¡Hola !

En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, tu plan tendrá un precio promocional:
$ Al año*
En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
* Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

¡Hola !

En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, por los próximos tres meses tu plan tendrá un precio promocional:
$ por 3 meses*
En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
* A partir del cuarto mes por al mes. Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

Marcos Ramírez y Gastón Musetti: "La adopción también se da en un vínculo biológico; adoptar, adaptar, entender que lo que hay ahí es un otro"

La de Marcos y Gastón es una de la tres historias de paternidad a través del camino de las adopciones que recopiló Galería y que representan tres formas diferentes de configurar una familia

Live Blog Post

Galería­ reunió a cuatro padres que adoptaron a sus hijos y sus hijos los adoptaron a ellos, dando un salto ciego al mismo tiempo. La gran protagonista de todos esos procesos fue la paciencia, y el posterior denominador común, el amor. Sus historias muestran a la adopción no solo como la incorporación de un niño a una familia sino como el fino arte de la construcción de un vínculo, una experiencia mutua de aceptación y una reafirmación de la voluntad de ser padre.

La historia de Marcos Ramírez y Gastón Musetti, psicólogos del Espacio Artístico Clínico Casa Almargen

_MAU3353.JPG
Cómo viven la paternidad Marcos y Gastón.

Cómo viven la paternidad Marcos y Gastón.

Marcos y Gastón siempre pensaron en la idea de ser padres independientemente de la pareja; era un proyecto de cada uno que terminaron concretando juntos. El deseo estaba y los impulsó a averiguar cuáles eran los distintos caminos que tenían para seguir. Ninguna de las opciones les resonó tanto como la posibilidad de adoptar, y hoy son los papás de una niña de dos años.

Cuando emprendieron esta aventura de estar juntos el matrimonio igualitario ni siquiera estaba reglamentado, y para poder adoptar tuvieron que documentar con dos testigos sus cinco años de convivencia. El primer paso fue encargarse de los temas más burocráticos. Consideraban que, comzo se trataba casi que literalmente de “tener un hijo con el Estado”, cuantas más cuestiones en regla, mejor. Era una forma de legitimar el vínculo.

Pero eso no era nada comparado con el proceso que requería todo el tiempo estar reafirmando la propia decisión. “Empezamos a hablar con la gente y empezaron a aparecer los prejuicios por todos lados. Nos hacía parar y preguntarnos: ¿nosotros queremos hacer esto?”. Había que convencerse muchas veces, pero en el caso de ellos la respuesta siempre se mantuvo afirmativa.

Aparecían los miedos a posibles enfermedades, una demonización de la familia de origen y muchas otras preocupaciones que no eran del todo suyas. Marcos no pudo evitar mencionar la interseccionalidad (enfoque que concibe el sexo, el género, la etnia, la clase social o la orientación sexual como categorías que interactúan creando múltiples niveles de injusticia social), ya que en un momento le preocupaba el tema de la ascendencia en relación al racismo: “Me imaginaba peleándome con el mundo y esta sociedad en la que vivimos, con una discriminación estructural. Ser una familia queer e interracial era un desafío muy grande y me daba miedo convertirme en un padre enojado”, cuenta.

Al momento de embarcarse en un proyecto de adopción, los futuros padres deben establecer de antemano las características o condiciones del niño o niña que adoptarían, algo que puede provocar incomodidad en quienes están transitando el proceso, mientras que en el resto de la sociedad son elecciones que se toman sin más explicaciones. “Lo difícil es hacer explícitas (por escrito) las decisiones que cualquier otro toma sin hacerlas explícitas. Porque en general cuando un hombre y una mujer se juntan, el tema de la genética ya está más o menos a la vista. Acá tenés que decir si estás dispuesto a criar a alguien que tenga una discapacidad, y son preguntas que todo el mundo debería hacerse”, opinan.

Marcos y Gastón recuerdan particularmente un viaje a Brasil, a la ciudad de Osório, “bastante conservadora”, en donde los brasileños se acercaban mucho a la pareja y la nena para mostrar su apoyo. “En realidad fue una decisión bastante egoísta, queríamos ser padres”, señaló Gastón. La que fue verdaderamente valiente, según los chicos, fue la madre biológica de la niña, quien tomó la decisión “en contra de mandatos y sin importarle ser juzgada” de poner a su hija en adopción teniendo ya su vida armada y dándoles la oportunidad a ellos.

En una entrevista durante el proceso de adopción, la pareja dijo que estaba dispuesta a recibir un bebé recién nacido, directamente del hospital. Lo que no sabían es que la llamada llegaría un viernes a las dos semanas de esa entrevista por una bebé de siete días que ya tendrían en brazos al lunes siguiente. Estaban muy conmovidos, tenían un fin de semana para preparar todo durante el cual pasaron separados para canalizar correctamente todo lo que sentían; Gastón, en casa con sus padres, y Marcos, en el apartamento a solas con el gato. A diferencia de todo el proceso, en el que el más emocional siempre había sido Marcos y el más aterrizado Gastón, ante la inminencia del acontecimiento, la emoción inundó a Gastón e hizo que Marcos tuviera que adoptar el lado más pragmático: “Me tocó decir: capaz que no es. Porque vos te hacés un perfil más o menos de lo que estarías dispuesto a integrar, pero después puede haber cosas que vos no acordaste. ¿Y ahí? Ese era el último momento para decidir”, cuenta. Pero ese no fue el caso. Afortunadamente, estuvieron de acuerdo con el informe y les mostraron una foto de la beba, que ya traía un nombre y que respetaron.

