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¿Se puede viajar en el tiempo?: la ciencia ficción le debe más a la física que a la inteligencia artificial

Un video viral hecho con IA desafió el criterio de los internautas, desempolvó teorías físicas y revivió viejas conspiraciones geeks

Redactora de Galería

La ciencia ficción ya demostró que los viajes en el tiempo siempre empiezan igual: un descuido, un objeto que no debería existir, un visitante que no encaja, y la cultura pop casi que lo mecanizó. Volver al futuro lo resolvió con un auto deportivo con puertas de ala de gaviota, Interstellar lo hizo con ecuaciones que desafían la gravedad, y ahora la vida real con la inteligencia artificial (IA).

En octubre de este año un video lo tuvo todo para alimentar al imaginario colectivo geek: misterio, geopolítica y un toque de universos paralelos. En él, una mujer vestida con una túnica parecida a la que usan tradicionalmente algunas mujeres musulmanas fue detenida en el aeropuerto JFK de Nueva York por haberse presentado en Migraciones con un pasaporte emitido desde un país desconocido: Torenza.

La mujer, confundida, aseguraba que Torenza era una nación con siglos de historia y que se ubicaba en la región del Cáucaso. Incluso señaló en un mapa una zona que, según las autoridades que la estaban interrogando, no existía. Hasta ahí, la historia sonaba extraña e inverosímil, hasta que enseñó el pasaporte, sellado por países como Japón, España y Brasil. Al parecer la misteriosa viajera había recorrido el mundo sin que ninguna base de datos lo registrara, aunque las autoridades estuvieran en lo cierto: no había ningún país llamado así en el atlas, ni era mencionado en la ONU, ni en embajadas, ni en nada.

ChatGPT ciencia ficción
Imagen realizada con inteligencia artificial.

Imagen realizada con inteligencia artificial.

Con registros de las cámaras del aeropuerto, el video explotó en las redes sociales. La mujer de Torenza se volvió viral en cuestión de horas y, con ella, una ola de teorías conspirativas que mezclaban viajes en el tiempo, agujeros de gusano y dimensiones paralelas. A todo esto, el caso sumó una escena digna de Expediente X cuando la mujer que había sido detenida para verificar su identidad desapareció sin dejar rastro junto con el pasaporte.

La realidad fue menos cinematográfica que la expectativa de quienes se engancharon con la noticia. Resulta que varios medios internacionales confirmaron que lo que aparecía en el video fue creado con IA. Pese al desmentido, gran parte de internet defendía la autenticidad del caso como si fuera el Santo Grial de los universos paralelos y viajes en el tiempo; es decir, el elemento central para la construcción de toda una mitología cuando en realidad la matriz del tema son nada más y nada menos que las ideas de Einstein. Sí, Einstein.

Torenza, el país de Schrodinger

Si uno se guía por internet, Torenza es muchas cosas y absolutamente nada a la vez. Existió y no. Quizá la mujer del pasaporte se refería a la antigua Provenza medieval de Francia, que fue destruida por una explosión termonuclear —solo habrían quedado en pie una estatua y una torre gótica tan alta que funcionaba como un portal entre el bien y el mal—; o a aquella civilización superavanzada en ciencia y tecnología destruida por Dios en Medio Oriente, cerca de Siria; o a la Torenza 10 kilómetros bajo tierra a la altura de Guerrero, en México, donde viven seres con aspecto de hormiga y cuerpo de caballo. Los comentarios en redes dieron para todo, lo único que está claro es que hoy Torenza no existe.

Varios convencidos decían que tanto el video como la locación no eran más que una maniobra “de los gobiernos“ para desviar la atención de temas “más importantes”. ¿Cuáles? No se sabe. Nunca se sabe. Pero siempre hay gente convencida de los ocultismos. Otros intentaron encontrarle una explicación bíblica, pero como el nombre de Torenza no figura en ninguna traducción conocida de las Escrituras empezaron a asociarlo con palabras como torrente, que aparece muchísimo en la Biblia y se usa metafóricamente para describir peligro, juicio o pruebas abrumadoras.

