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    Uruguay dejará de crecer y de mejorar sus niveles de equidad si no se revierte el deterioro en la educación con más inversión

    Según el decano de la Facultad de Ciencias Económicas y de Administración, Rodrigo Arim

    Tiene el diagnóstico claro: la educación pública está estancada pensando en el largo plazo y hay una pérdida de posiciones con respecto al resto de los países que hace indudable esa conclusión. El porqué, a su entender, también parece inapelable: la educación no fue la prioridad de ningún gobierno uruguayo durante mucho tiempo.

    El decano de la Facultad de Ciencias Económicas y de Administración de la Universidad de la República (Udelar), Rodrigo Arim, piensa que si Uruguay pretende mantenerse creciendo a la vez que disminuye la desigualdad, debe aspirar como “objetivos simultáneos y urgentes” a que todos los jóvenes uruguayos terminen el liceo y que la mitad alcancen formación terciaria.

    A continuación un resumen de la entrevista que el economista mantuvo con Búsqueda.

    –¿Qué rol tiene la educación en el crecimiento económico de Uruguay en los próximos años y más a futuro?

    –La educación es uno de los determinantes más importantes de los procesos de crecimiento. Importa para el crecimiento, pero también guarda proporcionalidad con otros determinantes, como la inversión en capital físico o en tecnología, que no es ajena al capital humano.

    Esa importancia, cuando uno la contextualiza en Uruguay, encuentra un problema serio. Uruguay es un país que supo ser educado en el contexto latinoamericano, de avanzada, pero ha perdido lugares en forma sistemática desde la mitad del siglo XX hasta hoy. La educación pública perdió lugar en términos de priorización y de diseño, no generó nuevos mecanismos de adaptación a un mundo cambiante y una sociedad que se transforma.

    Uruguay llega a la crisis del 2002 sin haber procesado cambios profundos en el sistema educativo. El tema de la asignación de recursos en realidad es una emergente de esta situación, porque, de hecho, el país también perdió lugares en cualquier comparación internacional en términos de cuánto invierte en educación. Ese nivel de inversión o de subinversión se revierte muy parcialmente luego de aquella crisis, cuando se comienza a priorizar la educación y se da el famoso debate del 4,5% (del Producto Bruto Interno). No obstante, sigue habiendo problemas sistémicos; estamos invirtiendo poco pero los resultados educativos igual son malos; el país está relativamente estancado en términos de formación formal a largo plazo.

    Entonces, ¿cómo se mira el fenómeno educativo? La educación va a ser una restricción importante si no logramos revertir esa tendencia a largo plazo. En un país demográficamente estancado, los sectores económicos que pretendan seguir creciendo no van a contar con los recursos humanos suficientes y calificados para sostener esa expansión.

    –¿A qué se debe ese estancamiento educativo?

    –De la misma manera que Uruguay tenía —y sigue teniendo— un problema con la baja tasa de inversión en capital físico, ocurre lo mismo con la inversión en capital humano. Si Uruguay quiere seguir creciendo va a tener que aumentar la inversión en capital físico y humano, y en eso es central el papel de la enseñanza pública.

    Uruguay tiene un problema en la forma del debate sobre el sistema educativo; se parece a una crónica roja. Esperemos que ahora que pasaron las elecciones podamos recentrar algunos aspectos de debate; es clave eliminar cualquier visión autocomplaciente respecto al tema.

    Pero también hay una cuestión a evaluar correctamente: lo que se tiene que construir es un sistema de monitoreo que permita capturar y medir los avances, sabiendo que la tasa de egresos no va a aumentar en forma espontánea porque se aumenten los recursos.

    La innovación también es un elemento central, y deberíamos ser cuidadosos en no castigarnos socialmente; cuando uno se equivoca inmediatamente tiene un juicio social y político relativo. Esto no quiere decir no controlar, quiere decir aceptar que hay un desafío. El país, por ejemplo, construyó un desafío como el Plan Ceibal, que es una apuesta. Una apuesta razonable que se funda técnicamente en diagnósticos adecuados y evaluaciones internacionales que toman las mejores prácticas.

    Una de las cosas claramente positivas, fruto del debate electoral, tiene que ver con que todos los partidos dicen que se tiene que invertir más en educación.

    –¿Cuáles son los riesgos en caso de no tomar medidas?

    –Uno es que el sistema educativo se segregue, se vuelva heterogéneo, donde haya un núcleo de alta calidad y otro de baja calidad, donde algunos sectores acceden solamente a uno de dichos núcleos.

    Universalizar el nivel secundario y generalizar el nivel terciario son objetivos simultáneos y urgentes para el Uruguay. Esos dos logros serían necesarios para un nivel de crecimiento importante hacia el futuro, que a su vez sea acompañado con una disminución de los niveles de desigualdad.

