Y el Nico se hizo el gusto.
Y el Nico se hizo el gusto.
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáHaciéndole el pito catalán a medio mundo, seguirá siendo el “presidente democráticamente electo” de la pobre y castigada Venezuela, otrora floreciente país petrolero, expoliado por todos los que han pasado por el Palacio de Miraflores desde su inauguración, hayan llegado a él con votos o con botas. Desde aquellas aguas, hasta estos lodos.
Claro, no lo hizo solito.
Mucha gente lo ayuda al Nico para poder seguir afeitándose, recortando su bigotazo, fumando sus puros (cubanos, maldito sea, nosotros conformándonos con los dominicanos o los hondureños), manejando sus autobuses autocráticos y su autoproclamada justicia revolucionaria del socialismo del siglo XXI.
Muchos lo hacen vociferando su solidaridad, como el sangriento ciudadano ilustre de Montevideo Daniel Ortega, el folkórico comepollos Evo Morales, el dinosaurio cubano Raúl Castro y sus domesticadas crías.
Otros lo hacen de querusa, ensordinando su apoyo por los más disímiles caminos, como el inefable don Francisco, que desde el Vaticano expresó en Navidad su deseo de que Venezuela y Nicaragua resuelvan sus problemas dialogando (¿dialogando con quién? ¿con Leopoldo López, Henry Ramos Allup, Julio Borges y la fiscal Luisa Ortega? ¡Dale, papa!). O también como el cazador de osos Vladimir Putin y el sinuoso sucesor de Mao, Xi-Jin Ping, quienes, con una visión largoplacista de la historia, apuestan al petróleo del siglo XXII.
También están los que, como dijeron (o dicen que dijeron) Gandhi, o Mandela, o Martin Luther King y todos los fabricantes de frases célebres que circulan por Internet (ustedes elijan el autor) integran “el silencio de los buenos”. Son los que miran para otro lado y dicen: “Bueno, hay tantas cosas horribles en Yemen, Siria, Sudán del Sur, la AUF y la FIFA, que para qué vamos a preocuparnos por lo que pasa en Venezuela. Ya vendrán tiempos mejores”.
Y también, claro, está el Uruguay, nuestra penillanura tan levemente ondulada como la inquietud de sus líderes políticos, sean del palo que sean.
Cuando el gobierno estaba por decidir si mandaba o no una delegación a la “toma de posesión” del Nico, dicen que Nin Novoa le preguntó a Tabaré Vázquez.
—Che, ¿mandamos en serio a alguien, o nos excusamos por “problemas de agenda”, como hacés vos cada vez que te invitan a un lugar al que te embola asistir?
—A ver —dijo Tabaré Vázquez, mesándose la otrora frondosa cabellera gris, cada vez más rala, al punto que ha habido que aumentar la dosis de fijador para que no se le vea el coco—, yo que sé, es enero, ¿viste? Vamos a consultar a los demás, ¿vos creés que habría que ir o mandar a alguien?
Ante tan clara definición, en línea con todo lo que ha tenido que “decidir” en los últimos cuatro años, Tabaré optó por averiguar primero qué dirían las poderosas fuerzas opositoras al gobierno, siempre tan encarnizadamente agresivas con el gobierno venezolano.
—Y, no sé —dijo Nin Novoa—. Luisito está surfeando en el este, Larrañaga sigue contando firmas, Antía está coronando reinas de belleza en el Conrad, Verónica Alonso bronceándose un poco más en José Ignacio, Iafigliola puso un puesto de empanadas y tortafritas en Los Cerrillos para financiar su campaña y el único de los blancos que está trabajando en serio es Juan Sartori, pero en la presentación en Bolsa de su nueva empresa, El Cogollo SRL, destinada al cultivo de cannabis con vistas a la exportación.
—Difícil que el chancho blanco chille, entonces —reflexionó Tabaré—. ¿Y en qué andan los colorados? —le dijo al canciller.
—Parece que Sanguinetti está terminando su último libro, que se llama Los libros que presenté y los que presentaré. Recopilación de mi vida académica a lo largo de los siglos XX y XXI. Dicen que se lo van a presentar Caetano y Vargas Llosa. Está muy ocupado con ese asunto —dijo Nin.
—¿Y los que vienen galgueando atrás del Cejas? —preguntó con curiosidad Tabaré.
—Talvi está trabajando en una ecuación econométrica con parámetros dialógicos en función de la Curva de Pipinacci, que le permitiría asegurar que, al paso que va, le ganaría a Sanguinetti la interna si esta fuera en el 2119. Es muy valioso ese muchacho, y hay que ver lo que sabe —dijo Nin, que de verdad lo admira al joven economista—. Amorín Batlle —prosiguió el canciller— está esperando que larguen el Ramírez. Un hombre tranquilo, que no se agita mucho.
Y de tal modo prosiguió don Rodolfo Nin Novoa pasando lista a los demás políticos de la oposición que podrían criticar la decisión de que Uruguay estuviera presente en la toma de posesión de Maduro, claro, en caso de que estuvieran enterados de que la misma tendría lugar en forma inminente, lo que no parecía tan evidente.
Así, el canciller le informó al presidente que Novick está con Giuliani en Brasil, visitando a Bolsonaro, con el fin de asegurarse que, en caso de ganar la elección, se instalará una base militar brasileño-norteamericana en Uruguay para combatir la corrupción, la inseguridad, el comunismo y la fiebre tifoidea. Los integrantes de la coalición La Alternativa están también muy ocupados. Recorren el territorio nacional promoviendo la Fundación El Embudo, destinada a juntar votos para el engendro multipropósito que han inventado. Van en una carreta, que se detiene en los pueblos del interior, y Amado regala libros autografiados sobre la Masonería y el Opus Dei, Valenti vende rifas para el sorteo de un anillo de diamantes y Mieres regala estampitas de San Pablo y de San Expedito, patrón de las causas imposibles, bendecidas por el cardenal Sturla y mojadas en agua bendita por su monaguillo, el general Manini.
—Podemos mandar a cualquiera a Caracas, nadie se va a enterar ni a preocupar —aseguró Nin—. A Mujica y a Placeres, a ver si nos traen un par de bolsas de materia prima para Envidrio. Hasta a Miranda y Roballo, si querés —agregó.
—No —dijo Tabaré—, esos dos se pierden en el aeropuerto de Maiquetía y no saben de dónde salen los taxis para Caracas. Y no se te ocurra proponerme que vaya yo, porque después de estas lluvias en el San Juan debe darse el pique de maravilla. Me voy para Anchorena —concluyó.
Y así fue que decidieron que el que estuviera presente fuera el ignoto encargado de negocios del Uruguay en Caracas. Es como estar, pero no estar. Típicamente uruguayo.
Santo Remedi.