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    Vázquez tiene ventajas amplias sobre Lacalle Pou de cara al balotaje

    El candidato por el Frente Amplio obtendría 54,8% de los votos frente al 40,4% de su rival, según la proyección de Cifra

    Los resultados de la encuesta de Cifra realizada entre el sábado 22 y el lunes 24 de noviembre sobre las intenciones de voto para el domingo 30 de noviembre, en cifras redondas, son los siguientes: Tabaré Vázquez, 52%; Luis Lacalle Pou, 38%; en blanco o anulado, 4%; indecisos 6% (el Cuadro 1 muestra los datos con decimales). Estos resultados no son muy distintos a los registrados en la encuesta anterior, realizada entre el 6 y el 10 de noviembre. Vázquez se mantiene igual (52%), Lacalle Pou mejora tres puntos porcentuales (de 35 a 38%), los votos en blanco bajan 2 pp. (de 6 a 4%), y los indecisos bajan un punto (de 7 a 6%).

    “Proyectando indecisos”, esto es, asignando a los indecisos las intenciones de voto que serían más consistentes con sus características, el resultado sería 54,8% para Tabaré Vázquez, 40,4% para Lacalle Pou, y el resto, 4,8%, votaría en blanco o anularía su voto.

    Las diferencias

    Si esto fuera así, en noviembre Vázquez recibiría 7 puntos porcentuales más que en octubre (respectivamente, 54,8% y 47,8%), y Lacalle Pou recibiría 9,5 puntos adicionales (40,4 en noviembre, 30,9% en octubre). El candidato blanco aumentaría más su votación, en cifras absolutas y relativas, pero no lo suficiente como para achicar significativamente la ventaja de Vázquez (16,9 puntos en octubre, 14,4 en noviembre).

    Esto ocurriría porque entre los votantes del Frente Amplio de octubre el 97% piensa votar a Vázquez, quien además recibe el 4% de los votantes del Partido Nacional de octubre, el 16% de los votantes colorados de octubre, y la mitad de los votos del Partido Independiente (Cuadro 2). También recibe la mayoría de los votos de los demás partidos y de los votos en blanco de octubre que ahora en noviembre optan por alguno de los dos candidatos. Vázquez retiene muy bien los votos del FA, y capta muchos más votos que Lacalle Pou entre todos los demás electores salvo entre los colorados.

    Lacalle Pou, en cambio, capta cuatro veces más votos colorados que Vázquez, pero no capta votos en el FA (menos de medio punto porcentual). Pierde más votos colorados que los que perdió Lacalle Herrera en 2009 y capta muchos menos entre los demás votantes (los votantes de los otros partidos, en blanco y anulados suman el 8% del electorado, no mucho menos que los colorados). La ventaja de Lacalle Pou entre los votantes colorados equivale a solo seis puntos porcentuales del total del electorado; allí estarían las dos terceras partes del crecimiento de Lacalle Pou de octubre a noviembre. Esta encuesta registra una migración de votantes colorados hacia el FA mayor que la observada en la encuesta anterior y en 2009.

    Si la proyección fuera aceptablemente correcta, entonces la diferencia entre los dos candidatos, alrededor de 14 puntos porcentuales, sería mayor que la registrada en los dos balotajes previos: 8 puntos en 2009 (Mujica – Lacalle Herrera), y 9 puntos en 1999 (Batlle – Vázquez). En 2004 no hubo balotaje porque Vázquez obtuvo mayoría absoluta en octubre.

    Las imágenes dominantes

    Hasta la primera ronda del domingo 26 de octubre se esperaba, en general, una elección más favorable a la “mitad menor”. La única voz que reiteradamente sostuvo lo contrario fue la de Tabaré Vázquez. Las encuestas veían a blancos y colorados (sumados) votando mejor que el FA, pero el resultado real fue a la inversa: el FA obtuvo 4 puntos porcentuales más que blancos y colorados juntos. No se trataba solamente de los números de las encuestas. Lacalle Pou sostuvo que el problema fue tan o más “cualitativo” que cuantitativo; lo que veían “en la cancha” los llevaba a esperar una votación mayor que la efectivamente recibida. En esto, todos(con la posible excepción de Vázquez) esperaban una votación mejor que la que finalmente obtuvieron. Creían o esperaban que las encuestas estuviesen equivocadas, aunque de distintas maneras, desde antes del 26 de octubre. Tenían razón en cuanto a que las encuestas estaban equivocadas, pero, nuevamente, el que acertó la dirección del error fue Vázquez: los errores subestimaron al Frente Amplio y sobreestimaron a la oposición.

    En parte por estas razones, el clima de la campaña electoral desde el 26 de octubre claramente ha anticipado la victoria de Vázquez en el balotaje y por eso la campaña ha sido mucho más calma que entre junio y octubre. “El Observador” del martes 25 de noviembre informa que la “Fórmula nacionalista le pone al mal tiempo buena cara” (título de la nota de la página 4; el copete agrega “Larrañaga y Lacalle Pou fueron a San José bajo lluvia y no pierden la fe”). Pero más abajo en la misma página, una nota más breve titulada “El comando blanco que se disolvió” reporta que “sin que hubiera explicaciones, el comando de campaña nacionalista (que se reunía los lunes durante toda la mañana) dejó de funcionar imprevistamente”. Uno de sus integrantes dijo “creo que fue por simple desorganización”; otro sostuvo: “como las encuestas nos decían que veníamos tan bien, creímos que no eran necesarias tantas reuniones. Y después del 26 de octubre ni valía la pena volver a encontrarse”.

