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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acá“Los seres humanos nacen con distintas capacidades. Si son libres, no son iguales. Si son iguales, no son libres”. Alexander Solzhenitsyn
Se tiende a pensar que existe una sola respuesta verdadera para cada problema humano. Así, cada vez que se encuentre una respuesta, se desechan todas las demás. Complementando lo anterior, se piensa que los más nobles ideales que animan a la humanidad —justicia, libertad, paz, felicidad— son todos compatibles unos con otros. Nicolás Maquiavelo fue uno de los primeros en observar que no todos los valores son compatibles, que la noción de una única y definitiva filosofía para establecer la sociedad perfecta es material y conceptualmente imposible. Montesquieu advirtió como característica central de la humanidad que los fines de los seres humanos son muchos y distintos y en muchos casos incompatibles unos con otros y que esta es la raíz de choques entre civilizaciones y de diferencias entre comunidades diferentes y en el seno de estas, de rivalidades entre grupos y en la propia intimidad de las conciencias individuales.
“La mayoría de los hombres no son capaces de pensar, sino solo de creer, y no son accesibles a la razón, sino solo a la autoridad”. Arthur Shopenhauer.
Todas las utopías sociales, de Platón a Marx, han partido de un acto de fe (creencia personal que no necesita pruebas). Tanto Lenin como Mao creían que “las opiniones de la gente reflejan su educación y su entorno social, que tanto a ricos como a pobres se les lava el cerebro desde que nacen, a los ricos se les enseña a obviar a los pobres y a los pobres se les enseña a obviar sus propios intereses”. En la política socialista, el partido es quien sabe mejor lo que conviene y en la economía socialista el sindicato siempre tiene razón. Gramsci reconoce la fuerza de la fe, en una nueva deidad intramundana: “La racionalidad de la historia, que debe ser apoyada por una fuerte actividad volitiva”.
Dicha “fe” en los ideales humanos, las grandes aspiraciones del individuo y de la colectividad son capaces de congeniar, que la satisfacción de uno o varios de ellos, no son obstáculo para materializar también los otros.
La Revolución francesa, con su glorioso lema de libertad, igualdad, fraternidad, que pretendió establecer el gobierno de la razón, demostró al mundo, luego de terribles carnicerías, que la realidad social es mucho más tumultuosa e impredecible de lo que suponían las abstracciones de los filósofos prescribiendo recetas de felicidad a las sociedades. Ocurría que muchos de esos ideales se repelían unos a otros en el mismo momento de pasar de la teoría a la realidad, que en lugar de apoyarse, se excluían. La libertad era fuente de desigualdad, generando diferencias materiales y espirituales, y que para establecer la igualdad, no había otro remedio que sacrificar la libertad, imponer la coacción, la vigilancia y el control todopoderoso del Estado.
La ciencia sale al auxilio
“No se puede afirmar con derecho que existe desorden en la naturaleza, porque no hay nadie que conozca todas las causas de la naturaleza para poder juzgar de ello”. Baruch Spinoza
“La ciencia incluye las hipótesis mejor corroboradas, ninguna teoría puede considerarse científica si no especifica las condiciones que pueden invalidarla” (Popper, Karl R. 1994. El cuerpo y la mente. Ediciones Paidós Ibérica S. A.). Existen verdades científicas que ayudan a entender estas “Verdades contradictorias”.
“Evolución”: las personas no han sido creadas sino que han evolucionado. La evolución se basa en la diferencia, no en la igualdad. Cada persona posee un código genético diferente y desde su nacimiento está expuesta a diferentes influencias ambientales. Esto conduce al desarrollo de cualidades diferentes que significan diferentes probabilidades de supervivencia y de desempeño en la vida.
No evolucionamos para ser iguales, la idea de igualdad se halla inextricablemente ligada de la “creación”, que dice que todas las almas son iguales ante Dios. La igualdad entonces es un concepto religioso, no biológico y por tanto no es científico.
