"Los hombres eligen hombres”. Con estas cuatro palabras Valeria Csukasi, subsecretaria de Relaciones Exteriores, resume de forma magistral el problema que enfrentan las mujeres en la carrera diplomática.
A través de la Red de Mujeres Diplomáticas, estas funcionarias han tomado la inciativa de visibilizar, organizadas y en conjunto, las desigualdades que persisten en el Servicio Exterior
"Los hombres eligen hombres”. Con estas cuatro palabras Valeria Csukasi, subsecretaria de Relaciones Exteriores, resume de forma magistral el problema que enfrentan las mujeres en la carrera diplomática.
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáParecería que ellas los incomodan, las prefieren a cierta distancia. Sabemos que a los hombres les gusta estar entre hombres, jugar a sus deportes, tener sus conversaciones y hacer sus negocios y favores fuera de los ámbitos y horarios de trabajo. Tienen una tendencia en sus círculos a permanecer rodeados de hombres, seguramente porque les gusta sentir que entre ellos se entienden. Cuando en un grupo de hombres aparece un persona del otro sexo el ambiente cambia, los códigos cambian, lo que puede ser motivo de cierta molestia.
Esto puede estar bien en una juntada entre amigos o en un partido de pádel, pero cuando se habla de los niveles más altos de profesionalismo, cuando la representatividad del país en el mapa del mundo está en cuestión, estas tonterías no deberían estar sobre la mesa. Y sin embargo, sigue sucediendo. Hay sectores del gobierno en los que el machismo campea, en pleno siglo XXI.
Hace tres años las mujeres que trabajan en Cancillería se tuvieron que nuclear en una Red de Mujeres Diplomáticas para hacer frente, organizadas y en conjunto, a las desigualdades que persisten en el Ministerio de Relaciones Exteriores, donde cada vez más mujeres ingresan a hacer la carrera diplomática. Mientras los ascensos y los cargos se van logrando por concurso, la paridad es un hecho. Ellas demuestran que están igual de capacitadas y preparadas que ellos. Pero cuando llegan a los cargos más altos, esos que son otorgados por designación directa, ellas ya no parecen ser elegibles.
Aquí sucede otro fenómeno y es que para ser elegible hay que ser visible, y a ellas no las ven porque no entran en el círculo de poder, no están donde se toman esas decisiones. Algunos han llegado a dar el argumento de que no hay mujeres para esos cargos. Sí las hay, solo que parecen invisibles.
Pero en estos ámbitos del Estado en los que todavía las lógicas machistas siguen funcionando, el problema no solo está en acceder a los cargos más altos, que parecen reservados para ellos, sino en aceptar y naturalizar las diferencias. Mientras que por ley toda mujer trabajadora tiene derecho a la licencia maternal y al medio horario por lactancia, a estas funcionarias del Servicio Exterior esos “privilegios” no les son concedidos. De hecho, en la nota que publicamos en este número, una de ellas cuenta que en la junta de calificaciones un embajador al calificar a una funcionaria dijo: “A pesar de estar embarazada, cumplió las funciones que le fueron encomendadas”.
Más allá de las particularidades de cada trabajo y función, el verdadero tema aquí es el compromiso real de todos por vivir en una sociedad más empática, colaboradora, igualitaria, evolucionada, en la que todos nos sostenemos unos a otros sin importar el género o la condición, para que todos vivamos mejor.
Porque no se trata solo de valorar a esa mujer como corresponde y se merece. Se trata de valorar y cuidar la red familiar, el tejido social en el que ella está inmersa, y del que los hombres, pertinentemente, también forman parte. El bienestar de ella es el de su familia, el de sus hijos, que también son los hijos de un hombre, que seguramente quiera que vivan felices. Con esto quiero decir que los hombres que no eligen a estas mujeres para esos altos cargos bien querrían que a sus hijas, esposas y hermanas les dieran esa oportunidad por la que han trabajado duro.
Una mujer con buenas condiciones laborales querrá ser madre, tal vez más de una vez, y aportar a la natalidad del país. Pero resulta difícil ante una calificación que habla del embarazo como si fuera un problema. Después escuchamos a estudiosos de la demografía y políticos rasgándose las vestiduras al ver las cifras de natalidad en el país, sin detenerse a observar las barreras laborales que las mujeres deben sortear para decidirse a tener un hijo.
Desde estas páginas, apoyamos a las mujeres diplomáticas que han tenido la iniciativa de unirse en una red para enfrentar juntas las brechas y desigualdades que aún hoy siguen existiendo en el Estado uruguayo.