El discurso del Santo Padre desde la Plaza Independencia, rodeado de autoridades políticas encabezadas por el presidente de la República, Yamandú Orsi —y posterior a las palabras de éste— estuvo cargado de referencias a Uruguay: su historia, sus figuras señeras, su democracia y su matriz energética.
Asimismo, no faltó un análisis humanista, que incluyó referencias a la infancia, la familia, los adultos mayores, los padecientes de enfermedades, de problemas de salud mental y las personas de bajos recursos. Y citas de varios de sus antecesores en la jefatura de la Iglesia Católica Universal.
“Durante estos días tendré la alegría de recorrer algunos lugares de esta tierra, acercarme a su historia y encontrarme con hombres y mujeres que, en realidades muy diversas, forman parte de la vida del país”, manifestó.
Luego procedió a aludir a Florida, ciudad que visitará el domingo 8 de noviembre, y a la virgen de los Treinta y Tres, patrona del Uruguay.
Tras esto, recordó el éxodo del Pueblo Oriental de 1811 y ponderó la figura de José Gervasio Artigas y, en particular, su manida frase, pronunciada durante el Congreso de abril de 1813: “Mi autoridad emana de vosotros y ella cesa por vuestra presencia soberana”. Su análisis posterior vinculó varias imágenes que aparecen en los frisos del monumento a Artigas de la Plaza Independencia.
Entonces, habló de otro hecho histórico: los 40 años de democracia ininterrumpida que se conmemoraron el año pasado en Uruguay. Destacó que la autoridad pública se debe al “servicio al bien común y está llamada a ejercerse dentro del orden jurídico, respetando la libertad y la responsabilidad de los ciudadanos”.
Siguió con una cita de su antecesor, el papa Francisco, quien afirmó que “la noción de bien común incorpora también a las generaciones futuras”. Y el razonamiento se completó con la mención a la responsabilidad sobre el cuidado de los recursos naturales y las fuentes de energía.
“En las últimas décadas Uruguay ha transformado profundamente su matriz de generación eléctrica, que hoy se apoya casi enteramente en fuentes renovables. Es un resultado notable que ha requerido decisiones sostenidas durante años y la participación de diversos sectores del país”, subrayó, y reconoció que hoy el país enfrenta “nuevos desafíos en el transporte, la producción y el uso responsable de la tierra, el agua y la energía”.
Esa “mirada hacia el futuro”, según León, incluye el prestar atención a la “evolución demográfica del Uruguay” y, en este punto, fue contundente: “quien todavía no ha nacido pertenece ya a la familia humana y al futuro de su pueblo”, en clara alusión a la postura de la Iglesia en contra del aborto.
“Su dependencia absoluta de la madre no disminuye la dignidad que le corresponde ni la protección que merece. Jesús mismo quiso asumir esta condición al encarnarse. Acoger una nueva vida requiere que el padre se comprometa junto a la madre, que la familia preste su apoyo y que existan unas condiciones sociales que permitan a ambos criar y cuidar a sus hijos. La protección de quien va a nacer y el apoyo de quienes lo acogen son inseparables”, enfatizó.
En ese sentido habló del valor de la familia como primer agente de socialización e hizo referencia a las palabras pronunciadas por el papa Juan Pablo II: “El futuro de la humanidad se fragua en la familia”.
De acuerdo con el pensamiento de León “cuidar a los más pequeños incluye necesariamente asegurarles una educación adecuada”. Y, en cuanto al trabajo dijo que es “uno de los cauces que permiten a cada persona desarrollar sus capacidades y contribuir al bien de los demás”, aunque nuevamente aludió a palabras de Juan Pablo II (esta vez sin nombrarlo), al decir que “el trabajo está en función del hombre y no el hombre en función del trabajo”.
Esa “mirada hacia el futuro”, según León, incluye el prestar atención a la “evolución demográfica del Uruguay” y, en este punto, fue contundente: “quien todavía no ha nacido pertenece ya a la familia humana y al futuro de su pueblo”, en clara alusión a la postura de la Iglesia en contra del aborto.
Unió esto último con “los rápidos cambios de la tecnología y de la inteligencia artificial”. Así, como lo hizo anteriormente en su encíclica “Magnífica Humanitas”, consideró que el “desarrollo de estas tecnologías debe ampliar las capacidades humanas, facilitar tareas y crear nuevas posibilidades, procurando que la persona que trabaja no quede reducida a una simple pieza prescindible dentro del proceso productivo”.
Los adultos mayores fueron otro de los focos de su exposición. Abordó allí la dignidad fundamental presente en cada persona, independientemente de “lo que produce”, “su trabajo” o “su capacidad de valerse por sí misma”.
Conectó este asunto con la salud mental. “También hoy podemos vivir rodeados de personas, compartir con ellas el trabajo, la calle o incluso el propio hogar, y desconocer el peso que llevan consigo. La soledad, la angustia y la pérdida de esperanza pueden llegar a ser tan profundas que una persona deje de encontrar razones para continuar viviendo”, expresó sobre “la dolorosa realidad del suicidio”.
Para León “nadie debería llegar a sentirse extraño entre los suyos ni pensar que su ausencia importa menos que su presencia” y, para evitar esto, puso como indispensables “la atención sanitaria, los vínculos familiares y la cercanía de la comunidad”.
“Otras formas de sufrimiento se manifiestan en el cuerpo o en las condiciones de vida. La enfermedad, la discapacidad, el dolor físico, la pérdida de autonomía, la pobreza, la falta de trabajo o la exclusión pueden hacer especialmente necesaria la ayuda de los demás”, apuntó.
Y habló de cómo su propia experiencia reciente con la operación a la que fue sometido pocas semanas atrás por un cáncer de pulmón lo llevó “a pensar en tantos hombres y mujeres que carecen de medios para obtener un diagnóstico oportuno o recibir los tratamientos que necesitan”. “Procurar que la atención sanitaria esté al alcance de cada persona, independientemente de sus recursos, es una responsabilidad que interpela a toda sociedad”, dijo.
Otro de los sucesores de Pedro citados en el discurso de León fue Benedicto XVI, cuando dijo que “la grandeza de la humanidad está determinada esencialmente por su relación con el sufrimiento y con el que sufre”.
El compromiso de la Iglesia por “colaborar con cuantos trabajan por aliviar el dolor cuando es posible y por sostener a la persona cuando este no puede ser eliminado” tiene un ribete más relevante, de acuerdo con el papa, por esa “esperanza que no se extingue cuando los recursos humanos encuentran su límite” que brinda la fe en Dios.
Por último, el sumo pontífice recordó a los uruguayos que “la convivencia entre personas de distintas procedencias y tradiciones forma parte también de la historia del Uruguay”. Y destacó la importancia de “la creación de riqueza y la iniciativa económica, tanto pública como privada” y el “carácter laico del Estado” uruguayo.
Sobre la primera, manifestó que el crecimiento económico es necesario para “el desarrollo de un país, pero sus frutos han de traducirse también en bienes y oportunidades que alcancen efectivamente a todos”.