Ambos están preparando un cuaderno forrado con un body que venía en la bolsita de ropa junto con la niña, donde van escribiendo su historia en formato infantil para que ella pueda ir leyendo más adelante. “Queremos contarle desde el momento uno, que creíamos que iba a ser más adelante, pero en el jardín ya empiezan a preguntar que si todos tienen dos papás… Ella todavía no preguntó nada, esa es la medida que usamos para empezar a hablarle de algunas cosas”.

¿Qué le dirían a una persona que hoy está considerando integrar un niño o una niña a través de la adopción?

Que sí. Y que no busquen estandarizar un vínculo. Es como paradójico, porque cada niño o niña trae algo nuevo, entonces no tiene sentido buscar esa estandarización cuando ni siquiera sabías cómo iba a ser tu hijo o hija, ¿qué vas a estandarizar?

La adopción también se da en un vínculo biológico; adoptar, adaptar, vos tenés que entender que lo que hay ahí es un otro y un hijo biológico también tiene que aceptarte, y puede rechazarte. La adopción también se da en un vínculo biológico; adoptar, adaptar, vos tenés que entender que lo que hay ahí es un otro y un hijo biológico también tiene que aceptarte, y puede rechazarte.

Gastón y Marcos vienen a dar un batacazo a todas las estructuras, también a las de género. Cuando su hija apareció en sus vidas, “toda una red de mujeres se desplegó y fue impresionante”, mientras la mayoría de sus amigos varones brillaron por su ausencia. “Amigas traían colecho, algodón, cosas que nosotros no teníamos ni idea que necesitábamos, óleo calcáreo, era todo muy amoroso”, contaron.

En lo que perciben como “el contexto de un país bastante homofóbico”, involucrar a las familias fue un proceso doloroso, al menos en el caso de Marcos. Su padre no está de acuerdo con que dos papás adopten. “Y después el cómo se comportaron con la llegada de ella. Por ejemplo, si nace tu hijo, te van a ver al hospital ese día o al siguiente, acá papá se apareció 15, 20 días después a conocer a su nieta. Claro, la gente no sabe cómo relacionarse porque no hay mamá, no hay fin del parto”, señala Marcos.

A él le gusta hablar (como una vez leyó) de la familia como circo y teatro, como una creación, y no como sangre y leche. “Quienes han cuidado más a nuestra hija cuando necesitamos fueron más amigos y vecinos que familia”, cuentan. En parte así lo decidieron, porque ninguno se ve del todo representado en el modelo heterosexual de sus padres y considera que las referencias pueden ser otras. “Ser madre y dar pecho no te asegura cercanía, nosotros vemos como la potencia a nuestra hija estar en diferentes brazos y no que la única que esté en ese lugar de protección y nutrición sea una madre o los padres. Es muy conmovedor verla con amigos, como esa cosa de tribu, y lo interesante que va a ser ver cómo va a influir eso en su desarrollo”, cuentan.

“El mundo de la familia está estructurado desde el lugar de la sangre, del de la madre biológica”, recalcan, pero, para ellos, los padres adoptantes son también padres biológicos en la medida en que la presencia de un bebé transforma su cerebro; “con la paternidad tenés una transformación en todos los niveles”. Una de las mayores dificultades para ambos es poder relacionar su vida de padres con sus otros proyectos personales y administrar el tiempo, la energía, y “aprender a repartirse”.

INAU, como organismo competente en seleccionar familias adoptantes para restituir el derecho a vivir en familia a niños, niñas y adolescentes, dicen que funciona, pero que tiene algunos defectos institucionales que terminaban volcados sobre ellos. “Muchas veces nos sentíamos responsables de algo que funcionaba mal y no era cosa nuestra”. Lo mismo sucede con las instituciones de salud o educativas en general, donde transcurren los niños en su primera infancia, a las que les falta “una transformación muy profunda”.

“Escuchar a una pediatra preguntarnos por qué la regalaron o cada cuánto le dábamos teta; o que nos pidan la firma de la madre y el padre, querer registrarla y que como todavía no terminamos el proceso de adopción y en la lista desplegable de vínculos madre, padre, hermano/a, abuelo/a, tío/a no figura nada sobre (nuestro caso de) adopción, se nos ponga como sin vínculo... Aprendimos que esto va a ser así, vulnerados, porque no hay un pensamiento queer en la concepción de familia. Se entiende como heterosexual, los padres en el colegio asumen que sus hijos son heteroseuxales, y no se piensa de otra forma el contenido educativo”, concluyen los papás.