Una señora mayor se acerca a una parroquia para iniciar el proceso de confirmación de su fe. Le cuenta al sacerdote que fueron sus nietos quienes la impulsaron a dar ese paso.
Mientras que el porcentaje de católicos cae en todo el mundo, varios países registran un aumento de bautismos de adultos, una señal de cambio en la manera de vivir la religión y de un crecimiento de la espiritualidad como búsqueda personal más que por tradición familiar
Una señora mayor se acerca a una parroquia para iniciar el proceso de confirmación de su fe. Le cuenta al sacerdote que fueron sus nietos quienes la impulsaron a dar ese paso.
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáEl cardenal Daniel Sturla lleva 14 años como obispo y 12 como arzobispo, pero recién en los últimos cuatro años empezó a encontrarse con escenas como esta, que poco a poco van dejando de ser excepcionales. “Es algo muy muy interesante que se está dando, que me parece medio extraño. No lo veía cuando empecé como obispo como lo veo en estos últimos cuatro o cinco años”, cuenta a Galería.
Año a año, estudios como el Latinobarómetro ubican a Uruguay como el país con menor religiosidad de América Latina, con una drástica disminución de católicos en las últimas décadas: aunque sigue siendo la religión más predominante en el país, pasaron de ser aproximadamente 60% en los años 90 a alrededor del 36% en las encuestas de 2023 y 2024.
Pero mientras son cada vez menos quienes se identifican a sí mismos como católicos practicantes, dentro de la Iglesia ocurren algunos movimientos que llaman la atención. Sturla lo resume con claridad: “No creo que suba o haya subido en este tiempo el porcentaje de aquellos que se dicen católicos. Lo que sí noto es que hay dentro de la Iglesia un renovado impulso. Hay más gente adulta que se acerca a la práctica de la fe”.
Su percepción coincide con la de Miguel Pastorino, doctor en Filosofía y especialista en filosofía de la religión. Mientras que las cifras del catolicismo al que cataloga como “nominal o social” —quienes se consideran católicos por crecer en una familia católica— vienen cayendo “estrepitosamente” en Europa y América, desde los 90 se registra un incremento de quienes son católicos “por conversión” u “opción de vida”. Esto quiere decir que, cada vez más, el catolicismo deja de ser una herencia o tradición familiar —lo que muestran los datos en todo el mundo— para convertirse en un camino espiritual elegido y consciente.
En Uruguay, de momento, son percepciones que crecen, pero que no están respaldadas en cifras dentro de la Iglesia católica. “Están cuantificados los bautismos, las comuniones, las confirmaciones, pero lo que tenemos que empezar a hacer es separar por edades, para tener datos más seguros”, dice Sturla. Estos datos permitirán, justamente, medir aquello que es visible y que en otras partes del mundo se está evidenciando: pese a la tendencia general a la baja en número de creyentes, la Conferencia Episcopal francesa anunció en abril que más de 10.000 adultos serían bautizados en 2025, un aumento del 45% con respecto al año anterior, acompañado, también, de un crecimiento de un 20% en las ventas de la Biblia en librerías religiosas.
Cifras similares se registran también en el Reino Unido, España y Bélgica. Pew Data Research analizó los antecedentes de los catecúmenos (quienes inician la formación cristiana sin estar bautizados) y detectó que un número cada vez mayor declaró no tener tradición religiosa y provenir de entornos no cristianos. En Estados Unidos, en tanto, este centro de investigación independiente también mostró un cambio en el clima de opinión; no un aumento en la práctica religiosa, sino una mejora en la valoración social de la religión en todos los grupos: desde los jóvenes y adultos hasta los demócratas y republicanos, religiosos y ateos.
En un plano mucho más simbólico que cuantificable, están el cine, la música, las redes sociales. Más allá de Cónclave, nominada al Oscar, películas como la francesa Sacré Coeur (Sagrado Corazón) y la española Los domingos se convirtieron inesperadamente en éxitos de taquilla, lo que para muchos habla de un resurgimiento del interés católico en la cultura popular. En paralelo, el Instagram del medio alemán Deutsche Welle publica videos del festival en el que tocó el portugués Guilherme Peixoto, un cura DJ que convoca a miles de jóvenes en todo el mundo con su música electrónica, mezclas en las que añade frases del papa Francisco, como “No se metan en la cola de la historia, sean protagonistas”, o “Jueguen para adelante, construyan un mundo mejor”.
“Desde que el papa Juan Pablo II estuvo en Uruguay hasta ahora, el catolicismo cayó un 30%. Hay que distinguir los fenómenos culturales masivos de la adhesión a un grupo religioso”, dijo el sociólogo uruguayo especializado en religión Néstor da Costa.
