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    Uruguay avanza en el Mundial, y muestra dos caras de un mismo país

    Río de Janeiro (Gerardo Lissardy, corresponsal para América Latina). El Mundial Brasil 2014 todavía está en su primera mitad, pero ya regaló dos imágenes que quedarán grabadas en la memoria de los uruguayos y de millones en todo el planeta. La primera es Luis Suárez marcando su segundo gol en el partido en que Uruguay venció 2-1 a Inglaterra, con un remate furioso apenas 28 días después de haber sido operado de meniscos, exhausto y acalambrado el jueves 19. La segunda es el mismo Luis Suárez cinco días más tarde, tomándose los dientes tras caer en el área rival con el defensor italiano Giorgio Chiellini, que acusó un mordisco del artillero celeste. Muchos en todo el mundo se preguntan si es posible que un futbolista profesional tan talentoso haya vuelto a incurrir en una conducta antideportiva que le puede costar una larga suspensión. Sin embargo, hay otra pregunta más profunda para responder: ¿qué dicen esas dos imágenes sobre el Uruguay en general?

    Suele comentarse que el fútbol a veces refleja la idiosincrasia de un pueblo, en la cancha y las tribunas. Eso podría señalarse por ejemplo del comportamiento de aficionados japoneses limpiando las gradas del estadio Arena Pernambuco tras el debut de su país en esta Copa. O de los grupos de hinchas argentinos y chilenos invadiendo el Maracaná para ver a sus selecciones sin pagar entrada. Y lo mismo pudo argumentarse en el pasado sobre el gol con la mano de Diego Maradona en México 1986 o la “huelga” de futbolistas franceses en Sudáfrica 2010. Son actitudes y gestos que parecen ir más allá de quien los protagoniza y dan pistas sobre formas de actuar de una sociedad. 

    El problema de esto es que las dos imágenes de Suárez parecen proyectar mensajes opuestos. Por un lado el de un hombre talentoso y dispuesto a dar lo máximo de sí físicamente para su equipo, aunque eso implique dolor y riesgos. Por otro, el de un individuo agresivo, resuelto a saltarse las reglas disciplinarias y la ética deportiva con tal de alcanzar un resultado. 

    Dirigiendo su tercer Mundial al frente de Uruguay, el técnico Oscar Tabárez sabe que sus futbolistas representan a un país y por eso hace años que ha puesto un especial énfasis en el cuidado de la imagen y conducta del plantel. El comportamiento ejemplar de los celestes en Sudáfrica 2010, sumado al espíritu de lucha y sacrificio con que alcanzaron el cuarto puesto en ese Mundial, permitió a los uruguayos recuperar el orgullo por su selección, que venía bastante magullado. Y ese temple combativo volvió a aflorar la semana pasada en el emocionante triunfo contra Inglaterra y el martes con la victoria por 1-0 frente a Italia. Después de 44 años, Uruguay volvió a ganarle a europeos en una Copa del Mundo, y lo hizo nada menos que eliminando a dos ex campeones. 

    “La selección uruguaya te hace sentir grande en el mundo. Somos un país pequeño, pero te hace sentir grande. Es muy fuerte”, dijo Gustavo Genoli, un contador uruguayo que alienta a la Celeste en Brasil, tras el partido del martes en Natal. 

    Sin embargo, el gran triunfo de Uruguay frente a Italia y la clasificación a octavos de final de la Copa se vio empañada por el incidente entre Suárez y Chiellini, que ocupó espacios destacados en la prensa internacional y desencadenó una serie de comentarios de respaldo al jugador por parte de Tabárez, otros futbolistas y hasta el presidente José Mujica.

