Más del 10% de la población mundial vive en zonas volcánicas, principalmente concentradas en el borde del Pacífico de América y en el asiático.
Más del 10% de la población mundial vive en zonas volcánicas, principalmente concentradas en el borde del Pacífico de América y en el asiático.
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acá“Este es el peor problema hoy”, comentó a Búsqueda la doctora en Geología Rossana Muzio, profesora adjunta de Petrología Ígnea en el Instituto de Ciencias Geológicas de la Facultad de Ciencias de la Universidad de la República.
Es que el planeta está en permanente movimiento y cambio, igual que lo ha estado desde hace millones de años. Los seres humanos afincados en gran número en zonas de terremotos y volcanes afrontan las consecuencias. En la última semana el terremoto ocurrido en Nepal y la erupción del volcán chileno Calbuco han puesto en alerta al mundo. La explicación desde la geología es clara.
La cáscara externa de la tierra es una zona rígida y muy delgada si se la compara con el resto del volumen de la Tierra. Esta cáscara está dividida en porciones que se conocen como placas. Las placas interactúan entre ellas, se separan en algunas zonas y se juntan en otras.
Los continentes hoy están fragmentados, pero hace unos 130 millones de años había un gran continente llamado Gondwana. América del Sur, África, India, Australia y la Antártida eran una sola masa.
“Ahora vamos hacia una nueva reunión continental con un único océano, pero van a pasar cientos de millones de años hasta llegar”, informó.
En promedio las placas se mueven en el planeta unos tres centímetros por año. América del Sur lo hace más lento, se mueve 2,5 centímetros por año y choca con las placas del Pacífico que se trasladan a su encuentro. Una de ellas es la de Nazca, que choca con el continente desde el norte de Chile hasta Colombia a una velocidad de cinco centímetros por año. Parte del Pacífico se mueve hacia América y otra parte hacia Europa y Asia. Mientras, el mar mediterráneo tiende a cerrarse y terremotos y volcanes evidencian estos cambios en todo el planeta.
Las placas oceánicas cubiertas por grandes masas de agua esconden “procesos” que ocurren en sus profundidades. Hay zonas en que las placas oceánicas se están separando, se producen sismos leves y hay “permanente actividad volcánica”.
“Todos los días se está formando fondo oceánico, es un volcanismo que no vemos”, comentó Muzio. Hay un área de separación de placas en la zona central del Atlántico, otra en el Pacífico y también en el Índico. En total en el planeta hay unos 60.000 kilómetros de zonas de separación.
También existen otras zonas de encuentro de placas. Si una placa oceánica se encuentra con una placa continental, la oceánica se hunde por debajo de la continental “debido a su composición, por un tema de gravedad y densidad, por su propio peso”, explicó Muzio. Esto es lo que ocurre en América desde Chile hasta el norte: la placa sudamericana choca con la oceánica, que se hunde.
“El encuentro de placas es una zona de mucha presión. Las porciones oceánicas y continentales son rígidas, de 100 kilómetros de espesor o más, y muy extensas”, destacó Muzio.
A medida que la placa más densa se hunde, se va destruyendo. Gana profundidad, temperatura, y el material se empieza a transformar, se funde. Debajo de la placa sudamericana y también debajo de la norteamericana las “porciones oceánicas se van reciclando debajo de las porciones continentales”, explicó Muzio.
En estas áreas conocidas como zonas de “subducción” se generan terremotos y volcanes que emanan a la superficie material fundido. Hay unos 90 volcanes activos en Chile; en Sudamérica en total hay unos 200. La cadena sigue hacia Centroamérica y la costa oeste de Estados Unidos.
Algo similar ocurre en el sudeste asiático del lado del Pacífico. En este caso son porciones oceánicas antiguas que se hunden debajo de otras porciones oceánicas menos densas y más jóvenes. Dan lugar a las cadenas de islas del Pacífico, Filipinas, Indonesia, Japón. Allí también se generan “cadenas de arcos volcánicos” con cordones de islas, donde suelen ocurrir terremotos. Se las conoce como “el anillo de fuego del pacífico”.
Tanto en el caso asiático como el sudamericano, se trata de “zonas de subducción, destrucción o encuentro de placas”, resumió Muzio.
Distinto es el caso de Nepal, que sufrió este sábado un importante terremoto de magnitud 7,9 y produjo un desastre en zonas pobladas que les costó la vida a más de 5.000 personas. Los motivos del terremoto se remontan a millones de años atrás.
India formaba parte de Gondwana, aquel supercontinente. Hace unos 130 millones de años se comenzó a separar y la India quedó a la deriva, frente a Eurasia, océano de por medio. Con los años, y tras un largo proceso de subducción, la placa oceánica se hundió bajo los continentes. India se encontró con la placa eurasiática cara a cara, un continente frente a otro. Los dos tenían densidades similares y chocaron, pero ninguno se hundió.
Como resultado de ese choque se formó hace 45 millones de años la cadena montañosa de los Himalayas. “El material se plegó”, indicó Muzio. Las placas “chocaron y van a seguir chocando por su dinámica, están permanentemente en movimiento. Eurasia sigue presionando a India”, agregó.