A todo esto se suma el regreso de la española Rosalía con su disco Lux, que rompió récords en Spotify como el debut más grande de una artista latina. En la portada del álbum, Rosalía aparece vestida con un hábito blanco, una imagen que anticipa la fuerte temática religiosa y espiritual de sus 18 canciones, inspiradas en santas, en la mística femenina y con una gran apropiación estética y conceptual del catolicismo, también en sus videoclips. “Resueno en el budismo, en el islam, en el cristianismo, en el hinduismo”, dijo la cantante en una entrevista. “A mi relación con Dios no me atrevería a ponerle palabras”, afirmó, luciendo el halo rubio que lleva teñido en la cúspide de su pelo castaño oscuro, lo que simula una corona angelical. Para rematar, el color del año 2026, según Pantone, será el blanco, asociado a la pureza.
Pero ni los éxitos de taquilla, ni el aumento en las ventas de la Biblia, ni el monumental éxito del disco de Rosalía hablan realmente de un regreso masivo al catolicismo o a cualquier otra institución religiosa. Lo que todo esto y los datos de bautismo en adultos revelan, no obstante, es un fenómeno de búsqueda espiritual y de cambio en la manera de manifestar la fe. “El caso de Rosalía en España ha generado un impacto tremendo, y que parece como un reverdecer de la identidad católica. Yo no creo que sea para tanto. Lo que hay que ver es que cierta estética católica o cierta búsqueda espiritual en nuevas generaciones en Europa y América se nota”, apunta Pastorino.
“El número de catecúmenos adultos no compensa en absoluto la caída en los bautismos de bebés”, dijo el sociólogo Yann Raison du Cleuziou al periódico francés La Croix.
Una visión similar es compartida por el sociólogo uruguayo especializado en religión Néstor da Costa, para quien no existe una revitalización, sino que los datos estadísticos demuestran lo contrario, y la idea de revival es un discurso utilizado para promover el catolicismo. El sociólogo compara el fenómeno de Rosalía y los éxitos cinematográficos con la visita del papa Juan Pablo II a Uruguay. “Cuando vino, juntó 250.000 personas en una noche. Nadie esperaba 250.000 personas en un espacio público montevideano. ¿Esto se traduce en más gente católica? No. Desde que el papa estuvo acá hasta ahora, el catolicismo cayó un 30%. Hay que distinguir los fenómenos culturales masivos de la adhesión a un grupo religioso”, sentencia. Hay una búsqueda de espiritualidad y trascendencia, aunque no “según como las Iglesias quieren que se dé”. Y la cantante española logra sintonizar con la búsqueda de estos jóvenes. “Lo de Rosalía es un olfato enorme de una tendencia sociocultural, que puede quedar en las canciones y no pasa más nada”, subraya.
Para Pastorino, por su parte, la mayor conversión de adultos al catolicismo —o de quienes, siendo católicos, profundizan su experiencia en la adultez— es un fenómeno que sí se asocia a la explosión de búsquedas espirituales. En ese sentido, considera que los datos muchas veces no reflejan el verdadero nivel de religiosidad de una población, ya que se tiende a reducir lo religioso únicamente a lo institucional. Las encuestas se limitan a preguntar si la persona es religiosa y, ante un “no”, lo interpretan como ateísmo, sin indagar qué hay más allá. Y es ahí, en ese trasfondo, donde está la creciente espiritualidad, que no es menos que tener fe, que creer que existe algo más grande que uno mismo. “Por un problema de estadísticas, incluso los investigadores asocian por error un descenso de la práctica institucional con un descenso de la fe. Y eso es un error catastrófico. Que haya menos gente yendo a misa no quiere decir que haya menos vida espiritual” y, por ende, vida religiosa. “Te hablo del reiki, por ejemplo. Vos creés en una energía que transmitís por las manos a distancia. ¿Eso qué es? Cuando hablo de creencias sobrenaturales o en realidades espirituales, hablo de una forma religiosa”, sostiene el filósofo. Lo mismo aplica a muchas otras prácticas espirituales, desde el yoga hasta la meditación, la astrología o la creencia en energías.
Florencia Raurich (33) no creía en Dios. Pertenecía a una familia creyente, aunque no practicante, que la llevó de niña a una parroquia para que tomara la comunión, aunque sin éxito. Se aburrió y abandonó el proceso. Hace 11 años, una amiga la invitó a sumarse al Proceso Comunitario para la Confirmación (PCC). Florencia se propuso, como desafío, asistir a cinco encuentros. Hoy es catequista y coordinadora de esta propuesta que recibe año a año cada vez más jóvenes y adultos. “No creía en Dios, pero creía en ella (su amiga) y fue de lo mejor que me pasó”, asegura.
Junto con Martina García (25), también coordinadora, son testigos del crecimiento en cantidad de jóvenes que se acercan por interés propio, sin necesariamente contar con un sostén familiar en la fe. Muchos llegan solos, impulsados por su propia búsqueda personal, apuntan. “Diríamos que son pocos los casos de personas que provienen de familias realmente practicantes. Es una búsqueda muy personal, que va más allá de la influencia familiar”. Eso se refleja, también, en que cada año, dentro del proceso, unos siete u ocho adultos se bautizan y toman la comunión.
