la marca o la destrucción del fútbol adversario, la de elaborar prolijamente el fútbol ofensivo del equipo. Lo que era más de lamentar, por cuanto, a diferencia de otras épocas, nuestra Selección contaba (y cuenta) con dos delanteros —Suárez y Cavani— que están, reconocidamente, entre los mejores del mundo; y que podrían rendir aún más, si tuvieran cerca o detrás suyo a alguien bien dotado técnicamente, para hacerles llegar la pelota limpia o “bien jugada”, tal como acontece en los equipos en los que militan. Incluso, hasta me permití mencionar, al efecto, a un par de juveniles —Valverde y Bentancour— de muy promisorias aptitudes, demostradas en recientes torneos internacionales de esa categoría.
Fue, pues, una gratificante sorpresa (y un preanuncio de lo que ahora se concreta) que varios meses después —en el partido decisivo que Uruguay debió afrontar ante Paraguay, en Asunción— apareciera en la formación titular Federico Valverde, un chico de apenas 19 años, de la “cantera” aurinegra, quien se plantó en la mitad de la cancha con la prestancia de un veterano, dotándola de un fútbol claro y pulido —no exento de una aceptable dosis de marca—, siendo, además, autor del primer gol, con un preciso remate de larga distancia. Y a esa fulgurante aparición suya se fueron luego sumando las de otros juveniles, como Bentancour y Lucas Torreira, de modo que ese remozado medio campo pasó a exhibir un despliegue prolijo y atildado, muy distinto al que antes le caracterizaba.
Por ello, no puede sino aprobarse la nómina de futbolistas que ha reservado el Maestro Tabárez. Los tres goleros estaban cantados, pues son los que ha venido utilizando en los últimos tiempos. En la última defensa se advierte la ausencia de dos históricos como Jorge Fucile y Álvaro Pereira, y la fulgurante aparición del joven Guillermo Varela. En ese mismo sector, el Maestro acertó al darle cabida, últimamente, a Laxalt, de destacada actividad en el fútbol italiano, cuya polifuncionalidad puede serle muy útil. En cuanto a los atacantes, Suárez y Cavani eran números puestos y —un escalón más abajo— se mantiene Stuani, en franca racha goleadora, y aparece otro juvenil, Maxi Gómez, que en su primera incursión europea ha demostrado su valía como hombre de área. En esta misma zona, el Maestro le otorga una nueva oportunidad a Urretaviscaya, entendiendo que su velocidad y habilidad pueden constituir un complemento ideal para nuestros dos grandes goleadores. Sin embargo, y como ya se dijo, es en el medio campo donde la renovación ha sido mayor. Hay allí varios jóvenes valiosos (Nández, De Arrascaeta, Laxalt, Valverde y Bentancour); algunos titulares intocables (Vecino y Christian Rodríguez), y otros (Lodeiro, Sánchez y Ramírez), que deberán disputarse un lugar entre los finalmente elegidos. En tanto, ya no aparecen en la nómina dos titanes en la marca, como Arévalo Ríos y el Tata González.
La renovación es ostensible: quedan ocho sobrevivientes de Sudáfrica, y 14 del último Mundial de Brasil. Hay, pues, una pléyade de jugadores, con un pasado muy valioso, que hoy ya no están. Y no hay que asombrarse —ni lamentarse— por ello. Como en todos los órdenes de la vida, ya han cumplido su ciclo, y solo cabe agradecerles —a figuras de la talla de Lugano, Abreu, Scotti, Diego Pérez o Forlán, por citar a los más referentes— su invalorable aporte a la causa celeste.
Pero no se piense que solo es la juventud lo que vale, porque si hay algo que el Maestro seguramente calibrará, con su reconocida sapiencia, es la importancia que, en una justa de tamaña trascendencia, tiene la experiencia acumulada en tantas instancias decisivas, así como el equilibrio indispensable en todas las zonas del equipo. Unas recientes declaraciones de Luis Suárez han puesto las cosas en su justo lugar: tras señalar su complacencia por la inclusión de esos jóvenes mediocampistas, y por el tipo de fútbol que ellos practican, advirtió que “igual precisamos algún rasca, rasca”, o sea —en su particular modo de decir— alguien que aporte la necesaria cuota de marca y pierna fuerte, cuando la pelota no la tenga nuestro equipo, sino el rival.
Veterano de tantas batallas, y ya con tres Mundiales a cuestas, el Maestro tiene la última palabra, y el tiempo dirá si esta reclamada renovación da los resultados que todos esperamos.