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    Versiones encontradas, visiones opuestas

     El “Bicho” Bonomi, a lo largo de su controvertida gestión al frente del Ministerio del Interior, nos ha dejado un lote de frases célebres, dignas tanto del mármol como del bronce.

    Sin duda la que sigue, recogida por la prensa tras la última sesión del Consejo de Ministros, y publicada por los diarios en la misma página (casi siempre en recuadro) donde se desarrollaba la información acerca de la incierta situación en el barrio Marconi, marca uno de los puntos altos (estratosféricos, diría yo) de su extensa trayectoria verbal: “Desde abril, las rapiñas en el Marconi bajaron un 60%”.

    ¡Claro, muchacho! Desde abril, los rapiñeros estaban preparando decenas de botellas con cócteles molotov, estoqueándolos en algún galpón del barrio, para cuando una chispa cualquiera (fue la del gurí de la moto, pero pudo ser cualquier otra) desatara la asonada del viernes pasado.

    ¿O te creés, Bicho, que a la batería de bombas incendiarias los muchachos del Marconi las pidieron por teléfono al delivery de “Atentados Ya!”? Me sorprende tu cándida reflexión del tipo de la “sensación térmica”, que no es tuya, pero a esta altura merecería serlo.

    Monsieur le ministre, esto se viene cocinando desde hace tiempo, y si usted y sus colegas están en la tesis de que como ya se apagaron los ecos de su reír sonoro, estamos para el “meno, meno, ya pashó”, y el “sana, sana, colita de rana”, no están entendiendo nada.

    ¿Cuál es la reacción oficial?

    Convocamos a la sede del Mides a la ministra, la subsecretaria, las ONG ”Reivindicación de los perseguidos por la Sociedad” y  “Solidarios con los descastados por la Estigmatización”, metemos algunos sicólogos y al cura del barrio, y armamos grupos de análisis transaccional con talleres de abordaje a la violencia inesperada generada por la exclusión social. En una de las salas del Ministerio, con calefacción, café y galletitas. En fija que de ahí sale la solución.

    Mientras, decí que el Ñato anda embromado de salud (“jodido”, diría él mismo) pero si estuviera en la plenitud,  en fija que ya había enviado algunas tanquetas artilladas para proteger a los alumnos de las escuelas y de los liceos del barrio, y asegurarles a los pasajeros del 405 que no los iban a querer robar y matar, como tampoco a los que circulan en sus autos, motos, bicicletas, camionetas de reparto, y que tienen la desgracia de vivir en ese antro de delincuencia, impunidad y ausencia de valores y de códigos.

    ¿O me vas a decir que el salvaje que subió al bondi, tiró de un piñazo al suelo a una gurisa de 12 años para robarle el celular y la mochila, y después de golpearle la cabeza con un palo al chofer le quiso cortar el dedo para robarle la alianza es un ser humano? ¿O el que le quemó el auto al médico y después le fracturó el cráneo a garrotazos es un angelito de Dios?

    El Ñato no mandó a nadie porque está enfermo y no puede, y el comandante en jefe del Ejército tampoco, pero en su caso porque está en un retiro espiritual, hincado rezando para que la paz vuelva al barrio. Metele otro padrenuestro, general.

    Así no vamos a ningún lado, muchachos. Cuando se gangrena el tobillo hay que amputar a la altura de la rodilla. Y andar con muletas, quelevachaché.

    Pero el juez los liberó a todos, sí, a todos, los detenidos después de los disturbios, a pesar de que fueron reconocidos por sus víctimas, entre otros una maestra que venía en el ómnibus incendiado, y que reconoció y les gritó por su nombre a  varios de los anormales descerebrados estos, gracias a lo cual los pasajeros pudieron salvar sus vidas del fuego. Gracias, señor juez. Ya los tenemos a todos esos diablillos nuevamente en acción, preparando las próximas bombas molotov, pero eso sí, Bonomi, sin rapiñar a casi nadie. Capaz que para el mes que viene, las rapiñas en el Marconi bajan del 60% menos al 65% menos, y todos vamos a aplaudir como focas. Y en los galpones del barrio estarán las bombas, las AK47, los fierros robados a la Policía, los cascotes y los garrotes listos para cuando salte la próxima chispa, por un quítame allá esa moto, bici, esta boca de pasta base, o lo que sea.

    Ojalá que me equivoque, y que el Bicho tenga razón, pero hay un no sé qué que me hace sospechar que estamos en el Marconi en terreno minado, y no por la presencia de las minas como la Yésica y la Braiana, que changan en el Aparicio después de la medianoche, sino de las otras minas. Las que se entierran y explotan cuando las pisan, que no es este físicamente el caso, porque este territorio está minado por el resentimiento, el odio, el desprecio por la vida, la violencia y el rencor.

    El Marconi no se merece estar infectado por estas lacras. Hay que salvar a la gente buena, y para eso hay que actuar, y en serio, extirpando a la gente mala. No se precisa mucha imaginación para saber qué hacer.

    Este es un asunto serio. Hay que rascar hasta el hueso. Muy serio.

    Y como dice por allá arriba esta columna, “no es broma”.

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