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Mucho más que buenas maneras

Las buenas maneras vuelven a estar de moda. Personalmente, siempre las he encontrado muy útiles; abren puertas, neutralizan suspicacias, incluso desarman a personas exaltadas o desagradables

Columnista

The Economist se hacía eco no hace mucho de una tendencia que cobra cada vez más adeptos en los países anglosajones y también en China: el interés por los buenos modales. Sí, como lo oyen.

Puede que el mundo esté cada vez más lleno de personas que eligen comportarse como energúmenos, pero, quizá como reacción, al mismo tiempo proliferan los gurús de la etiqueta, que ganan fortunas explicando cómo debe uno actuar en sociedad. Y no, no se trata de enseñar a empinar el dedo al tomar té (una cursilada, dicho sea de paso). Ellos sostienen que conocer las reglas que rigen en cada cultura refuerza la confianza en uno mismo al tiempo que transmite empatía, cercanía y, por tanto, facilita las relaciones en los negocios y también en la vida personal.

Sara Jane Ho, joven china que ha convertido su programa de Netflix en uno de los más vistos del gremio, argumenta que, lejos de ser algo del pasado, las buenas formas son un modo inconsciente y muy directo de llegar al corazón de otros. Al fin y al cabo (y esto no lo dice Ho, sino yo) hasta los animales tienen sus rituales y protocolos que les permiten desde aparearse hasta mantener a raya a un adversario.

Siempre me ha encantado leer libros de buenas maneras. Los hay divertidísimos, como el Juanito, que allá por finales del XIX abría los ojos del muchacho “a la armonía en la instrucción con el recreo que proporciona fecundos resultados tanto morales como intelectuales”. También tiene su lado descacharrante la Biblia de los buenos modales, el Debrett’s Etiquette and Modern Manners, que hasta hace unos años aconsejaba qué había que hacer si, en una elegante residencia campestre, coincidía un camino del cuarto de baño a altas horas de la madrugada con un obispo (y la respuesta a esta inquietante pregunta es llamarle your grace y dejarle pasar primero). El Debrett se reedita ininterrumpidamente desde 1769 y en cada edición incorpora nuevas reglas.

Conviene prestar atención a esos secretos mensajes (actitud, lenguaje corporal, etcétera) que enviamos a todas horas y otros captan de modo inconsciente porque son los que configuran lo que habitualmente se conoce por personalidad, carisma, forma de ser… Conviene prestar atención a esos secretos mensajes (actitud, lenguaje corporal, etcétera) que enviamos a todas horas y otros captan de modo inconsciente porque son los que configuran lo que habitualmente se conoce por personalidad, carisma, forma de ser…

Según acabo de enterarme, ya no está bien visto, por ejemplo, que las señoras permanezcan sentadas cuando les presentan a un hombre; bien al contrario, es preceptivo levantarse y saludar “sin desmedida efusión”. Otros retazos de sabiduría que uno aprende leyendo este tipo de publicaciones son los mil matices que existen entre las distintas culturas. Lo que en una está considerado de buena educación resulta chocante en otra. Por ejemplo, abrir un regalo. Entre nosotros, es costumbre hacerlo delante de quien regala; en los países asiáticos, en cambio, se considera toda una grosería.

Total y para resumir: me da mucha alegría saber que las buenas maneras vuelven a estar de moda. Personalmente, siempre las he encontrado muy útiles; de hecho, hace unos años, Marta Robles y yo publicamos un ensayo al respecto porque abren puertas, neutralizan suspicacias, incluso desarman a personas exaltadas o desagradables.

En China, donde desde tiempos de Confucio las buenas maneras forman parte de su cultura, tienen uno de esos proverbios que son de pura lógica y que, sin embargo, todos olvidamos a diario y es este: “Aquel que no sabe sonreír no debería abrir una tienda” —que es tanto como decir que la amabilidad da buenos réditos—. A este retazo de sabiduría popular Sara Jane Ho, (que se ha hecho de oro con su programa en Netflix) añade que los buenos modales nos reinventan y lo explica con esta enseñanza de su abuela, que también me ha dejado cavilando: “Quién eres y el aspecto que tienes hoy es el resultado de cómo has vivido tu vida 10 años atrás. Por tanto, presta atención a tus hábitos y la forma de comportarte mañana porque de eso depende cómo serás dentro de otros 10”.

Y no solo físicamente, habría que añadir; también conviene prestar atención a esos secretos mensajes (actitud, lenguaje corporal, etcétera) que enviamos a todas horas y otros captan de modo inconsciente porque son los que configuran lo que habitualmente se conoce por personalidad, carisma, forma de ser… O dicho con otro retazo de vieja sabiduría oriental: “Tú eres tu propia arcilla, de ti depende moldearte con inteligencia y astucia”.

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