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    Vargas Llosa, la marihuana y el Estado de derecho (III)

    La pasada semana, vuestra revista publicó una columna de opinión del escritor peruano Mario Vargas Llosa, titulada “La marihuana sale del armario”. No es mi intención, en esta oportunidad, ingresar en el debate de fondo. Sino que me quiero referir a algunas apreciaciones que hizo sobre nuestro país. Alegre por la supuesta legalización de la marihuana en la que ingresaría Uruguay, Vargas Llosa resalta la actitud de nuestro gobierno y a su vez exalta valores democráticos que hoy, por lo menos, están en duda. Es comprensible que desde fuera del país, residiendo en un continente donde Uruguay apenas es noticia esporádicamente, se pierda la noción de lo que vivimos aquí. Si este improvisado gobierno nos tiene acostumbrados a la incontinente generación de titulares y logra la distracción permanente de quienes habitamos esta tierra, ¿qué esperar de quien no sigue el día a día uruguayo?

    El autor señaló que desde que visitó por primera vez nuestro país, a mediados de la década de 1960, advirtió que el mismo constituía una excepción en América Latina, donde era posible la “tolerancia, coexistencia, democracia, cultura y libertad”. Para rematar, afirmó: “(...) y hoy, quién lo hubiera dicho, bajo un gobierno del Frente Amplio que parecía tan radical y un presidente de 77 años que fue guerrillero, es otra vez un modelo de legalidad, libertad, progreso y creatividad, un ejemplo que los demás países latinoamericanos deberían seguir”.

    Si el señor Vargas Llosa viviera aquí, esa última afirmación la hubiera meditado mucho para convencerse de que no se ajusta a la realidad. Claro que si se quiere hacer la comparación con los peores países latinoamericanos, todavía mantenemos algunas ventajas comparativas. Pero lo mejor es compararse con quienes están mejor, de manera de desarrollarse hacia arriba, no hacia abajo.

    Los ejemplos abundan en cada uno de los cuatro adjetivos (“legalidad, libertad, progreso y creatividad”) para demostrar que este Uruguay no puede ser modelo para nadie. Pero repasemos brevemente apenas algunos hechos. Debería considerar el articulista que bajo el gobierno del señor José Mujica —y con su firma— se le enmendó la plana al pueblo que libremente había resuelto en dos oportunidades y con una diferencia de 20 años entre una y otra, mantener una ley que pacificó al país. Poco antes, el ex mandatario Tabaré Vázquez había justificado tal decisión sosteniendo que las “mayorías se equivocan” y por eso hay que interpretarlas. Debería considerar, Vargas Llosa, que el presidente acaba de tomar decisiones en el ámbito regional, pasando por encima de la Constitución de la República, sosteniendo que lo “político supera a lo jurídico”. Estos dos graves episodios son suficientes para concluir que ejemplo de legalidad el Uruguay dejó de ser.

    La grave inseguridad que padecemos está reñida con la libertad. Pero también está reñida con este valor sagrado la decisión gubernamental de controlar los medios de comunicación; y la voluntad de la primera dama de tener un Ejército leal a su ideología. Afirmar que somos un modelo de libertad porque algún día el Estado venderá marihuana no solamente es forzar los términos; es mirar el árbol sin ver el bosque.

    A pesar del crecimiento económico, aumenta la mortalidad infantil. El director del área responsabiliza por ello a los bebés prematuros y propone un debate sobre la “viabilidad” de esas vidas y a nadie del gobierno se le mueve un pelo. También se dispara la cantidad de personas en situación de calle y la dependencia de las transferencias estatales. El nivel de nuestra educación —incremento presupuestal mediante— es lamentable. ¿Qué modelo de progreso podemos ser sin educación de calidad y con personas ancladas a la marginalidad?

    El presidente entendió que debía destinar una cadena nacional el mismo día del natalicio del prócer, para convocar a la reflexión por la vida y la tolerancia, porque percibe que esos valores se han perdido. Su gobierno apunta al control de los medios, para que difundan valores y buenas costumbres. El ministro de Defensa —elogiado en esa columna por Vargas Llosa— insulta a todo trapo en donde sea y trata de “gil” al ícono religioso de los católicos, demostrando que la tolerancia y las buenas costumbres están lejos de su accionar.

    Nos asociamos a Venezuela —confundiendo relacionamiento comercial con político— que desconoce y castiga a los opositores, rechaza la Corte Interamericana de Derechos Humanos y es el estribo americano de Irán, cuyo líder niega, nada más y nada menos, que el Holocausto.

    Luego de esto, ¿a qué creatividad alude el “escribidor”?

    El Uruguay del Frente Amplio es el Uruguay donde al propio Vargas Llosa se lo condecoró como Visitante Ilustre a regañadientes; y en donde la Universidad de la República, para otorgarle el título de Doctor Honoris Causa —sumamente merecido—, requirió de debate largo y votación dividida. ¿La razón? Ser y expresarse como un liberal.

    La “simpatía” que por nuestro país siente el articulista lo llevó a exagerar sus cumplidos y la alegría porque la marihuana salga “del armario” le hizo creer que la maniobra distractiva, lanzada desde el Ejecutivo, es una decisión ya tomada.

    Hay que ser parte de esta realidad, para tener claro qué Uruguay tenemos y ejemplo de qué podemos ser.

    Fitzgerald Cantero Piali

    Representante Nacional

    Vamos Uruguay

    Partido Colorado

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