“La sociología de la piñata”(Sigman, Mariano. 2015. La vida secreta de la mente. 7ª ed. Buenos Aires. 2016).
“Toda la condición humana se expresa en una piñata. Se observa la complejísima trama que se dispara cuando se rompe el cartón de la bolsa y cae la lluvia de golosinas, ahí se entienden todos los anhelos, vicios, compulsiones y represiones. La euforia y la tristeza. Ver al niño que acumula golosinas hasta que las manos no pueden retener más; al que golpea a otro para ganar ventaja y tiempo sobre un recurso limitado; al padre que alecciona a uno para que comparta su excesivo botín; al niño llorando en la esquina abrumado; los intercambios en el mercado oficial y en el mercado negro y las sociedades de padres que se organizan cual microgobiernos para evitar la tragedia de los comunes”. (Sigman, Mariano. 2015. Op. Cit. Pág. 53).
Los niños ya tienen intuiciones sobre la propiedad, de hecho expresan los pronombres mi y mío antes de utilizar yo o el nombre propio. Esta progresión del lenguaje refleja un hecho extraordinario: la noción de propiedad precede a la de identidad y no al revés. (Sigman, Mariano. 2015. Op. Cit. Pág. 54).
Porque la propiedad es la vida, “mi mamá, mi teta, mi nutriente”, mi instinto de subsistencia que está en el ADN de mi cerebro reptil.
“En la batalla temprana por la propiedad, se ensayan también los principios del derecho. Los niños más pequeños cantan la propiedad de algo sobre el argumento de su propio deseo: “es mío porque lo quiero”. Tiempo después, sobre la frontera de los dos años, empiezan a argumentar reconociendo el derecho ajeno por la misma propiedad. Entender la propiedad ajena es entender que existen otros individuos. Los argumentos que esbozan los niños suelen ser: “yo lo tenía primero, me lo dieron a mí”. Esta intuición de que el primero que toca algo se extiende a los adultos, es lo que sucede en los estacionamientos, los asientos en el ómnibus, el que llegó a la isla primero o a la luna”. (Sigman, Mariano. 2015. Op. Cit. Pág. 54). El socialismo, al sustituir la obsesión del provecho económico —la ganancia individual— por la noción de servicio a la colectividad como incentivo del trabajo, mata la productividad de todos los recursos. “Las organizaciones establecidas bajo el comunismo violan totalmente la naturaleza humana. El error económico y finalmente político de estas doctrinas en la Unión Soviética, China y en otras partes, ilustra a gran escala el limitado poder de las revoluciones culturales. La naturaleza humana nos ata corto: tenemos capacidad de maniobra, es solo hasta cierto punto”. (Waal, Frans. 2002. El simio y el aprendiz de shushi. Reflexiones de un primatólogo sobre cultura. Ediciones Paidós Ibérica S. A. Pág. 236).
“La propiedad es la madre del proceso civilizador”. David Hume.
“La propiedad es un prerrequisito para la desigualdad en el largo plazo” (Harari, Yuval Noah. 2018. 21 lecciones para el siglo XXI. Penguin Random House. Grupo Editorial Sudamericana, pág. 96). A medida que sucede cada revolución en la producción (agrícola, industrial, conocimiento/información), la desigualdad se hace más visible y más extrema (hoy día el 1% más rico posee la mitad de la riqueza del mundo).
“Hoy sabemos que los humanos son actores morales, están guiados por intuiciones acerca de la autoridad, la tribu, y la pureza; están comprometidos con creencias sagradas que expresan su identidad y están impulsados por inclinaciones contradictorias hacia la venganza y la reconciliación. Estamos empezando a entender por qué evolucionan esos impulsos, cómo se implementan en el cerebro, cómo difieren entre individuos, culturas y subculturas, y qué condiciones las activan y los desactivan”. (Pinker, Steven. 2019. En defensa de la ilustración. Editorial Planeta S. A. pág. 494).
