“Encantada de conversar con el presidente Mujica en su casa, inspiración y apoyo a nuestra Iberoamérica”, tuiteó la nueva secretaria general Iberoamericana, la costarricense Rebeca Grynspan, junto a una foto en la que se puede ver a ambos conversando con las manos tomadas. Es que la sucesora del uruguayo Enrique Iglesias al frente de la Secretaría General Iberoamericana (Segib) —asumió el cargo el pasado 1º de abril— es una gran entusiasta del presidente uruguayo, y ansiaba reunirse con él durante su visita al país.
—La Iberoamericana ha hecho cosas extraordinarias en todos estos años, pero hay dos que me he propuesto realizar. Primero, hay que hacer una renovación de la institución. América Latina es distinta a como era hace 23 años, es una región que ha progresado mucho, que ha crecido, ha logrado disminuir la pobreza, es la única región del mundo que ha logrado disminuir la desigualdad, y por tanto está hoy en un lugar distinto. La relación con la Península Ibérica es más simétrica y horizontal. Lo segundo es que hay más instituciones en América Latina de integración. Cuando nació la Iberoamericana solo estábamos nosotros. Hoy está la Celac, la Unasur, etc. Entonces hay que buscar las complementariedades en esta institucionalidad más diversa que tiene la región.
—¿Qué áreas de trabajo son prioritarias para la Segib?
—Cultura, educación, ciencia y tecnología. El tema cultural es el tema propio de la Iberoamericana; nuestros programas más exitosos están en esa área. En educación con la movilidad educativa, de profesores, de intercambio de alumnos, ligado al tema de ciencia y tecnología con las redes de educación superior y de educación terciaria e investigación. Otro tema es fortalecer el sistema iberoamericano. Tenemos cuatro instituciones: de seguridad social, de justicia, de juventud y de educación y cultura. Tenemos que poder buscar muchas más sinergias, una acción más común y conjunta del sistema. Y también cómo valorizar el espacio empresarial que se ha creado alrededor de la Iberoamericana, ver cómo incluimos a las pequeñas y medianas empresas.
—Mencionó que la relación con la Península Ibérica es más simétrica. ¿Cómo puede aprovechar América Latina esa mayor igualdad?
—En primer lugar creo que Iberoamérica debería proyectarse más al mundo, pensarse hacia afuera y no solo hacia adentro. Hay mucho que enseñar de lo que nosotros hemos hecho, y en la globalización la comunidad iberoamericana tiene mucho que hacer en términos de su posicionamiento. Esta es una región que ha mostrado enorme progreso, y lo ha hecho en áreas donde el resto del mundo sigue batallando, como en los temas de pobreza y desigualdad. Falta mucho por recorrer pero es una región que se ha comprometido con ese tema. En el tema de género, con todas las desigualdades que seguimos teniendo, la región definitivamente ha hecho avances.
—¿Cree que la región está más integrada que años atrás?
—Creo que sí. Los de mi generación hemos visto una Latinoamérica partida, al igual que España y Portugal, que salieron de regímenes dictatoriales. Hemos avanzado enormemente. No tengo ninguna duda de que hoy estamos en un momento mucho más positivo y con mucha mayor relación entre nosotros que lo que mi generación vio 30 años atrás. Eso no significa que no haya una gran diversidad de sistemas políticos, económicos y sociales. Latinoamérica no es una sola.
—¿A qué se debe esa mayor integración?
—Hay un fenómeno que no es solo latinoamericano. En este mundo globalizado se ha dado al mismo tiempo el aumento de la interdependencia con un aumento de la necesidad de fortalecer las identidades regionales. Los países han buscado una identidad regional para poder relacionarse mejor con el mundo. América Latina también es producto de eso. Espero que este fortalecimiento sea en el sentido de construir identidades incluyentes y no excluyentes. Me parece que la clave en el mundo de hoy es que esa identidad nos permita tender puentes hacia los demás, no aislarnos. Aquellos países o regiones que construyan identidades que los alejen estarán perdiendo el sentir del siglo XXI.
—¿Está América Latina mejor preparada para vincularse a otras grandes potencias, con las que históricamente tuvo una relación más desigual?
—Sí, no tengo duda. Creo que lo estamos viendo en la realidad. No es que hemos resuelto todos los problemas, no los ha resuelto nadie. Europa y EEUU vivieron una crisis financiera tremenda, pero Latinoamérica mostró una mayor fortaleza para enfrentar eso que en el pasado. Estamos más preparados para jugar en este mundo multipolar.
—¿Cómo observa el posicionamiento de Uruguay en el mundo?
