¡Hola !

En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, tu plan tendrá un precio promocional:
$ Al año*
En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
* Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

¡Hola !

En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, por los próximos tres meses tu plan tendrá un precio promocional:
$ por 3 meses*
En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
* A partir del cuarto mes por al mes. Podés cancelar el plan en el momento que lo desees
stopper description + stopper description

Tu aporte contribuye a la Búsqueda de la verdad

Suscribite ahora y obtené acceso ilimitado a los contenidos de Búsqueda y Galería.

Suscribite a Búsqueda
DESDE

UYU

299

/mes*

* Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

¡Hola !

El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá

Luis Pérez Aquino, presidente del Sodre: “Tuve que pagar un precio altísimo por haber elegido esta carrera: la soledad”

Edad: 62 Ocupación: presidente del Sodre, pianista, gestor cultural Señas particulares: Colecciona especias, tiene cuatro pianos, sus tres perros se ponen debajo del piano cuando toca, estudió en Polonia

Coordinadora de Sociales

Tita, Milonga y Roma son sus tres perritas, ¿cuál es su preferida?

Tita. Se llama así por la Merello, es la más chiquita, la más veterana, la privilegiada, tiene acceso incondicional a todo. Amo a los perros y siempre adoré los doberman, pero ahora tengo una cimarrón, una schnauzer y una ovejero belga. Duermen en la cama, se pelean y se ponen debajo del piano cuando toco. Tengo una vida muy tranquila en contacto con la naturaleza, en mi jardín, y hago caminatas por la playa.

Y ahora su vida se revolucionó un poco, ¿por qué decidió aceptar la presidencia del Sodre?

Porque me comprometí con un proyecto de país y con un proyecto cultural. Yo adoro esta casa en donde siempre me trataron con mucho amor. Cuando me lo propusieron lo pensé muchísimo y gente que quiero, sobre todo artistas en quienes confío, hicieron fuerza para que aceptara. Pensaron que este era el momento de mi vida para hacerlo. Vengo de una carrera sólida como pianista y en cuanto a la gestión, estuve en Canelones como director de Cultura Artística.

Hablamos sobre cultura, películas, discutimos de libros, de cocina, porque él cocina muy bien y es un gran anfitrión. Es un amigo leal. Pero nunca hablamos de ocupar ningún cargo en el gobierno. Se dio naturalmente.

¿Qué desafío plantea para el Sodre?

Estamos perfilando una gestión para que los elencos brillen y lleguen a todo el territorio. Eso es fundamental para mí. La territorialidad del Sodre es nacional, tenemos que redoblar su presencia. Pienso que el desacierto desde la centralidad montevideana es llevar el mismo espectáculo que tenés acá, pero no sabés lo que ellos quieren. ¿Y por qué no traer el interior e involucrar a los artistas locales, que los hay de gran nivel? Por lo menos, me imagino una intervención en cada ciudad importante. Y lo vamos a conseguir, es la idea y en eso somos obstinados.

Empezó estudiando acordeón, ¿cómo llegó al piano?

Todo empezó como a los 10 años, cuando llevaba cosas de la panadería de mi padre a un colegio de monjas. Les pedí que me enseñaran música y empecé con el acordeón. Después me quebré la pierna andando a caballo y ya no lo podía tocar. La monja fue muy viva y me puso a tocar el piano. Fue un viaje de ida. Ahí se declaró la guerra cuando le dije a mi padre que quería ser pianista, él se oponía férreamente. Por suerte, un médico y su esposa me contactaron con el maestro Santiago Baranda Reyes, que me dio clases. Yo estaba dispuesto a hacer lo que fuera para lograrlo, llegaba tarde al liceo, me escapaba para estudiar el piano; la gente me prestaba su piano y se armó una cruzada en el pueblo, entonces mis padres no tuvieron más remedio que ceder. Si bien nunca fueron a verme a un concierto.

¿Eso le dolió?

Dolió. Ya no. Ya no me duele. La resiliencia es brutal. Cuando estoy en el escenario, toco para todos, pero a mí me ayuda mucho tocar para alguien. Pensaba que podía tocar para los míos, pero ellos no iban a verme. Esa situación me dejó un poco vulnerable, sin las herramientas emocionales para enfrentar una carrera tan sacrificada como incierta. Me sentía emocionalmente flojo y crecí flojo desde ese aspecto.

(Con Yamandú Orsi) Hablamos sobre cultura, películas, discutimos de libros, de cocina, porque él cocina muy bien y es un gran anfitrión. Es un amigo leal. Pero nunca hablamos de ocupar ningún cargo en el gobierno. Se dio naturalmente. (Con Yamandú Orsi) Hablamos sobre cultura, películas, discutimos de libros, de cocina, porque él cocina muy bien y es un gran anfitrión. Es un amigo leal. Pero nunca hablamos de ocupar ningún cargo en el gobierno. Se dio naturalmente.

El municipio de Tala, su pueblo natal, lo reconoció durante el 162° aniversario de la ciudad, ¿cómo fue volver?

Al pasar los años, te vas alejando de los lugares y los vínculos se van diluyendo. Fue un gesto amoroso de Orsi porque yo no iba a esa ceremonia, tenía resistencia a volver a Tala, aunque he apoyado un montón de causas. Entonces, él me pidió que lo acompañara y la verdad es que me cuidó emocionalmente porque yo estaba tenso, pero no la pasé mal y hasta conocí a un sobrino. Sentí que algo se había curado, se ve que me faltaba ese empujoncito. Fue sanador, volví mucho más sereno conmigo mismo.

Cuando ganó la beca en Polonia, ¿dónde vivía?

Cuando me fui de mi pueblito tenía veintipico, para mí fue un shock. Vivía en una residencia estudiantil para músicos, había una competencia feroz, tenía un maestro extremadamente estricto que me ayudó muchísimo a crecer y a entender la disciplina. Siempre fui un espíritu libre, lo sigo siendo, pero ahora un poco más consciente de que tuve que pagar un precio altísimo por haber elegido esta carrera: la soledad. Si bien es elegida, también, a veces me la cuestiono, ¿habré hecho bien en quedarme solo?

¿Le gusta que le pidan tocar el piano en reuniones?

Lo detesto. Si a donde voy hay un piano, aviso antes porque no lo disfruto. Además, se me nota y te puedo hacer sentir muy incómodo, con la mirada nada más. Pero si querés hacer una serenata musical, nos preparamos, voy y toco el piano. O venís a mi casa y tocás mi piano.

¿Qué le gusta cocinar?

En Polonia aprendí comida centroeuropea, pero también me gusta la étnica. Soy bastante sibarita, tengo una colección de especias que me traigo de los viajes o me regalan. Ese es el mejor regalo que me pueden hacer.

Cuando viaja, ¿qué lugares visita?

Evito los circuitos turísticos y siempre me las ingenio para hacerme amigo de algún locatario que me lleve a donde ellos comen. En Roma me gusta ir al Trastévere. Conozco unas familias trasteverinas que siempre me reciben con platos típicos, como la tripa a la romana o alcachofa a la judía. Cuando voy a Bahía, me gusta ir a aldeas de pescadores o a casas donde pruebo comida genuina. Hace un par de años fui a Colombia y me dediqué a recorrer haciendas del café, soy bastante cafetero. Cuando viajo me traigo recetas que después hago en casa para agasajar a mis amigos, lo disfruto mucho. Después de probar lo sofisticado, volvés a la simplicidad. Me parece que cocinar es un acto de amor, porque la magia está en lo simple.

// Leer el objeto desde localStorage