N° 1875 - 14 al 20 de Julio de 2016
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáLas reglas del Mercosur establecen que su Presidencia es rotativa entre los estados miembros; los presidentes de los países miembros son los presidentes pro témpore de la institución. Las reglas anticipaban que en julio Venezuela reemplazaba a Uruguay (y por lo tanto Maduro a Vázquez).
Sin embargo: según los paraguayos, como consecuencia de los problemas institucionales venezolanos no corresponde proceder al traspaso. Para varios observadores externos, esta posición sería una revancha por el episodio del año 2012 en el que el Mercosur suspendió a Paraguay para (precisamente) incorporar a Venezuela como miembro pleno. La legislatura paraguaya era la única que bloqueaba esa incorporación, y en ese momento (por razones estrictamente internas, paraguayas) el entonces presidente Fernando Lugo fue destituido vía juicio político. El Mercosur suspendió a Paraguay porque argentinos, brasileños y uruguayos vieron esa destitución como un golpe de Estado. Eso terminó con el bloqueo paraguayo y permitió la incorporación de Venezuela al Mercosur. Como se ve, la situación paraguaya en ese momento tenía puntos en común con la brasileña de hoy.
Desde el principio, en cambio, la posición uruguaya sobre la Presidencia del Mercosur fue que se debían cumplir las reglas, y por lo tanto se debía proceder al traspaso de la Presidencia a Venezuela.
A este desacuerdo básico entre Paraguay y Uruguay se sumaron complicaciones adicionales. Al principio de la semana pasada el canciller brasileño, José Serra, acompañado por el dos veces presidente Fernando Henrique Cardoso, viajó a Uruguay para evitar o postergar ese traspaso, porque la “situación institucional” venezolana lo desaconsejaría. Uruguay mantuvo con cortesía diplomática su posición inicial, sin perjuicio de tratar a sus visitantes brasileños de manera apropiada a su jerarquía.
Como consecuencia de estos desacuerdos y complicaciones, el pasado lunes 11 se reunieron en Montevideo los cancilleres de Uruguay (Rodolfo Nin Novoa) y Paraguay (Eladio Loizaga), el subsecretario brasileño para América del Sur, Central y Caribe (Paulo Estivallet), el vicecanciller argentino, Carlos Foradori, y la canciller venezolana, Delcy Rodríguez.
Subrayando las dificultades de la situación, Benjamín Blanco, embajador boliviano en Montevideo (la pro venezolana Bolivia aspira a incorporarse al Mercosur como miembro pleno) trató de asistir a la reunión, pero no lo pudo hacer. Según algunas fuentes, “le dijeron que no podía, porque no estaba invitado”. Según otras, la reunión “no era oficial”, y por lo tanto no podía participar. Al retirarse el embajador Blanco sostuvo algo similar a la segunda idea, pero “al no participar y por tanto no poder dar la opinión de su gobierno, pareció retirarse molesto del Palacio Santos” (“Bolivia, aliado de Venezuela, apoya a Uruguay”, en “El Observador”, martes 12).
La reunión no llegó a conclusión alguna. Según la prensa montevideana, luego de un almuerzo “Nin Novoa dijo que pasaron a un cuarto intermedio hasta el jueves y que no había nada resuelto”. Informalmente se sugirió que el cuarto intermedio tal vez podría durar hasta la semana próxima, o más aún. En suma: en este momento el Mercosur (en general) y el gobierno uruguayo, en particular, tienen un problema. El titular de tapa de “El País” del martes fue “Uruguay no consigue destrabar tormenta política del Mercosur”.
La causa última de esa tormenta política parece bastante clara. Al menos durante la última década el Mercosur no ha sido una alianza entre naciones con metas claramente definidas, sino una relación entre gobiernos basada principalmente en afinidades político-ideológicas. Este Mercosur reflejaba el “giro a la izquierda” de la región durante los últimos años. Al cambiar las identidades de los gobiernos del Mercosur (muy especialmente la de sus dos países mayores, Brasil y Argentina), coincidencias y acuerdos con Venezuela que antes eran o parecían naturales ahora son muy problemáticos.
En un segundo plano oculto (porque sus detalles no se pueden mencionar; al menos los demás gobiernos no los pueden mencionar), mucho más práctico, se encuentra una idea más simple. Hoy (justamente hoy, que se esperan negociaciones complejas, como con la Unión Europea, por ejemplo) la Presidencia del Mercosur no puede pasar a Venezuela porque los venezolanos son vistos como muy incompetentes (además de “impresentables”). No es solamente torpeza en la forma de manejar la relación medios-fines. Serían capaces de arruinar cualquier negociación en parte porque su manera de juzgar posibles acuerdos es diferente a la de los demás miembros del Mercosur. Tal vez esto sea consecuencia de lo que le ocurre a un gobierno que se ve acorralado desde muchas direcciones a la vez, y sus reflejos se vuelven cada vez más rígidos y defensivos.
Los acontecimientos de esta semana brindan un buen ejemplo. La canciller venezolana, Delcy Rodríguez, vino al Uruguay con una misión presumiblemente bien definida: asegurar el traspaso de la Presidencia del Mercosur a Venezuela. Eso implica un mínimo de relación personal con sus interlocutores. Sin embargo, ella sostuvo: “Quiero denunciar que tanto el canciller de Paraguay como el vicecanciller de Brasil (sic) se escondieron en el baño y no quisieron darle la cara a Venezuela. Nosotros sabemos que hay una especie de ‘almagritis’ (por Luis Almagro) por parte de estos dos funcionarios”. Es dudoso que esta forma de discutir con paraguayos y (sobre todo) brasileños la ayude a conseguir sus fines. En relación con sus anfitriones, que tratan de hacer lo que ella quiere, no la ayudan ni la referencia a la “almagritis” ni decir, en rueda de prensa, que Uruguay traspasaría la Presidencia del Mercosur a Venezuela en los próximos días, obligando al canciller uruguayo a desmentirla públicamente.
Uruguay, entonces, tiene un problema. Por un lado, su opción (abreviando, “traspaso ya”) es la jurídicamente correcta. Lo que para algunos sería la falla original (la suspensión paraguaya e ingreso venezolano al Mercosur de 2012) ya no tiene arreglo, y aplicar ahora la regla democrática a Venezuela sería muy complicado.
Por otro lado, la opción uruguaya, en los hechos, satisface el reclamo venezolano e ignora los de los demás (varias y robustas razones sugieren que en esto, a pesar de las apariencias semi neutrales, Argentina está mucho más cerca de Brasil que de Uruguay). Entonces: es posible que “traspaso ya” sea finalmente el curso de los acontecimientos, pero no parece lo más probable. Si la estatura de la misión Serra-Cardoso de la semana pasada es un indicador adecuado, entonces los brasileños creen que el punto es importante, y actuarán en consecuencia.