En general, quienes llegan lo hacen a través del boca a boca. Ven algo distinto en un amigo o amiga que forma parte del grupo y aceptan la invitación, aunque detrás suele haber algo más profundo, como el deseo de pertenecer a un grupo, de tener un espacio en la semana para frenar, reflexionar sobre cómo están, animarse a hablar y sentirse escuchados, dicen las coordinadoras. Este proceso se presenta para todos como una oportunidad de conectar con su fe desde un lugar más adulto y consciente. “La experiencia del proceso te enseña que la fe se vive en comunidad”, señalan.
Acerca de lo que motiva a los jóvenes hoy a formar parte de comunidades en torno a la Iglesia, el coordinador de la Casa de Exalumnos/as Salesianos, Martín Silva, dice que hay una búsqueda de pertenencia, de sentir que “soy parte de algo más grande” o “no soy yo solo en este mundo, sino que hay algo más”, además de tratar de dar respuesta a su dimensión espiritual, muchas veces apagada. “En un mundo de tanto consumismo, de correr de un lado para el otro, de tener poco tiempo para uno mismo, los espacios de comunidad son oportunidades para prestar atención a otras cosas, a dar respuesta a esa dimensión espiritual que todos tenemos. A través de distintas propuestas, logran conectar con cosas reales que les están pasando. No es una búsqueda individual, es algo que me pasa, que con otros lo pongo en juego y nos vamos acompañando”, asegura el coordinador. Además de los encuentros semanales, se organizan ollas populares y catequesis en barrios vulnerables, entre otras actividades.
El cardenal Sturla considera que dentro del catolicismo, lo que percibe es “una fe vivida distinta de la que se vivía en los años 70”, que solía estar más sostenida en la fuerte tradición cristiana, identificada con el compromiso social con una formación que incentivaba a “cambiar el mundo”. “Hoy, en cambio, creo que los jóvenes viven el compromiso social sin tanta ideología detrás, sino más como una consecuencia de la fe cristiana, unido a una vida de oración intensa que en los años 70 no se tenía. Es una búsqueda personal menos intelectual, más de unir la oración y el compromiso sin mayores vueltas”, apunta.
“En Uruguay siempre hubo complejo de ser católico, casi como si fuera algo medieval. Sin embargo, hoy hay gente joven, mucho más que antes, no en cantidad, sino en visibilidad, que se muestra católica con orgullo”, indica el doctor en Filosofía y especialista en filosofía de la religión.
Para el arzobispo de Montevideo, la revitalización percibida del catolicismo puede ser consecuencia de una creciente “pérdida del sentido de la vida”, para él, “el gran drama espiritual del uruguayo, más que en cualquier otro país”. “No creo que sea en grandes mayorías lo que estén buscando, pero sí entiendo que hay muchos que llegan a un punto que dicen: esto así no tiene sentido. Yo creo que mucha gente encuentra en la fe un sentido de la vida que le da esperanza, fuerza, el encuentro con Dios lo salva, experimenta el perdón, la gracia, y eso es muy importante”.
Muchos hablan de esta supuesta revitalización como un acto de rebeldía ante un mundo cada vez más individualista y de aceleración digital, en el que la soledad, la ansiedad y la carencia de vínculos estables y profundos son problemáticas a las que cada vez menos escapan. A esto se refiere Pastorino: “Ciertos excesos han dejado a jóvenes huérfanos de sentido, de vínculos y amores sólidos, de cierto sentido de trascendencia, de propósito en la vida. Entonces muchos reaccionan culturalmente al exceso de banalidad; ves jóvenes leyendo clásicos de la literatura, denunciando que su generación solo lee memes. Ves movimientos de celibato, no por mandato religioso sino porque no quieren vivir sus vínculos como si fueran transacciones comerciales”. Algo parecido dijo en uno de sus videos de YouTube la comunicadora e influencer de moda argentina Rocío Vázquez (@sereinne), quien analizó un aparente “boom” de la influencia del catolicismo en la moda actual, y se preguntó si “creer en algo más grande que nosotros, que promueva la comunidad, no es un acto de rebeldía”.
Consultado por el periódico francés La Croix, el sociólogo Raison du Cleuziou señaló que la religión es más visible por estos días porque se vive como minoría. En Uruguay, el fenómeno de las balconeras en cada Navidad es una muestra clara de ese cambio en la forma de manifestar el catolicismo, según los especialistas en religión consultados. “En Uruguay siempre hubo complejo de ser católico, casi como si fuera algo medieval. Sin embargo, hoy hay gente joven, mucho más que antes, no en cantidad, sino en visibilidad, que se muestra católica con orgullo”, indica Pastorino.
Entre datos que muestran una caída constante de católicos en el mundo, pero al mismo tiempo revelan cambios en las maneras de manifestar la práctica religiosa, la transformación dentro de esta institución religiosa parece ser sutil pero profunda, y parte de algo mucho más grande, un boom de la espiritualidad en todas sus formas, las conocidas y las que aún quedan por conocer.