    “Moralidad barata”

    Lo que ocurrió exactamente entre el artillero uruguayo y el defensa italiano es motivo de polémica. Ni el árbitro mexicano Marco Rodríguez ni sus asistentes percibieron infracción alguna, pero Chiellini de inmediato mostró una supuesta marca de los dientes de Suárez sobre su hombro derecho y al final del partido declaró a la televisión de su país que el uruguayo lo había “mordido” y debió haber sido expulsado. Horas después, la FIFA abrió de oficio un procedimiento disciplinario para determinar si corresponde aplicar algún tipo de sanción al jugador del Liverpool, que tiene antecedentes de suspensiones por clavar su dentadura a rivales jugando a nivel de clubes en Inglaterra el año pasado y en Holanda en 2010. Al cierre de esta publicación aún se aguardaba un anuncio.

    Las imágenes de TV y fotografías del incidente, así como el hecho de que Suárez se haya tomado los dientes en gesto de dolor inmediato, parecen corroborar que hubo un contacto de la boca del goleador con el hombro de Chiellini. Suárez declaró al salir del estadio que el italiano lo “pechó con el hombro” en una de esas “situaciones que pasan dentro de la cancha”. Pero en los vídeos se ve que el uruguayo venía forcejeando con su rival sobre la espalda de éste y de pronto acerca su cara al hombro del zaguero, que reacciona lanzando un codazo a Suárez antes de caer. 

    En la conferencia de prensa posterior al partido, Tabárez negó haber visto la escena, pero al ser interrogado nuevamente por un periodista británico se molestó y sostuvo que “hay una animosidad evidente” contra Suárez, sobre todo de la prensa inglesa. “Si vemos que se le ataca, como ya se comenzó a hacer ahora en esta conferencia de prensa, veremos cómo defenderlo”, dijo el técnico uruguayo. “Esto es un Mundial de fútbol, no de moralidad barata”.

    Otro que defendió al futbolista fue Diego Lugano, habitual capitán de la selección uruguaya que el martes se recuperaba de una lesión y fue suplente. “Vimos la foto de Chiellini y esa cicatriz es vieja. Hay que ser muy estúpido para imaginar que esa cicatriz es de ahora”, indicó. “Si Chiellini habló eso después que terminó el partido, terminó con todos los códigos de vestuario de un futbolista. Nunca imaginé que un italiano a ese nivel pueda ser tan alcahuete fuera del campo”.

    En una línea similar opinó Mujica, quien ayer miércoles dijo en Florida que existe una “campaña” contra Suárez. “Yo no vi que Luis Suárez haya mordido a nadie”, sostuvo el presidente citado en la cuenta de Twitter del diario Sur.  

    En un escrito de defensa de Suárez presentado a la FIFA ayer miércoles, las autoridades de la Asociación Uruguaya de Fútbol (AUF) negaron que haya existido mordida alguna.

    Todo esto contrastó con buena parte de los comentarios que surgieron en la prensa extranjera y en las redes sociales, que dieron por hecho que Suárez volvió a morder a un rival. Pero también chocó con la opinión de Alcides Ghiggia, el autor del gol del “Maracanazo” de 1950, que dio la última copa mundial a Uruguay. “Creo que una amonestación podría ser (aplicada) porque es insólito, no es la primera vez que sucede eso. No sé este muchacho qué piensa y qué tiene en la cabeza”, declaró Ghiggia a la agencia de noticias Reuters. “Sea uruguayo o sea de otra nacionalidad, siempre hay que reprochar esas cosas en un campo de juego, no es una guerra esto”.

    Quizá tal diferencia de opiniones se deba a que el fútbol es y siempre será un deporte polémico. Tal vez algunos medios extranjeros le han dado mayor difusión al asunto por tratarse de Suárez, uno de los grandes delanteros del mundo. Pero también parece posible que en Uruguay se esté arropando a su principal futbolista por mero afán competitivo, exhibiendo así una cara diferente a la que Tabárez reivindicó en los últimos años. 

    “Uruguay ha tratado de limpiar una imagen y este tipo de cosas la jode”, decía Álvaro Amato, un uruguayo que emigró en 1986 a Estados Unidos y viajó a Brasil para seguir a la Celeste. Pese a todo, él y decenas de uruguayos más celebraban alegres el trabajoso triunfo ante Italia el martes a la noche en un bar de Natal.