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Qué son las altas habilidades y por qué las familias reclaman una educación más flexible e inclusiva

Tener altas habilidades o superdotación no es solo un coeficiente intelectual alto, sino mucho más; una familia y una psicopedagoga especializada lo explican

Muchas veces, Santiago se aburre en la clase, porque lo que los docentes están enseñando él ya lo aprendió hace un tiempo. Otras tantas, intenta involucrarse, participar. Levanta su mano y pide la palabra, pero no se la dan. Es que ya saben que lo que diga va a estar bien. Con nueve años recién cumplidos, Santiago cursa cuarto año de primaria en una institución privada. Él mismo sostiene que debería estar en quinto, pero sus padres no coinciden del todo en esto.

El proceso de elegir una institución educativa para Santiago fue, para su madre, Evangelina, y su padre, Marcos, de los desafíos más difíciles desde que se enteraron de que su hijo tiene altas habilidades. Fue más o menos cuando el niño empezó a caminar que, desde la guardería a la que asistía en ese momento, les hicieron una serie de puntualizaciones sobre algunos comportamientos que los llevaron a consultar con una neuropediatra. La profesional le indicó a Santiago una evaluación neuropsicológica para determinar si se trataba de un trastorno del espectro autista (TEA) de alto funcionamiento­. Este diagnóstico corresponde a personas dentro del espectro con inteligencia promedio o superior.

Pero esa prueba neuropsicológica dio negativa. Santiago no tenía TEA. Entonces, a Evangelina y Marcos se les dijo que era muy probable que su hijo, de menos de dos años, tuviera altas habilidades. Sin embargo, por su edad, aún era pronto para determinarlo con certeza. Debían repetir el psicodiagnóstico en un tiempo, cuando el niño tuviera un mayor desarrollo del habla. Así lo hicieron varias veces, y el diagnóstico de altas habilidades se afianzaba cada vez más.

Un día, en medio del encierro que supuso la pandemia de Covid-19, Santiago, de menos de tres años, empezó a leer, a escribir y a hacer operaciones matemáticas básicas, como sumas y restas. Lo hizo por su cuenta: sus padres solo le habían enseñado la forma y el sonido de algunas letras y números. “Ahí dijimos ‘acá pasa algo’”, recordó Evangelina en diálogo con Galería.

¿Y ahora qué?

Esa fue la primera pregunta que se hicieron los padres de Santiago al reafirmar, una vez más, que su hijo tenía altas habilidades. No sabían qué significaba, así que empezaron a buscar información.

Durante muchos años, se creyó que una persona con altas habilidades o superdotación era alguien que tenía un coeficiente intelectual (CI) muy alto. Entonces, se creaba una escala y, a aquellos que tenían un CI de 130 o superior, se los denominaba “superdotados”. Pero luego, investigadores como Joseph Renzulli, Robert J. Sternberg, Françoys Gagné y Howard Gardner promovieron la idea de que la inteligencia no es una facultad mental que se pueda medir. Comenzaron a hablar de una inteligencia más inclusiva, de que todas las personas tienen distintas habilidades y de que existen, por tanto, distintos tipos de inteligencia.

Para definir a las altas habilidades, Renzulli desarrolló una teoría que afirma que existen tres anillos. Primero, una habilidad por encima de la media. Segundo, el compromiso con la tarea. Y tercero, la creatividad. La psicopedagoga Mariana Carignani, especializada en altas habilidades, explicó a Galería que se trata de personas que pueden tener “rapidez para aprender, un vocabulario mayor, que presentan una originalidad en sus ideas, son muy entusiastas, persistentes, a tal punto que no requieren ningún apoyo o estimulación extra”.

Marcos y Evangelina no comprenden del todo cómo fue que Santiago empezó a leer solo, sin que nadie le enseñara, pero Carignani dijo que es frecuente que los niños con altas habilidades o superdotación aprendan más rápido que otros de su edad, “por deseo propio y no por estimulación constante”. “Tiene que ver con el compromiso con la tarea, con un desarrollo que es superior, no tanto por lo cuantificable, sino por la calidad de ese desarrollo, que termina dejándolo completamente desfasado, hacia arriba, con respecto a los demás”.

En la familia de Santiago nunca estuvo sobre la mesa el término superdotado. “A nosotros en los diagnósticos nos hablaron siempre de altas habilidades, nunca de superdotación”, aseguró Evangelina. Se trata de diferentes matices dentro del espectro intelectual. Las altas habilidades son el paraguas o el término general, mientras que la superdotación es un término específico dentro de ese espectro. Una persona superdotada tiene un nivel excepcionalmente alto en alguna habilidad intelectual específica, como matemática, ciencia, arte o música.

Marcos y Evangelina no conocían a nadie que tuviera altas habilidades. Tampoco a ningún padre o madre de un niño con esa neurodivergencia. En la búsqueda de información y redes llegaron a la Asociación de Altas Habilidades, Superdotación y Talento de Uruguay (Ahstuy), una asociación sin fines de lucro que tiene como misión informar y brindar asesoramiento a familias de niños y adolescentes con estos diagnósticos.