    En esto tenemos dos o tres datos. Uruguay es un país en el que todavía en promedio el nivel de educación es mayor que el de Brasil. Pero si se observan solo los jóvenes, no están en la misma situación de Brasil, el porcentaje que termina el secundario es algo mayor y están accediendo más a la educación terciaria. Por lo tanto, si uno proyecta la dinámica de educación en Brasil, en 50 años, cuando quienes estamos tomando decisiones hoy ya no estemos, va a superarnos.

    Si nos comparamos con países que tienen un enorme desarrollo, por ejemplo Corea del Sur, los coreanos que hoy tienen 60 y 65 años no tienen un nivel educativo muy distinto a los uruguayos de esa misma edad; el 12% terminó la educación terciaria. Entre los coreanos de 30 a 35 años cerca del 70% lo hicieron, mientras entre los uruguayos de la misma edad no llegan al 20%. La brecha en las generaciones más jóvenes es brutal.

    Si no logramos que los jóvenes accedan de manera más equitativa a la educación se van a deteriorar las mejoras en igualdad que hemos obtenido en los últimos años. Es un costo complejo de administrar, una limitante para el crecimiento y para que las personas puedan desarrollar una vida digna que valga la pena ser vivida, como diría Amartya Sen.

    ¿Cuáles son los roles de los niveles de educación en el crecimiento económico? ¿Qué papel juega la Universidad?

    –Hace 200 años ser alfabeto era pertenecer al grupo de personas con alto nivel de formación, y hoy claramente eso no alcanza. Hay una dimensión histórica que hay que comprender: si Uruguay quiere parecerse a los países a los que les va mejor, la culminación de educación secundaria es condición sine qua non. Quien no termina va a pertenecer a un espacio de vulnerabilidad, o sea que su ciclo de vida en el mercado de trabajo va a estar comprometido.

    Que los jóvenes en Uruguay terminen educación secundaria es un desafío urgente que no se va a concretar en dos o tres años, pero deberíamos poder, al cabo de una década, decir que casi el 100% termina secundaria.

    La educación terciaria en el mundo desarrollado se ha generalizado y más del 50% de las personas que pertenecen a cierta generación terminan ese nivel. Por lo tanto, ya no es una posición de élite, es una educación que caracterizará a la mayor parte de la población en las próximas décadas.

    Ahí la Udelar tiene un lugar clave; es el único organismo que tiene establecido como cometido básico la organización de la educación terciaria en el país.

    Debemos como universidad establecer una propuesta, un diseño institucional, para llegar a un objetivo que es ineludible: que al cabo de 10 o 15 años Uruguay haya generalizado el acceso y la culminación del ciclo terciario.

    En la Universidad están ingresando cerca de 14.000 jóvenes, en términos netos, por año. Se debe poder albergar y contener a esa cantidad de estudiantes.

    En realidad, Uruguay no tiene muchos profesionales universitarios, tiene pocos para un país que pretende seguir creciendo y desarrollándose en los próximos años. A veces en la discusión se dice que la universidad está muy masificada y parece llevarnos a la conclusión de que existen estudiantes universitarios en demasía para la necesidad del país. Eso es falso.

    –¿Cómo se relacionan las demandas de personal por parte de las empresas con la formación terciaria?

    –Si la educación a nivel terciario simplemente actuara respondiendo a las demandas del sistema productivo puede darse la paradoja de que terminemos por no generar nuevas formaciones que permitan diversificar en términos productivos al país. No creo que el esfuerzo deba hacerse en forma reactiva a las demandas que vienen del medio, pero tampoco pueden ignorarse. La Udelar está en 2014 en vías de abrir inscripciones a la primera carrera de Ingeniería Forestal del país.

    La universidad tiene que tener una mirada global, tiene que lograr una formación en todas las áreas del conocimiento que hacen a la vida social. Todas. ¿O acaso la cultura no tiene que ver con la formación en letras, en humanidades, en artes? Por supuesto que eso es parte de la vida de la sociedad.

    ¿Cómo se pueden aplicar modelos exitosos de otros países a Uruguay? ¿Es necesario diseñar un sistema propio?

    –No hay modelos educativos únicos, ni generan exactamente los mismos resultados. Por ejemplo, en el caso de Finlandia el sistema educativo desde preescolar hasta nivel terciario es preponderantemente público; en Corea del Sur es fundamentalmente privado. Ambos tienen buenos resultados.

    Sin embargo, todos tienen algunas características en común y una de las principales es el reconocimiento social del rol de los equipos docentes. Por ejemplo, en Uruguay el salario promedio de un docente representa menos de un 80% del ingreso medio per cápita del país, mientras que en Finlandia es más del 150%. Es un indicador de cuál es el grado de apreciación social que se le da a la función.

    Uruguay tiene un alto aprecio social por la educación pública, lo cual es un valor que hay que explotar y sobre todo trabajar. Pero hay que lograr construir no en consensos, porque en la vida institucional y social los consensos no existen, lo que existe son conflictos que están bien o mal administrados. Cuando uno busca consensos planos probablemente genere una situación de bloqueo que se autoperpetúe.

    Economía
    2014-12-11T00:00:00

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