    Una de las mejores síntesis de ese clima de opinión es la caricatura de Arotxa publicada en la edición de “El País” del domingo 16 de noviembre: en ella se ve a Vázquez alzando los tres dedos de su mano derecha (la señal de la tercera victoria) mientras conduce una aplanadora.

    Ni tanto ni tan poco

    Si los resultados y proyecciones de la encuesta fueran una aproximación razonable a los resultados del domingo 30, eso parecería confirmar el clima de la opinión (especialmente de la opinión más informada) resumido en la imagen de Arotxa. Es posible, sin embargo, que si el clima pre 26 de octubre subestimaba al FA, el clima actual y post 30 de noviembre erre en la dirección opuesta, la encarnada en la imagen de la aplanadora (especialmente si los resultados del 30 de noviembre se parecen a las conclusiones de la encuesta). Varias razones apuntan en esa dirección.

    Los resultados del 30 de noviembre muestran cómo el electorado ve y compara a estos candidatos presidenciales en particular. Aquí la imagen y atributos de Tabaré Vázquez son centrales. La situación del sistema de partidos, y de los distintos partidos que lo forman, en cambio, se aprecia en los resultados ya conocidos de octubre, no los de noviembre. ¿Qué muestran esos resultados?

    En primer lugar, que el sistema de partidos uruguayo sigue dividido esencialmente en dos mitades, y que la mitad mayor sigue siendo el FA (48% de los votos). Pero la identidad de las dos mitades es ahora algo diferente. Además de blancos y colorados (44% de los votos), el FA tiene oposición con representación parlamentaria desde la izquierda y desde el centro, oposición que sumó un 5% de los votos (no todos ellos con representación parlamentaria: el PERI y el PT, que suman casi el 1%, quedaron afuera). Para esta elección ese 5% se inclinaría mayoritariamente por el candidato de la izquierda, pero eso no necesariamente seguirá siendo así. En estas condiciones, parece sensato ver dos mitades básicas (el FA por un lado, blancos y colorados por otro), más un 5% heterogéneo, cuyo futuro e inclinaciones son hoy impredecibles.

    ¿Cómo cambiaron estas dos mitades desde 2009? El FA casi mantuvo su votación (redondeando a enteros, 48%) y la otra mitad (blancos y colorados) se achicó ligeramente (de 46 a 44%); lo que aumentó fue esa tercera parte heterogénea (de 3 a 5%). Durante el próximo quinquenio este 5% tratará de afirmar su identidad y aumentar su electorado; las dos mitades buscarán conquistarlo (o reconquistarlo).

    El FA casi mantuvo su votación de 2009; en la práctica, tuvo una pérdida muy pequeña. Vistos los números desde un lugar decimal, pasó de 48,0% en 2009 a 47,8% en 2014. Esto significa que, aunque por un pelo, dos reglas empíricas siguen siendo ciertas: en Uruguay “gobernar cuesta votos” (ésta es la “regla de Garcé”: los partidos de gobierno tienden a perder votos en la elección siguiente), norma básicamente cierta desde mediados del siglo pasado, aunque con algunas excepciones. La otra regla es una generalización de la primera: si un partido gobierna durante dos períodos consecutivos, entonces, al presentarse a su segunda reelección siempre pierde votos (respecto a las dos votaciones anteriores que lo llevaron al gobierno). Desde mediados del siglo pasado esta conducta puede observarse en muchos menos casos que la anterior, pero no tiene excepciones y sigue siendo cierta.

    Desde esta perspectiva la hazaña del FA fue mantener su mayoría parlamentaria a pesar de la vigencia de las dos reglas anteriores. Su mayoría parlamentaria en 2009 fue muy ajustada, pero se definió directamente con los resultados de octubre. Su mayoría parlamentaria de 2014 solo se concreta si Vázquez gana la presidencia; su vicepresidente, Raúl Sendic, es el voto que le da mayoría propia en el Senado (y en la legislatura, porque el FA ya tiene mayoría en la Cámara de Diputados).

    Probablemente el principal responsable de esa hazaña fue el candidato presidencial, Tabaré Vázquez. Esto era lo que los observadores esperaban desde antes del comienzo de la campaña. A pesar de esas expectativas, en los primeros meses de este año su campaña no había comenzado bien, y en esto hay un amplio acuerdo que incluye a muchos analistas del FA. Sin embargo, tal vez ya desde antes de las internas el discurso de Vázquez cambió, y poco después también se fue transformando, claramente, su forma de encarar la campaña. Fue como si el candidato fuera “entrando en calor”: en contacto directo con los votantes se lo veía cada vez más distendido, simultáneamente más presidencial y más accesible. Enfrentar a este Vázquez, en plena forma y posesión de sus muy considerables habilidades políticas, apoyadas en la excelente imagen de su presidencia anterior, era una tarea cada vez más difícil. Aunque las encuestas no lo tradujeron en números, todo lo anterior era bien conocido desde bastante antes que octubre.

    Esta es la foto del sistema de partidos que el electorado uruguayo configuró el 26 de octubre. Es una foto con muchas continuidades y algunos cambios, y muestra que desde 2004 la predominancia de su mitad mayor, el FA, se ha visto paulatinamente limitada (entre 2009 y 2014, apenas perceptiblemente). Para los próximos cinco años este es el desafío de la mitad mayor, que busca seguir siéndolo, y de la mitad menor de la última década que busca transformarse en la mitad mayor.

    © Luis E. González. Derechos reservados. (Especial para Búsqueda)

    Información Nacional
    2014-11-27T00:00:00