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Innovar, desafiar, romper barreras: el camino de Galería

Las transformaciones de la sociedad han provocado cambios en la revista para adaptarse a diferentes formatos, tiempos y dinámicas, pero siempre manteniendo el objetivo firme de no perder calidad

Editora Jefa de Galería

Eran los años 90, y un periodista que sabía hacer su trabajo observaba la sociedad del momento con una mirada inconformista y el afán de cambiar lo que venía dado. Dirigía Búsqueda, semanario de política y economía, pero entendía que había otros temas que también podían ser interesantes para sus lectores. Pensaba que los uruguayos no se veían a sí mismos porque no tenían dónde verse. Había todo un mundo que sucedía en los ámbitos culturales y en la vida social que no estaba reflejado en ninguna parte. Fue entonces cuando este periodista decidió ir en contra de la corriente y crear un medio nuevo cuyo objetivo fuera cubrir aquellas carencias informativas y culturales.

El 28 de setiembre de 2000, Danilo Arbilla concretaba la publicación, junto con el semanario, del primer número de la revista Galería, bajo la dirección de Mónica Bottero, periodista y editora de Búsqueda desde hacía 12 años. Al principio de la gestación del proyecto, ella no estaba de acuerdo con incluir sociales, pues, como tantos uruguayos, tenía la idea de que eso no era periodismo. Pero era una condición sine qua non para que la revista saliera a la luz, y la realidad le dio una de las tantas lecciones que fue aprendiendo en el ejercicio de ese nuevo periodismo uruguayo: la confirmación de que existía una necesidad muy grande de los uruguayos de verse reflejados.

Junto a los sociales, se encontraban artículos periodísticos sobre literatura, gastronomía, medicina, sexualidad, educación, crianza, cuidado de las personas, salud mental, psicología, y todo lo inherente al ser humano en su complejidad. Siendo hija de un medio reconocido por su calidad periodística, la consigna desde el principio fue: “Esto es tan periodismo como la cobertura de Casa de Gobierno”.

Así fue cómo Galería entró para ocupar un espacio en la sociedad de principios de siglo. Los desafíos fueron muchos. Había que ir a contramano de una cultura que creía que esos contenidos no eran relevantes y que quienes los producían eran periodistas de segunda clase. Y si hablamos de ir a contramano, la perspectiva de género y el feminismo fueron transversales a la revista en cada edición, una línea editorial que va a favor del cambio cultural que la sociedad viene planteando. El periodismo de moda, el periodismo gastronómico eran materias que ya tenían historia en Estados Unidos y Europa, pero que en Uruguay estaban en pañales. Y Galería decidió encarar también ese desafío.

Así fue cómo Galería entró para ocupar un espacio en la sociedad de principios de siglo. Los desafíos fueron muchos. Había que ir a contramano de una cultura que creía que esos contenidos no eran relevantes.

Ha pasado un cuarto de siglo, y esta revista ha demostrado que fue una innovación que la sociedad necesitaba. Se metió en las casas para llevar mensajes que no solían llegar. Santiago Perroni, editor de sociales y empresas, conoció Galería por su abuela, que guardaba los ejemplares en un revistero y luego terminaban apilados en la casa de veraneo. Hoy es su abuela la que comparte los links de las notas de su nieto a sus amigas y les enseña cómo suscribirse. Lo mismo sucedía en la casa de María Inés Fiordelmondo, editora de Mirador internacional. Una vez, cuando tenía unos 12 años, una nota sobre el sodio la dejó medio obsesionada por un tiempo y se convirtió en la policía del sodio de su familia: estudiaba la información nutricional de cada producto que se compraba. Y todo por un artículo de Galería. Objetivo cumplido: introducir en la conversación de las familias temas que importan, que hacen a nuestras vidas; dar información rigurosa y confiable con el fin de que las personas puedan tomar las mejores decisiones para sus vidas. De eso se trata el buen periodismo.

Galería ha crecido porque todo el equipo fue aprendiendo en cada paso. Ha cambiado cuando tuvo que cambiar, adaptándose a los lineamientos de sus directoras. Después de Bottero vino Adela Dubra, luego Daniela Bluth. Cada una le dio su impronta teniendo cabal conocimiento del medio que dirigía, con bases muy profundas.

Los prejuicios nos acompañan desde el primer día por el simple hecho de ofrecer algo distinto. Antes de trabajar en Galería, lo único que Sofía Miranda Montero, editora de redes, sabía de la revista era que tenía una sección llamada De más y de menos (que suponía un tanto antipática) y una entrevista en la última página que leía cada vez que la encontraba en una sala de espera. Entendía que no se trataba de una revista más; Galería era algo diferente. Una vez dentro del equipo, aprendió lo que es el periodismo que aborda los temas con seriedad, investigación, profesionalismo y respeto, sin perder el humor y la belleza que la caracterizan.

Las transformaciones de la sociedad han provocado cambios en la revista para adaptarse a diferentes formatos, tiempos y dinámicas, pero siempre manteniendo el objetivo firme de no perder calidad. “El periodismo es bueno y profesional o es malo y frívolo, el contenido depende de lo que elija el lector, pero no por la temática que aborda es frívolo en sí mismo. Todo eso lo está mostrando hoy el mundo de los y las influencers; unos duran, otros no, otros buscan generar conversación, tener seguidores y tirar cualquier porquería. Pero seguimos pudiendo elegir”, asegura Mónica Bottero en una entrevista que publicamos en este número para hablar de estos 25 años de historia.

Más allá de los cambios que proponga la sociedad y de las circunstancias que traiga cada presente, la clave está en las bases sólidas, las convicciones profesionales y una inmensa labor de equipo. La revista es su historia y su misión, pero también es cada una de las personas que integraron e integran hoy su staff. A ellos, el mayor agradecimiento por el respeto y el compromiso con una tarea que sigue siendo “el mejor oficio del mundo” y que nos inspira a seguir adelante. Pues 25 años después tenemos las mismas ganas del primer día, porque cada semana volvemos a empezar.

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