N° 2038 - 19 al 25 de Setiembre de 2019
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáLa Troupe Ateniense tenía previsto un espectáculo en el Teatro Solís, pero pasaban los días y no conseguía un nuevo cantor, que quería incorporar por exigencias del guion.
Un amigo invitó a los principales del grupo —los hermanos Collazo, Soliño y Fontaina— a escuchar a “un muchacho que promete y que trabaja en el Banco de Cobranzas”. Tras un ensayo privado, donde el invitado cantó Siga el corso, lo contrataron y debutó en la obra haciendo imitaciones de Carlos Gardel.
Curiosamente, muchos dicen aún hoy —como se dijo en su tiempo— que era mejor actor que cantante. O, en todo caso, un actor que cantaba.
Sin embargo, su éxito en el tango tuvo mucho que ver con un expresivo estilo, de voz pastosa y muy afinada, que terminó abriéndole las puertas de sellos discográficos, teatros y, finalmente, del cine, donde brilló con luz propia.
Alberto Vila —nacido en Montevideo en 1903 y fallecido en la misma ciudad en 1981— debutó en la Troupe a los 24 años. Fue tal su éxito que tres meses más tarde lo contrató en Buenos Aires la RCA Victor para grabar tangos y presentarse en distintos escenarios. Su primer disco fue el vals Ensueño, de Manzi y Sureda, al que siguieron obras, propias o compartidas, de autores compatriotas: Perdónala (Soliño, Fontaina y Agnese), Niño bien (Soliño, Fontaina y Collazo) y el tema que lo catapultó definitivamente a la fama, Che papusa, oí, tango que surgió porque los atenienses le pidieron uno especial a Matos Rodríguez, quien eligió ese, recién compuesto con Enrique Cadícamo.
Entre los aportes de Vila como cantor hay que destacar que fue el primero en grabar Garufa, cuyo explosivo éxito inmediato hizo que lo cantara hasta Carmen Miranda.
Pero también es verdad lo de su calidad actoral.
Si bien hizo pie con su voz a través de la radio y con sus presentaciones teatrales, tenía pinta de galán y se movía con gran naturalidad en el escenario y en los diálogos.
No obstante, antes de aparecer en la pantalla “tomó viento en la camiseta”, al decir vulgar, dejó su trabajo fijo y proyectó una gira por Europa, tal vez en un giro demasiado audaz. Tuvo suerte. Radio Prieto de Argentina le ofreció un ventajoso contrato, compartido con teatros y un par de empresas cinematográficas, y todo cambió.
Durante la década de 1930 fue uno de los más destacados galanes, lo que se expuso en filmes como Radio Bar, Soltero soy feliz (olvidada película hecha en Uruguay), Adiós, pampa mía, con Alberto Castillo, Mañana me suicido, con Amanda Ledesma, La casa del recuerdo, con Libertad Lamarque, Retazos, Confesión, Cuatro corazones y varias más.
Hasta que se radicó en Buenos Aires, luego de montar en teatro la obra En la tranquera, junto a Azucena Maizani y Oscar Alonso, viajó con intensidad entre ambas capitales del Plata, presentándose en distinguidos escenarios y con frecuentes giras por el interior de los dos países.
Es curioso y triste a la vez: Alberto Vila no es recordado como merece su calidad de actor y cantante. Quizás las crueldades de la vida rápida y del olvido.
En el tango, nadie que guste de esta música, debería olvidar sus versiones de El trovero, En voz baja, Milonga, Agua florida, Mamá, yo quiero un novio, A vos pueblo, No me dejes, Chiquita, De regreso, Esta noche me emborracho, Mediodía y Rey de copas, entre otras y además de las antes mencionadas, que los entendidos consideran de alto valor y personalísimo estilo, al que solo unos pocos se han arriesgado a emparentar con Hugo del Carril.
Por razones que nunca explicó, Vila se retiró de la vida artística a mediados de la década de 1950, en plena madurez, cuando todavía mucho se esperaba de él.
Falleció en Montevideo, donde se hallaba rodeado de toda su familia, a los 77 años, a raíz de un síncope cardíaco.
Hombre intenso, de itinerante y variada vida artística como pocas, valen la pena, en el final, dos aspectos posiblemente contradictorios.
El historiador Héctor Mario Benedetti sostiene que nadie cantó como Vila Mediodía (de Buzón y Flores) ni Rey de copas (de Frontera y Aguilar), versiones que considera “joyitas”.
En cine, fuera de sus éxitos, tuvo el dudoso privilegio de actuar junto a Maureen O’Hara, en un filme hecho en Estados Unidos —They met in Argentine, traducido al español como Sucedió en Argentina—, el cual, por ser calificado “como el peor sobre el ambiente sudamericano”, no se estrenó en Montevideo ni en Buenos Aires.