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A pesar de que en un principio se había informado que las puertas se cerrarían a la medianoche, gran parte de la madrugada de este jueves, la Basílica de San Pedro se mantuvo abierta y un pequeño grupo de fieles pudo entrar a decirle adiós al papa Francisco
“Al que madruga, Dios lo ayuda”, dice el dicho. Y a los que directamente no se van a dormir, también. Varios que trasnocharon tuvieron “la bendición” de entrar a la basílica de San Pedro y llegar hasta el área reservada para la oración, a solo unos centímetros del féretro del papa Francisco, algo impensado durante el día.
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Dani es francesa, tiene 40 años y llegó a Roma a las 12 de la noche sola, sin conocer el lugar ni el idioma. Haciendo uso de un limitado inglés, llegó a la ciudad del Vaticano a las 2 de la madrugada y para su sorpresa, en cinco minutos estaba dentro del templo. Instantes después, fue una de las pocas personas que pudo ingresar al área de oración. Sus ojos se llenaron de lágrimas. Ese viaje que hizo solo por el día y con el objetivo de dar su último adiós al papa Francisco, había dado sus frutos y con creces.
El silencio abrazaba el interior y los alrededores de la Plaza de San Pedro. Esa zona, que en diferentes imágenes se vio saturada de peregrinos, en la madrugada era un desierto que solo pocos pudieron disfrutar. A pesar de esto, la seguridad fue estricta con quienes ingresaban. “Esto no es para hacer turismo, es una ceremonia para prestar respeto”, indicaba en un tono firme una de las policías que estaba trabajando en el predio. Del mismo modo, sus colegas dentro solicitaban mantener el tránsito fluido e impedían detenerse por más de un minuto para tomar fotos.
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Anabella Aparicio
“Fue una bendición, un sueño, un privilegio”, dijo Teresa, de Portugal. Junto a su esposo José, llegaron a las 3 de la madrugada. No sabían que podían ingresar. Se habían acercado a la zona solo para esperar a su hijo que llegaría más tarde, y se encontraron con la posibilidad de ingresar sin ninguna demora.
Era notorio el asombro y la emoción de los fieles, caminando lentamente mientras contemplaban la inmensidad de un santuario que guarda tanta historia y representa un símbolo del cristianismo. La caminata hacia el féretro dirigía a los peregrinos por el pasaje central hacia el frente del altar donde descansan los restos del papa. Una cerca impedía acercarse a menos de un metro. El recorrido continuaba rodeando el altar, y luego, el camino de salida se realizaba por la zona norte del templo.
Nadie quería abandonar el lugar. La melancolía de la noche, el pesar y la energía concentrada allí, sumado a la belleza arquitectónica, retenía a los fieles, que se quedaban rezando unos minutos antes de irse.
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Anabella Aparicio
“Fue muy lindo ver que todos los trabajadores de seguridad y personal de la salud que han trabajado todo el día, pudieron venir ahora”, agregó Teresa. Uno de los motivos por los que la Basílica estuvo abierta parte de la madrugada, fue precisamente para permitir a funcionarios que han trabajado en la organización, que se dirigieran al lugar para mostrar sus respetos al Santo Padre.
“Francisco dio lugar a todos, era auténtico, predicaba y daba el ejemplo de cómo vivir realmente”, dijo Teresa, quien cree que “sería justo que el próximo papa sea de Asia, pues abriría nuevos horizontes como pasó con América del Sur”. Luis Tagle, de 67 años, es el cardenal filipino que figura en la lista de los posibles sucesores del pontífice.
“Nos habíamos acostado y avisaron que se podía entrar ahora. Nos vestimos corriendo, agarramos las patinetas eléctricas de renta y nos vinimos”, dijo Isabella, de 19 años. Salió de la iglesia con los ojos llorosos, emocionada luego de su despedida a Bergoglio. Ella y su amiga Cristina son de Nueva York, y se encuentran estudiando en Italia. Consideran que el papa argentino las hizo volver a conectarse con su fe porque estaban “descreídas”. Al mudarse a Italia y tener un contacto más cercano con la Iglesia Católica, volvieron a ir a misa y a rezar.
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Teresa y José fueron desde Portugal y se encontraron con la sorpresa de que en la madrugada podían entrar a despedir al papa Francisco
Anabella Aparicio
“Era un papa muy diferente, que estaba siempre en contacto con los jóvenes, incluyéndolos, una persona muy accesible y humilde”, aseguró Isabella.
El colombiano Juan Camilo Pérez no estaba en el Vaticano por la muerte del papa Francisco. “Vinimos por una canonización y a cambio tuvimos un velatorio”, contó. Actualmente radicado en Nueva York, trabaja en la Parroquia San Pancracio y llegó el lunes a Italia para la canonización del joven influencer Carlo Acutis, que estaba prevista para el 27 de abril. Horas después de su arribo, sus planes cambiaron.
“El Papa representó esperanza para el pueblo latino, para los marginados, los pobres, los más oprimidos”, ese es el legado que deja, según Juan, quien tuvo la oportunidad de conocerlo personalmente en 2023. “Yo creo que el próximo pontífice tiene una misión muy grande, y encajar en los zapatos de Francisco no va a ser un papel fácil. Espero que el próximo nos traiga esperanza”, agregó.
Entre quienes trasnocharon para ingresar al templo, había varios argentinos. Una de ellas lucía la camiseta de fútbol de la selección de su país. Otros, sin distintivos, tampoco tenían planes de poder entrar a despedir al papa. Augusto y Luisina, cordobeses y treintañeros, se conocieron horas antes de llegar al Vaticano. La sorpresa fue grande al ver que se podía ingresar, y de esa forma imprevista lograron cumplir el deseo de muchos fieles. Querían acercarse a despedir al pontífice por todo lo que significó su figura para su país y la impronta “progresista” que tuvo. “Es un hecho histórico y nos parecía importante venir”, agregó Augusto.
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Augusto y Luisina, cordobeses y treintañeros, se conocieron horas antes de llegar al Vaticano
Anabella Aparicio
En la misma línea fue Andrea, un joven italiano que muy emocionado recordaba cómo en ese mismo lugar donde estaba ahora, vio asumir al papa que hoy vino a despedir. “Fue el cierre de un ciclo, es increíble”, reflexionó. Su visita en la madrugada se debió a que su amiga Cristina, con una pierna quebrada, llevaba muletas. Al enterarse de que la Basílica estaba abierta luego de medianoche, pensó en que era la oportunidad ideal para evitar las largas filas, que habían llegado a tener una demora de hasta ocho horas el día anterior. “Le pedí que me bendijera la pierna y me recupere pronto”, contó Cristina.
Minutos antes de las 4 de la madrugada se cerró el ingreso a la iglesia. El flujo de personas era casi nulo. Media hora después, comenzaron a llegar una nueva tanda de peregrinos, y las puertas se volvieron a abrir para solo unos pocos que pudieron ingresar, y se volvieron a cerrar antes de las 5.
Con el amanecer, nuevamente la fila de personas comenzó a crecer. Fieles llegaban corriendo para conseguir un mejor lugar. Empezaba otra jornada de un adiós masivo al hombre que marcó un antes y un después en la era moderna del Vaticano y la Iglesia católica en todo el mundo.