—Veo muy bien a Uruguay. Ahora el Banco Mundial lo ha catalogado como un país de ingreso alto. Pero tenemos que acostumbrarnos a que estamos entrando a un mundo donde inclusive las economías de ingreso alto son economías en desarrollo. Ese es un mundo muy distinto al del pasado. Hoy las economías más grandes del mundo son al mismo tiempo países en desarrollo; China es el ejemplo típico, pero India lo será también. Tienen que enfrentar una doble agenda. Creo que a Uruguay le está pasando lo mismo. Tiene la fortaleza de ser un país estable, con instituciones muy fuertes, con una ciudadanía que participa del devenir social y político del país, con fortalezas en la educación, etc. Pero al mismo tiempo tiene que enfrentar todavía los rezagos del mundo en desarrollo: la pobreza, el desafío de crecer con equidad. Cada vez más el PBI per cápita no nos dice mucho de la realidad que viven los países.
—¿Qué desafíos tiene Uruguay ante ese crecimiento?
—Uruguay en América Latina es un ejemplo. Han logrado crecer con equidad. Pero esa tarea no está terminada. La amenaza de crecer con desigualdad y sin generar progreso para todos es constante en el mundo globalizado de hoy. Tiene que seguir combatiendo las desigualdades que todavía existen. Muchas de las inequidades no son ya verticales, hay muchas desigualdades horizontales, entre grupos, como la inequidad de género. Uruguay sigue teniendo una participación política muy reducida de las mujeres comparado con otros países de la región. Está en un lugar inmejorable en términos de la región, es un país al que volvemos a ver todos buscando respuestas y soluciones, pero no significa que la tarea está terminada.
—¿Cree que la fama internacional que ha adquirido el presidente Mujica es algo de lo que Uruguay puede beneficiarse?
—Absolutamente. Es muy impresionante el liderazgo que el presidente ha logrado ejercer. Para darle un ejemplo: tuvo una intervención en la toma de posesión de (la presidenta de Chile Michelle) Bachelet, y yo recibí no sé cuántos correos enviándome la intervención de Mujica. Increíble. Él representa unos valores y un símbolo que se ha convertido en una cosa muy importante y muy inspiradora.
—¿Por qué cree que logra tanta llegada en la gente?
—Él representa lo mejor de la humanidad. Cuando usted ha pasado por lo que él pasó y puede hablarle a la sociedad haciendo una reflexión sobre ello, pero sin resentimiento y sin odio… A ustedes les puede parecer que es normal, pero tenemos pocos ejemplos de ello en el mundo. Tenemos divisiones en muchos países, que se han construido en el antagonismo, en el odio, son lugares donde hoy hay mucho sufrimiento. Entonces de alguna manera él representa lo mejor a lo que uno podría aspirar.
—Mujica ha intentado tener un rol conciliador en ciertos conflictos de la región. ¿Cree que los países deberían aprovechar su intervención como mediador?
—Es muy difícil decirlo en abstracto. Si yo tuviera un conflicto, querría a una persona como él. Porque estoy segura de que tendrá el balance necesario para poder intervenir. Pero en los conflictos usted necesita que se lo pidan de los dos lados. Aunque no me cabe ninguna duda de que una persona como Mujica será siempre una persona en la que uno pensaría para mediar en temas espinosos.
—¿Cómo juzga la estabilidad democrática en Latinoamérica?
—Creo que estamos en un lugar mucho mejor que en el pasado. Yo, que vengo de un país tan democrático como Costa Rica, soy consciente de que la democracia siempre hay que cuidarla. No se trata de abandonarla o darla por sentada. Sabemos de países que han retrocedido en el pasado; por lo tanto, yo no doy nada por sentado.
—¿Qué cuentas pendientes tiene la región?
—Tenemos que hacer mucho más en el tema indígena y afrodescendiente. Siguen siendo poblaciones que muestran rezagos muy grandes con respecto a los promedios de la sociedad. Hay que seguir en el tema de equidad de género; en el mercado de trabajo seguimos teniendo gran discriminación. Y la calidad de los servicios. Hemos avanzado mucho en el acceso a la educación, a la salud, pero la calidad es una demanda de las nuevas clases medias de la región, de los jóvenes. La mejora educativa, de la calidad de la salud y de la calidad de la vida urbana van a ser temas muy importantes, no solo en América Latina sino también en la Península Ibérica.
—¿Qué opina de la legalización de la marihuana?
—Me parece que las cosas más interesantes en ese tema están pasando en América Latina, y Uruguay es un pivote muy importante. Estamos todos mirando a ver qué pasa en el país. Ninguno de nosotros cree que estamos ganando en la guerra contra las drogas. Vemos un deterioro de nuestras sociedades por el crimen organizado. Así que vemos a Uruguay con esperanza, en el sentido de ver si un abordaje distinto nos puede llevar a mejor puerto. Ojalá que les vaya bien.