En Ahstuy, los padres de Santiago encontraron un lugar donde sentirse acompañados y recordar cada día que su hijo no es el único niño con altas habilidades. Que son muchos más, incluso, más de los que se conocen. También aprendieron que dentro de las personas con altas habilidades hay una variedad de características comunes a todos, y otras específicas de cada persona.

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Santiago tiene nueve años y le detectaron altas habilidades cuando tenía menos de dos.

Santiago tiene nueve años y le detectaron altas habilidades cuando tenía menos de dos.

Ni cerebrito ni buena suerte

“Todos piensan que tiene que saber todo. Y no tiene que saber todo, él sabe de lo que le interesa”, dijo Marcos a Galería. Cuando la familia se enfrenta a alguien que no conoce a su hijo y surge el tema de las altas habilidades, aparecen algunos prejuicios o suposiciones que se repiten. Una de las frases que reciben con mayor frecuencia es “¡qué suerte!”. Y ellos no lo ven como una cuestión de suerte ni entienden que por sus niveles de inteligencia su hijo vaya a tener la vida o su carrera académica resuelta.

“El colectivo se queda con esos casos que resaltan, como el de uno que fue superdotado y fue a la NASA y tal cosa. Hay un montón de niños que son superdotados y que puede que lleguen a lugares que otros no. Pero también puede que no. Uno no tiene que poner expectativas superlativas en ellos, porque lo importante para nosotros es lo mismo que para cualquier otro padre: que sea feliz”, expresó Evangelina.

Si bien Santiago hasta ahora nunca precisó apoyos en lo curricular, sí los tuvo en otras áreas. El día anterior a la conversación con Galería­, había tenido una prueba en el colegio en la que obtuvo un resultado de 98 sobre 100. “Él puntualizaba bastante que no había llegado al 100”, contó su madre. Entonces, con el padre le explicaron, como ya lo habían hecho otras veces, que nadie es perfecto y que los errores están permitidos. Que todo está bien si el esfuerzo lo vale.

El niño también se frustra en la realización de algunas tareas de la rutina, del día a día, más vinculadas con la motricidad fina. Por ejemplo, al atarse los cordones de los zapatos o al sacarse un buzo y quedar enredado. “Ahí uno toma paciencia y trata de ayudar también. Porque pensás que esas cosas tendrían que estar resueltas ya, y todavía no”, comentó su madre.

Según Carignani, un estereotipo instalado sobre los superdotados es el de “el cerebrito, el niño genio que con 10 años está en la universidad”. Sin embargo, la mayoría de los niños pequeños con altas habilidades o superdotación “no están yendo a la universidad. Ríen, lloran, disfrutan del helado como si fuese la primera vez, se recontraenojan cuando un amigo les saca la pelota”, añadió.

Formas de enseñar y formas de aprender

Según la normativa vigente, el Ministerio de Educación y Cultura reconoce la diversidad de los estudiantes y establece que el sistema educativo debe adaptarse a los distintos ritmos, necesidades y características de aprendizaje. La evaluación debe considerar los procesos individuales y puede incorporar aportes de docentes, técnicos y familias.

Para los estudiantes con altas capacidades existe la posibilidad de realizar promociones extraordinarias o saltos de grado. Es lo que se conoce como “aceleración”, y se puede aplicar en cualquier momento del año, cuando se considere beneficioso para el estudiante. Pero para ello debe existir evidencia de que el niño ya alcanzó los aprendizajes requeridos; y la decisión debe involucrar al equipo docente, la dirección y la familia. Debe elaborarse un plan de trabajo personal (PTP) que acompañe la trayectoria educativa del estudiante.

La normativa advierte que “la aceleración no siempre es adecuada, y dependerá del perfil del estudiante, su desarrollo socioemocional y físico, así como su preferencia o disposición frente a la aceleración”.

También se prevé un ingreso anticipado a primaria en casos de niños con altas habilidades o superdotación. Aquellos que cumplen seis años antes del 30 de mayo pueden ingresar al primer año siempre que cuenten con opinión favorable de sus docentes y el consentimiento de la institución educativa.

En Educación Media se reconoce la diversidad de ritmos de aprendizaje y se insta a los centros educativos a planificar acciones que aseguren la continuidad educativa con respeto por las diferencias individuales y la promoción de la inclusión.

En secundaria, no existe la posibilidad de salto de grado mediante exámenes libres. Sin embargo, sí se pueden acreditar determinadas asignaturas o unidades curriculares. Además, en Ciclo Básico se permite que las inspecciones autoricen la inscripción de estudiantes más jóvenes de lo habitual, incluyendo aquellos con alto coeficiente intelectual.

