La semana entre el 1º y el 8 de enero fue una agresión ecológica y psicológica para Rocha.
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáPara sus pájaros, pastos, sapos… Y para humanos comunes y corrientes, trabajadores que se levantan al alba a amasar el pan, o trabajadores que en enero, tras un año arduo, tenían el hábito de mirar el mar, sentir al dormir el ruido de las olas, o simplemente, echarse en la hamaca paraguaya a leer un libro.
Los balnearios de Rocha fueron invadidos por una auténtica asonada: nubes de gente llegaron en sus estruendosos autos, con sus estruendosos parlantes chillando cumbia, con sus estruendosas conversaciones sobre “minas”.
Y trajeron mugre. Alquilaron las casas diciendo que eran tres amigos, luego en verdad metieron un mínimo de diez. Diez personas por casa son varias bolsas de basura diarias.
Y esta gente no cocina, sino que vive de comida de bolsa y de botella de plástico. Por los campos de Rocha volaban bolsas blancas y multicolores, envases de galletitas, de papitas, de refrescos, que demorarán décadas en desintegrarse.
¡Y las botellas! ¿Cómo es posible que esas breves siluetas veinteañeras tomen tantos litros de cerveza y permanezcan sin panza? Creo que es una situación muy transitoria. Esta gente que toma tanto pero tanto alcohol y que come tanto pero tanto snack va a ser obesa, fea, enferma. Los años no vendrán solos. Y tendremos que pagar su “vida loca” con un aumento desmesurado de camas en los hospitales, de colas en las farmacias de la sociedad, de miles de licencias por enfermedad en los trabajos.
¿Y la mugre colectiva? Me pregunto cuánto afectará a la salud de un país que la basura, los montes de basura formados por este modus vivendi, conviva entre nosotros, se vuelva tan normal como un árbol de Rocha, y que incluso ocupe su lugar.
El balneario en el que estoy tiene un camino principal, de tierra y pedregullo. Por allí caminan cansinamente los que van al almacén o a la playa, pero también los autos de personas aceleradas que vuelven en la mañana muy excitadas después del baile.
Es esa calle principal la que luce las torres del verano. No son exactamente torres de guardavidas. Son montículos de bolsas de basura. Basura que está allí como regalo de Reyes, basura que el domingo duerme la siesta porque ese día no se trabaja, es el día del Señor.
La intendencia ha colocado ¡en un balneario que se tupe! en la calle principal —de unas diez cuadras— cuatro pequeños contenedores. Las bolsas cuadriplican su tamaño, se izan verticalmente, pero también forman un círculo de magia negra a su alrededor. Mugre, mugre, mugre.
Basura podrida. Basura de plástico. Los cansinos camiones municipales hacen la recolección de vez en cuando. (¿Cuándo?)
El intendente que defiende los boliches y que está dispuesto a ir preso antes que cerrarlos no tiene la misma pasión para recoger la basura.
Para él, un boliche abierto beneficia más al turismo que una buena recolección de basura.
Extraña ideología. Ni política ni jurídica.
Son tiempos de Uruguay Natural.