La zona tiene sus cicatrices producto de los pliegues y las colisiones. “Como toda cicatriz, cada tanto algo molesta, se siente. Son dos bloques que continúan hasta el día de hoy empujándose y subiendo a los Himalayas, que están en un proceso de crecimiento de entre cuatro y cinco centímetros por año”, detalló la geóloga. Fruto de su pasado próximo al mar, en los Himalayas se han encontrado depósitos marinos. Nepal está hoy en medio de esta zona, en la que grandes masas plegadas se continúan reacomodando. Los reacomodos pueden ser leves o producir grandes terremotos como el reciente.
“La fricción, la energía que implica el choque de una placa con otra, hace que se vaya ganando energía hacia el interior del planeta, que en algún momento se libera como energía elástica, que es el terremoto”, explicó Muzio.
Estos “reacomodos” pueden llevar millones de años. En la zona de Minas Gerais, en Brasil, hubo antiguas montañas hace más de 2.000 millones de años; ahora están erosionadas. Allí en la actualidad se registran pequeños sismos de baja intensidad. Los Alpes, en Europa, y los Apalaches, en Norteamérica, también fueron producto de choques de placas continentales. También producto de colisiones continentales son los terremotos en Turquía.
No hay un patrón de actividad de los volcanes. “Por coincidencia” hay varios que recientemente han entrado en erupción. El volcán Turrialba, en Costa Rica —en actividad desde octubre de 2014 y que por sus cenizas produjo el cierre de su principal aeropuerto este miércoles—, el volcán Nevado del Ruiz en Colombia —en alerta desde el martes por su actividad sísmica— y el volcán chileno Villarrica —que entró en erupción a fines de marzo— son algunos ejemplos.
“No todas las placas van a la misma velocidad ni en la misma dirección una contra la otra. Además, el movimiento no es 100% frontal, es una masa continental que tiene sus irregularidades, contra una masa de porción de suelo oceánica en movimiento que va empujando, rotando de a porcioncitas”, explicó Muzio. “Es difícil imaginárselo” porque “hay todo un juego, cambian las velocidades y va cambiando el ángulo de la placa que ingresa, todo eso puede ir variando en el tiempo y, genera o no la acumulación magmática para una eventual nueva erupción”.
Antes de la erupción de un volcán ocurren temblores en las inmediaciones, dato que se utiliza para monitorear la actividad y poder realizar alertas en caso de ser necesario. “Cuando tienes una caldera en ebullición, esta se sacude. Imagina una cámara magnética en ascenso, es exactamente lo mismo. Tiene un líquido, que es el magma, y los gases arrastran al magma a la superficie”, indicó Muzio. La lava es muy viscosa y necesita el vapor de agua y los gases para entrar en erupción.
Los sismos en las inmediaciones del volcán Calbuco en Chile alertaron a la población, que logró evacuar a tiempo. Le siguió un impactante espectáculo visual de lava, cenizas y gases. La columna de material caliente y gases sube a unos 400 o 500 grados y a los pocos kilómetros de ascenso se encuentra con temperaturas inferiores a los cero grados. Este “choque de masas de temperatura muy contrastante genera dipolos en las partículas, que en determinado momento generan una descarga eléctrica, como un chispazo”, resumió Muzio.
La altura de la columna de cenizas y gases depende del tipo de erupción. La explosividad del volcán Calbuco hace una semana fue grande respecto a casos anteriores, incluso mayor al del Puyehue, que entró en erupción en 2011. El Calbuco tuvo un nivel alto de explosividad, algo “característico por la composición química de sus lavas” y el material acumulado de una erupción anterior hace más de 40 años, explicó Muzio.
Produjo una alta columna de 15 kilómetros de ceniza y gases hacia la atmósfera. El material más grueso suele quedar en las inmediaciones del volcán o a pocos kilómetros. En este caso llegó hasta Bariloche y San Martín de los Andes, en Argentina. Las más finas quedaron concentradas por encima de los 10 kilómetros. Esas son las que afectan a los motores de los aviones, sus engranajes e incluso pueden llegar a provocar cortocircuitos. Al estar tan altas, las cenizas circularon con una corriente que se encuentra a esa altura, conocida como “corriente en chorro”, explicó a Búsqueda Madeleine Renom, doctora en Ciencias de la Atmósfera y profesora adjunta de la Facultad de Ciencias.
A esta altura vuelan los aviones que hacen grandes distancias, por eso la región canceló vuelos internacionales la semana pasada. Renom informó que las cenizas ya pasaron por Uruguay a gran altura. Distinto fue el caso de las cenizas del Puyehue en 2011, que circularon a una altura más baja y afectaron durante varias semanas el tránsito aéreo.
Las cenizas están compuestas principalmente de sílice, un material abrasivo, vidrio volcánico. Puede producir alergias y problemas respiratorios en humanos y en cursos de agua estancada, como lagos próximos al volcán, y generar trastornos para la biodiversidad al quedar en suspensión. Los efectos económicos del Calbuco abarcan desde la imposibilidad de alimentar al ganado hasta la mortandad de peces criados para la venta, una industria muy desarrollada en Chile.