Cuando la cultura popular y la ciencia ficción no necesitaban de IA

Claro que la fascinación por los viajes en el tiempo no empezó con TikTok ni con videos hechos por IA. La literatura, por ejemplo, viene jugando con la idea desde hace siglos y de diferentes maneras.

En 1843, una historia paranormal de Charles Dickens ya enviaba fantasmas del pasado, presente y futuro para atormentar al avaro Sr. Scrooge en Un cuento de Navidad. En 1871, Lewis Carroll empujaba a Alicia a través del espejo para desafiar las leyes del tiempo y la lógica. Y en 1889, Mark Twain escribía Un yanqui en la corte del Rey Arturo, donde un estadounidense moderno terminaba en plena Edad Media, con un toque de sátira.

Algunos de ellos no son viajes en el tiempo per se, pero de una u otra forma traen a la vida la idea del tiempo, el espacio y las dimensiones. La misma línea la siguió el escritor británico H. G. Wells, y posteriormente muchos otros: Volver al futuro, Doctor Who, Dark, Interstellar, Avengers: Endgame y prácticamente cualquier saga que necesitara arreglar un desastre narrativo viajando hacia el pasado o al futuro. El tiempo siempre fue el mejor recurso literario para especular con la humanidad y la ciencia o arreglar lo que ya estaba escrito.

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Volver al futuro (1985).

Volver al futuro (1985).

Pero el caso de la mujer de Torenza entra en otra categoría, la de los supuestos viajeros del tiempo que se viralizan como si fueran reales e instalan dudas, y no es la primera vez que pasa. A principios de los años 2000, un usuario que se hacía llamar John Titor apareció en foros de internet asegurando ser un soldado estadounidense del año 2036. Según su relato, había viajado a 1975 para recuperar un ordenador IBM 5100 porque en el futuro sería crucial para depurar sistemas. Su paso por el año 2000, decía, era apenas una escala técnica. Durante meses respondió preguntas, predijo guerras y dejó advertencias. Hasta que desapareció.

En 2003, Weekly World News publicó la historia de Andrew Carlssin, un hombre arrestado por la Comisión de Bolsa y Valores de Estados Unidos tras ganar 350 millones de dólares en la bolsa en solo dos semanas, partiendo de apenas 800. Ante la sospecha de fraude, Carlssin confesó que era un viajero del año 2256 y estaba utilizando información del futuro para invertir.

Hoy, existe lo que Dickens, Twain y los hoaxers de los años 2000 —los primeros trols (personas anónimas que publican de manera intencionada mensajes provocadores en comunidades en línea para causar malestar)— no tenían: la capacidad de falsificar imágenes y voces con herramientas ultratecnológicas accesibles para cualquier usuario. Eso hace el límite entre ficción y realidad cada vez más difuso.

¿Se puede viajar en el tiempo?: la ciencia dice que… quizás

Los viajes en el tiempo no fueron inventados por la ciencia ficción. Como cada libro o película, el caso de la viajera de Torenza solo reavivó un debate que existe desde antes de que Marty McFly encendiera el DeLorean: ¿se puede?

La física moderna no descarta por completo la idea. De hecho, Albert Einstein dejó abierta una puerta que la ciencia todavía explora a partir de descubrir que el tiempo no es algo rígido. En 1905 Einstein presentó la relatividad especial, una teoría que rompió la idea del tiempo como una línea universal que avanza igual para todos. Según esta visión, dos personas moviéndose a velocidades distintas pueden experimentar el tiempo de forma diferente. Ese fenómeno —conocido como dilatación temporal— fue comprobado: los relojes a bordo de satélites en órbita avanzan a ritmos diferentes que los relojes en la Tierra. Y no es ciencia ficción.

La matriz del tema son nada más ni nada menos que las ideas de Einstein. Sí, Einstein.

