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El artista Pablo Atchugarry ofrece su ‘Paloma de la paz’ en la vigilia en el Estadio Centenario
En el marco de la visita del papa León XIV a Uruguay, Pablo Atchugarry creó una nueva versión de su Paloma de la paz, una escultura en mármol que será descubierta durante el encuentro en el Estadio Centenario
El escultor Pablo Atchugarry junto a su Paloma de la paz.
Sin necesidad de demasiadas palabras, una paloma dice mucho. Su imagen está asociada a la paz, la esperanza y la posibilidad de un mundo mejor. Y esa idea universal es justamente la que Pablo Atchugarry quiso traer a Uruguay en un momento muy especial: la visita del papa León XIV al país.
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Pablo Atchugarry con María Noel Riccetto, encargada de develar la escultura en el estrado del Estadio Centenario.
El artista uruguayo preparó una nueva versión de su Paloma de la paz, esta vez realizada en mármol, que será descubierta este sábado 7 de noviembre en el Estadio Centenario, durante el encuentro con el pontífice. La obra formará parte de una jornada histórica y tendrá un momento propio: será María Noel Riccetto quien la devele cuando el papa llegue al estrado.
Para Atchugarry, sin embargo, esta paloma no nació de un día para el otro. La imagen forma parte de su universo creativo desde hace mucho tiempo. Dos años atrás, mientras preparaba una muestra en la abadía de Rosazzo, en Italia, dedicada precisamente al tema de la paz, realizó una escultura de grandes dimensiones que luego fue donada al entonces papa León XIV, en octubre del año pasado. Hoy, esa primera paloma se encuentra en los jardines del Vaticano.
El papa León XIV en los jardines del Vaticano junto a la primera versión de la Paloma de la paz que Pablo Atchugarry creó hace dos años.
La que llega ahora a Montevideo es otra versión, trabajada en mármol. Y tiene una historia que, de alguna manera, une dos lugares y dos momentos. “Metafóricamente, desde Italia, haciendo prácticamente el mismo viaje que hace el papa, para que sea un signo de paz, un mensaje de paz desde Uruguay y que se vuelva universal”, explica el escultor.
La idea de ese viaje simbólico le da a la obra un significado especial. No se trata solamente de una escultura que acompañará una visita histórica, sino de una pieza que funciona como puente entre culturas, geografías y personas. El propio Atchugarry lo vivió así durante el proceso creativo: “Me pareció un momento de mucha conexión”.
La belleza como mensaje
Trabajar sobre un bloque de mármol de más de 500 kilos (que terminó convertido en una pieza de 230 kilos) también tuvo su propia intensidad. La escultura fue apareciendo poco a poco, a medida que el artista retiraba material y encontraba la forma que buscaba. “Cada pedacito que iba quitando de ese bloque iba apareciendo cada vez más fuerte la imagen de la paloma”, recuerda.
La emoción de saber que su obra formará parte de un encuentro de estas características tampoco le resulta indiferente. “Es una gran alegría, una sensación muy linda, muy profunda de estar en este momento histórico”, dice.
Atchugarry tiene claro que el arte puede decir mucho más de lo que muestran sus formas. Para explicarlo, recurre a algunos de los grandes nombres de la historia del arte y a una escena que ocurrió hace siglos en el Vaticano: la insistencia del papa Julio II para que Miguel Ángel pintara la Capilla Sixtina, a pesar de que el artista se sentía, ante todo, escultor. “Si no hubiera insistido tanto, no hubiera hecho nunca esa maravilla que nos dejó”, reflexiona. Y agrega que el arte, desde siempre, ha tenido la capacidad de acercar a las personas. Para él, es “la expresión más alta” del ser humano.
¿Qué espera entonces que encuentre quien se detenga frente a su paloma? Belleza, dice Atchugarry. Pero no solo la belleza de una obra de arte, sino esa capacidad de reconocerla también en nosotros mismos y en la naturaleza.
“La belleza también está en nosotros, está en el ser humano, está en la naturaleza”, señala. Y espera que quien contemple la escultura pueda sentir ese impacto, descubrir su belleza y conectar con algo más profundo. Porque, al final, para Atchugarry, la paz no debería ser un privilegio ni un deseo lejano: “La paz es un derecho de toda la humanidad”.
En el Estadio Centenario, ante la mirada de miles de personas y en una jornada marcada por la visita del papa, la paloma tendrá su momento. Llegará desde el mármol, pero también desde una historia que comenzó en Italia y que ahora encuentra en Uruguay una nueva escala. Su mensaje es bien simple: la paz sigue siendo una tarea de todos.