“El altruismo se refiere a aquellas conductas que promueven el bienestar de los demás sin una retribución o un beneficio personal”. (Manes, Facundo y Niro, Mateo. 2014. Usar el cerebro. Editorial Planeta S. A. 1ª Ed. Pág. 322). Jorge Moll y Jordan Grafman de los Institutos Nacionales de la salud (NIH) de E.E.U.U. diseñaron un estudio para evaluar el proceso del altruismo (tomar decisiones que benefician a otros). Los científicos observaron que los actos altruistas activaban áreas del sistema de recompensa del cerebro, “ayudar resulta placentero” (Manes, Facundo y Niro, Mateo. 2014. Op. Cit. Pág. 323).
“Para la supervivencia de nuestra especie pertenecer a una tribu es más importante que la verdad”. Facundo Manes
La inteligencia emocional es la capacidad de reconocer las emociones propias y ajenas. Se pensó que la inteligencia era el coeficiente intelectual (IQ). Y hoy sabemos que esta es tan solo una de ellas, incluso no se correlaciona con el éxito en muchas tareas de la vida. Tener un coeficiente intelectual alto no se correlaciona con ser líder, sino que para ello se necesita tener inteligencia emocional y social. La inteligencia social es la empatía, la capacidad de imaginar que el otro tiene creencias diferentes a las nuestras, y que esas creencias pueden tener semillas de verdad. Hay una empatía cognitiva y una emocional que es sentir lo que siente el otro. No tenemos herramientas aún para medir masivamente la inteligencia emocional y social como para hacerlo con el IQ.
¿Es posible entender científicamente el comportamiento social que denominamos “grieta”? Para entender la grieta tenemos que entender la conducta humana. Evolutivamente, sobrevivimos por formar grupos o tribus. Hay dos cosas más importantes que la verdad para nuestra especie, nos guste o no. Una es sobrevivir, y la otra, pertenecer a una tribu o grupo. Tenemos creencias que vamos construyendo en nuestras vidas de acuerdo al contexto en que vivimos, y cuando una evidencia nos enfrenta con ellas, se produce una disonancia cognitiva. Esto produce cierta incomodidad que nos lleva a ignorar la verdad. Los comentarios científicos les provocan una disonancia cognitiva, si alteran sus creencias y van en busca de alguien que piense igual que ellos. Para la supervivencia de nuestra especie, pertenecer a una tribu es más importante que la verdad. Una de las conductas para ello es detectar el peligro, con un sistema que es el miedo: paralizarnos para luego luchar o huir. Es decir que el ser humano privilegia evolutivamente sobrevivir y pertenecer a una tribu que alcanzar la verdad. ¿Por qué se impulsa tanto la grieta en algunos sectores de la política? Los líderes saben que somos tribales y lo utilizan para ganar una elección, incluso aunque esto perjudique a la sociedad. Hay que desconfiar de los líderes que fomentan la división, no ayudan a llegar a un consenso que es necesario para salir del subdesarrollo.
“Todas las dimensiones de lo que supone ser un “ser humano” y ser tratado como tal no han sido incorporadas al cálculo económico del capitalismo”. Peter Drucker
La evolución de la humanidad brinda elementos evidentes sobre las “verdades contradictorias”.
El capitalismo hace funcionar la economía, se adapta a la realidad cambiante y la subsana para persistir. El socialismo la ignora y persevera en lo que dice un burócrata que es correcto. Cuando no funciona, en los países comunistas usan la represión sobre sus ciudadanos en lugar de adaptarse.
El recurso económico más importante es la confianza en el futuro. Las ganancias se emplean para expandir la producción y contratar más empleados. Cuando el crecimiento se convierte en un bien supremo sin limitación ética o científica, conduce fácilmente al desastre.
Que haya verdades contradictorias, que los ideales humanos pueden ser adversarios no significa declararse impotente. Significa la importancia de la libertad de elegir, la irrefutable necesidad de comprender, respetar, ser tolerantes y pluralistas. Esto significa también abjurar de los cantos de sirena, de biblias paganas maquilladas por Gramsci.
Rafael Rubio
CI: 1.267.677-8