La teoría dice que si un objeto viajara a velocidades cercanas a la luz, el tiempo pasaría más lento para ese viajero que para quienes quedaron en la Tierra. Dicho de manera más simple: alguien podría irse en una nave, volver unos meses después y encontrarse con que para el resto del planeta pasaron décadas o siglos. En otras palabras, viajar al futuro es, en teoría, posible.

Los agujeros de gusano son los atajos más famosos de la ciencia ficción. La relatividad especial los descubre como túneles hipotéticos que conectarían dos puntos diferentes del universo. Si se lograra estabilizar uno (gran detalle, son de lo más inestable que ha descubierto la ciencia), un viajero podría cruzar de un extremo a otro en un instante, incluso si esos puntos están separados por millones de años luz. Hollywood se enamoró de esta idea, y hasta en Rick y Morty se juega con ellos y se dobla la realidad como si fuera papel. El problema es que, desde este lado del universo, no existe todavía forma de crearlos.

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Jessica Chastain en Interstellar (2014).

Jessica Chastain en Interstellar (2014).

En 1915 Einstein presentó la relatividad general. Allí sumó la gravedad al esquema, y señaló que grandes masas —como planetas, estrellas o agujeros negros— curvan el espacio-tiempo. Eso significa que el tiempo puede acelerarse o desacelerarse dependiendo de la fuerza gravitacional. Cerca de un agujero negro, por ejemplo, los segundos para un astronauta podrían pasar mucho más lento que para alguien en la Tierra. Una pseudoforma de detener el tiempo y otra vía teórica para viajar al futuro.

Ahora bien, ¿qué pasa con viajar al pasado? La ciencia todavía no lo descarta, pero es mucho más problemático que viajar al futuro. Para ir hacia atrás en el tiempo, habría que encontrar o crear curvas temporales cerradas o agujeros de gusano que permitan volver al punto de partida en otro momento histórico. Suena complejo, pues requiere energía y tecnología que hoy la humanidad no posee.

Además, abriría la puerta a las paradojas temporales. Si alguien viaja al pasado para evitar su propio nacimiento, ¿puede regresar? La solución que encuentra la ciencia para esto es la de defender la idea de los universos paralelos o hipótesis del multiverso, que propone la existencia de múltiples universos además del propio, cada uno con sus propias leyes físicas. Así, si se cambia algo en el pasado, no se modifica la línea temporal actual, sino que se crea otra. Básicamente, Marvel.

Con estas teorías nace otro concepto relevante en el tema: la retrocausalidad, la posibilidad de que un efecto ocurra antes de su causa. Suena imposible, pero algunos experimentos cuánticos sugieren que el tiempo, a microescala, tampoco se comporta como una línea recta. Ya lo sugirió Einstein, y si su relatividad pudiera combinarse con la física cuántica, podrían surgir nuevas pistas.

Si alguien viaja al pasado para evitar su propio nacimiento, ¿puede regresar? La solución que encuentra la ciencia para esto es la de defender la idea de los universos paralelos o hipótesis del multiverso.

Entonces… ¿Se puede o no? Viajar al futuro es teóricamente posible con velocidades cercanas a la luz o cerca de una fuente extrema de gravedad. Viajar al pasado ya es más especulativo, y si bien ambas formas de salto temporal se enfrentan con enormes problemas tecnológicos, la segunda se encuentra además con un montón de obstáculos lógicos.

Para una realidad práctica estamos a millones de años de distancia de los viajes en el tiempo, pero los modelos matemáticos y el hambre de la sociedad más freak existen (lo que se traduciría en grandes ingresos y consumo de la idea), así como también existen formas más aterrizadas de viajar en el tiempo, como, por ejemplo, la criogenización: congelar un cuerpo para despertarlo después de siglos, lo que no requiere romper la física, sino tecnología que aún no se terminó de pulir.

Y no es un tema de interés marginado de la ciencia. Es común que los físicos publiquen sus papers explorando ideas sobre máquinas del tiempo. Quizás dentro de cientos de años alguien diga que todo comenzó con un video viral en internet y un país que nadie pudo encontrar en el mapa.

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