A comienzos del siglo XX las mujeres uruguayas estaban a la vanguardia de la región. En 1913 consiguieron el derecho a divorciarse por su sola voluntad y en 1927 inauguraron el voto femenino en América Latina.
A comienzos del siglo XX las mujeres uruguayas estaban a la vanguardia de la región. En 1913 consiguieron el derecho a divorciarse por su sola voluntad y en 1927 inauguraron el voto femenino en América Latina.
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáSin embargo, varias décadas más tarde el país tiene una de las “brechas de género” más amplias del continente, en particular por las diferencias entre hombres y mujeres en el terreno político y el económico.
En el informe 2014 del Foro Económico Mundial sobre brecha de género, Uruguay se ubica en el puesto 82 entre 142 países.
El índice Global de Brecha de Género, que considera cuatro áreas —salud, educación, participación económica y empoderamiento político— asigna a Uruguay un puntaje de 0,687 (el valor 1 equivale a equidad y el 0 a inequidad).
El acceso a la salud y la educación son prácticamente equitativos en Uruguay. En ambas áreas obtiene un puntaje cercano al 1. Sin embargo, en el campo político y en el económico aparecen los problemas.
Lo que explica el mal posicionamiento de Uruguay “es la dimensión asociada a la toma de decisiones”, explicó a Búsqueda la doctora en Sociología Karina Batthyany, profesora agregada de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de la República. “En eso tenemos un pésimo desempeño”, afirmó.
Señaló que Uruguay “hace punta” en el impulso de políticas orientadas a reducir la inequidad y tiene mejores tasas de actividad laboral femenina que muchos países latinoamericanos. ¿Por qué entonces el índice lo ubica entre los peores? La explicación está en las diferencias en “la política y el mercado de trabajo”.
“Siempre que se toman indicadores sobre la participación política de las mujeres, Uruguay queda mal posicionado” porque “hay una desigualdad tremenda”, afirmó.
“Ahí tenemos un déficit que nos ubica junto a los países que están en las peores situaciones” en términos de equidad de género.
En el indicador sobre participación política, que mide la cantidad de mujeres en el Parlamento y en cargos ministeriales, y la cantidad de años con una mujer jefa de Estado, Uruguay ocupa el puesto 112 de 142 países, con 0,088 puntos.
Pero el desequilibrio no está solo en el Parlamento. Según un estudio del Sistema de Información de Género del Ministerio de Desarrollo Social, aunque las mujeres son el 52% de la población “no llegan al 18%” de participación en las posiciones de decisión —políticas, empresariales, sindicales y otras—, ilustró la docente.
Según el índice, Uruguay se ubica en el puesto 59 en participación económica, y obtiene 0.684 puntos.
En este campo hay dos indicadores en los que el país saca mala nota: equidad salarial e ingreso promedio de hombres y mujeres. En equidad salarial, Uruguay salta a la posición 118 a escala global. Respecto al ingreso promedio estimado (medido en paridad de poder adquisitivo, PPP) Uruguay se ubica en la posición 88. Según el informe, las mujeres ganan un promedio anual de 13.407 dólares, mientras que los hombres 23.497 dólares.
“Las mujeres recibimos menos que los varones por nuestro trabajo remunerado”, explicó Batthyany. En Uruguay, de cada $100 que obtiene un varón, una mujer recibe $80, ilustró.
Esa brecha se amplifica en los sectores más educados. “Con las mujeres que se han calificado más y tienen más educación la brecha es todavía más amplia respecto a los varones”.
Por otro lado, existe una brecha respecto a la participación de las mujeres en la actividad económica. “Si bien la tendencia en Uruguay es creciente, todavía estamos a 20 puntos de distancia de los varones”, explicó. La tasa de participación en la actividad económica es de 56% en las mujeres y 74% en los varones.
El desempleo afecta más a las mujeres. Hoy el desempleo femenino se ubica en el 8%, mientras que el de los varones es 4%.
Ningún país del mundo ha logrado cerrar la brecha de género. Sin embargo, los cinco países nórdicos —Finlandia, Islandia, Noruega, Suecia y Dinamarca— la han reducido en más de un 80% y encabezan el ranking mundial con los cinco mejores puestos. En el extremo opuesto, con los cinco peores puntajes, aparecen Irán, Mali, Siria, Chad y Yemen.
Nicaragua es el país mejor posicionado de América Latina (sexto lugar en el ranking global) y el único que logra ubicarse, por tercer año consecutivo, entre los 10 menos desiguales del mundo. Ecuador es el segundo mejor de la región, en la posición número 21, seguido por Cuba (30) y Argentina (31). Perú se ubica en la posición 45, Colombia 53, Bolivia 58, Chile 66, Brasil 71, Honduras 73, México 80 y Paraguay 81.
Luego aparece Uruguay, en el puesto 82, seguido por El Salvador 84, Venezuela 86, Guatemala 89, Belice 100 y Surinam 109. Si se toma en cuenta todo el continente americano, Canadá se ubica en el puesto 19 y Estados Unidos en el 20.
¿Por qué persisten las desigualdades en el terreno político y económico? Para Batthyany, buena parte de la explicación está en la “división sexual del trabajo”, que determina que varones y mujeres participen de forma distinta en la vida social.
“Básicamente, por historia y tradición, las mujeres hemos sido asignadas prioritariamente al ámbito privado, y los varones al ámbito de lo público”, señaló. “No son las mismas oportunidades que puede tener una mujer que tiene que hacerse cargo de un hijo chico, que las de un varón que no tiene ninguna restricción”, indicó.
La maternidad, por ejemplo, es un obstáculo para la inserción laboral. “Si sos una mujer joven, en edad reproductiva, te convertís en una amenaza frente a un colega varón”, explicó.
Aun así, estos fenómenos no explican por qué en un puesto similar una mujer recibe un salario menor al de un varón. Para Batthyany, en Uruguay “se sigue considerando que el ingreso femenino es secundario”. “Aunque es absolutamente falso, el imaginario social cree que las mujeres trabajamos como complemento. El que es proveedor de los recursos económicos en el imaginario colectivo es el varón, entonces el salario principal es el del varón”, afirmó.
“Las personas y sus talentos son dos de los principales motores de un crecimiento económico sostenible a largo plazo. Si la mitad de estos talentos están subdesarrollados o subutilizados, la economía nunca crecerá como podría”, indica el estudio del Foro Económico Mundial.
“Múltiples estudios han mostrado que es más probable que mujeres más educadas y más saludables tengan hijos más saludables y educados, creando un círculo virtuoso positivo para toda la población”.
Algunos de los hallazgos más convincentes sobre los beneficios de la igualdad de género surgen de las empresas, sostiene el estudio. Por ejemplo, las compañías que “incluyen más mujeres en los niveles más altos de liderazgo tienden a superar en rendimiento a las que no”.
“Con un creciente talento femenino saliendo de las escuelas y universidades, y con más poder de consumo en manos de mujeres, las compañías que fallan en reclutar y retener a las mujeres —y asegurar que tengan un camino hacia posiciones de liderazgo— socavan su competitividad a largo plazo”, sostiene el informe.
Los beneficios, agrega, van más allá de lo económico. “Hay otra razón simple y poderosa sobre por qué más mujeres deben ser fortalecidas: justicia”.