N° 1765 - 22 al 28 de Mayo de 2014
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáEl PIT-CNT ya decidió hacer lo que todo el mundo sabía que sus dirigentes iban a hacer: van a apoyar expresamente al Frente Amplio en las próximas elecciones nacionales bajo la consigna “Ni un voto para la derecha”.
El coordinador de la central sindical, Fernando Pereira, expresó que el objetivo de la central es que “ningún voto de trabajador sea para la derecha”, porque “se plebiscitan dos modelos de país” y “quienes estuvieron antes del Frente Amplio fueron muy negativos para los uruguayos”.
Esto no debería sorprendernos, ya que es correcto que una organización que defiende los intereses de un grupo de ciudadanos apoye a aquellos legisladores o candidatos que, entiende, mejor defienden esos intereses. Así funciona en Estados Unidos, supuesta cuna del “imperialismo”, el “neoliberalismo” y del “capitalismo salvaje”. Si ingresan a la página web de la International Association for Fire Fighters (los bomberos), verán que tienen sus “Diez reglas para hablar a los miembros del sindicato acerca de política” y cómo hacen lobby para sus afiliados.
Allí comentan que las tres cuartas partes de sus miembros comparten que “los sindicatos necesitan invertir tiempo y dinero en política y legislación” pero, antes que nada, “los trabajadores quieren que las acciones políticas realizadas por el sindicato sean para beneficio de los trabajadores y no para beneficio de los candidatos o de los partidos políticos”.
En el mismo sentido, la American Federation of Labor and Congress of Industrial Organizations (una de las dos centrales sindicales) compara en su página web cómo votaron los diferentes congresistas (si a favor o en contra) las leyes que contaban con el respaldo de la central sindical, en un claro mensaje sobre a qué legislador recomiendan apoyar.
Como el PIT-CNT cree en la lucha de clases, tiene una base ideológica marxista y su sindicato más fuerte es el de los empleados públicos, es razonable que apoye a los partidos que están a favor de los monopolios estatales, de las limitaciones a la libertad de comercio, de los altos impuestos y de los que vean al empresario como “el lobo que hay que abatir y no como al caballo que tira del carro”, como decía Winston Churchill.
Pero la gran pregunta es: los empresarios, ¿a quien votarán? Si el comerciante modelo florece en un mercado libre donde fluye la sana competencia y donde ganan los mejores, no los más acomodados, los empresarios uruguayos deberían votar a aquellos partidos que defiendan el liberalismo económico, la menor incidencia del Estado en la vida de las empresas y de los consumidores, así como los que fomenten acuerdos comerciales con países del primer mundo. En definitiva, deberían apoyar un sistema capitalista y no uno estatista.
Pero no es así. Muchos empresarios sostienen que con el actual “modelo” les está yendo bien; no les molestan los monopolios públicos y menos los privados, y disfrutan cuando reciben subsidios o el Estado los “protege” con aranceles contra ciertos productos de extramuros. También celebran cuando el “Banco País” les ofrece créditos “blandos” (de esos que no ofrece el libre mercado) y ni que hablar cuando logran ser proveedores de alguna empresa pública o construyen una “vivienda de interés social” que se vende a casi tres mil dólares el metro cuadrado.
Tiene razón el sindicalista Pereira cuando dice que “se plebiscitan dos modelos de país”: uno socialista y estatista y el otro liberal y capitalista. Lo que no queda claro es cuál modelo apoyarían los empresarios … y qué partido mejor los representa.