Al preguntarle a Santiago qué cambiaría del colegio al que asiste, su respuesta fue firme y contundente. “Para mí, los grados no deberían ser por edad, sino por inteligencia. Que a fin de año hagan una prueba y el porcentaje determine dónde te quedás”, respondió.

Sus padres insisten en que la institución educativa realice una “adecuación curricular”. Esta estrategia está prevista en la normativa uruguaya actual. La Guía de Adecuaciones Curriculares de 2017 recomienda adecuar los contenidos para profundizar y ampliar temas de interés, proponer proyectos de investigación y comprimir los contenidos ya dominados para evitar repeticiones innecesarias y que el estudiante se aburra y desestimule.

En cuanto a la enseñanza, la guía recomienda usar preguntas abiertas y desafiantes, permitir trabajos autónomos e independientes, y diseñar propuestas diferenciadas según el ritmo de aprendizaje. En lo que refiere a la evaluación, se puede recurrir a métodos variados, como proyectos, producciones y cuestionarios específicos.

Desde su rol como psicopedagoga, Carignani­ sugiere distintas medidas para promover la inclusión educativa según el nivel. En educación inicial, recomienda pensar en salas compartidas o multigrado. Como ejemplo, mencionó a las escuelas rurales en las que “las barreras arquitectónicas no están presentes” y un niño, por más que esté inscripto en nivel 3, puede estar con los de 4.

En primaria, coincide en que la adecuación curricular es la mejor herramienta. Con respecto a la aceleración, la psicopedagoga advirtió que se puede realizar una sola vez durante toda la primaria. Desde su experiencia y trabajo, considera que los profesionales de la educación cuentan con “poca cosa” al momento de atender las necesidades de un estudiante con altas habilidades. Esto se acentúa en secundaria, “porque no hay circulares, no hay protocolos, no hay nada”, dijo.

En algunas situaciones, según Carignani, sería beneficioso pensar en una aceleración que no implique un salto de grado, sino más bien una “compactación curricular”. Pero al plantearlo los docentes se muestran algo reticentes, con el argumento de que “no tienen de dónde agarrarse”.

Además de lo referido a contenidos, la psicopedagoga sugiere pensar los aprendizajes en “competencias”. “¿Hasta dónde el alumno logra desarrollar tal cosa? Podría ser ese el punto clave para pensar en la inclusión de estos estudiantes. Y ahí el docente podría tener mayor soltura y garantías”, opinó.

“Él puede ser lo que quiera”

Cuando Carignani empezó a investigar sobre altas habilidades y superdotación, en Uruguay no existían personas formadas en estas áreas. Ella es la primera magíster en esta materia en Uruguay, y quien dio el puntapié inicial para que otros siguieran sus pasos. La información en ese entonces llegaba desde Brasil o Estados Unidos, entre otros países. En 2019, la Agencia Nacional de Investigación e Innovación (ANII) financió un proyecto de especialización en altas habilidades y a partir de entonces, la Universidad de la Empresa comenzó a ofrecer esa opción de formación a los docentes.

En la actualidad, existen otras instituciones que forman profesionales en estas neurodivergencias. Se han hecho algunas tesis sobre el tema, existe más información y también más conciencia. “Uruguay como país ya tiene más información, pero lo cierto es que hace 10 años no había nada”, recordó la psicopedagoga.

La familia de Santiago también resaltó la poca información con la que contaron cuando supieron del diagnóstico de su hijo. Desde su percepción, la situación “no ha cambiado mucho”.

“Todos los años hay un momento de auge porque surge alguna noticia, o porque se mueve de alguna forma. Pero no es constante. Y depende mucho también de actividades que lo potencien. Si vos no te movés, investigás, sabés algo o te relacionás con un profesional que te pueda ayudar, te quedás ahí. No tenés nada”, dijo Evangelina.

Además de haber tenido que investigar para entender a su hijo, Marcos y Evangelina tuvieron (y tienen) que estudiar sobre temas referidos a los intereses del niño. A Santiago le apasionan la matemática, la física y la astronomía. A veces les pide que le pongan ecuaciones, y ellos tienen que excavar en su memoria para recordar cómo se hacían. O les presenta un dato numérico sobre el sol, y tienen que buscar en internet para verificar si la información es cierta. Y siempre lo es.

Santiago sueña con ser astrónomo cuando sea grande. Sus padres nunca se plantearon cómo será su futuro. “Que él haga lo que quiera hacer, lo que le guste”, desea su madre. Y su padre refuerza la idea: “Nosotros le decimos que él puede ser lo que él quiera. Puede llegar hasta donde quiera si se lo propone”.

Marcos y Evangelina resaltaron la importancia de que, cuando un padre, una madre o ambos se enfrentan a la noticia de que su hijo tiene altas capacidades, los acompañen. Para ellos, se trata de un camino y un aprendizaje constante.

“El centro siempre tiene que ser el niño. A veces las altas habilidades alimentan más los egos de los adultos que los de los niños, y eso desvirtúa mucho la situación”, resumió Evangelina.