Yo creo que hay un legado malo de las redes sociales y el mundo del consumo inmediato que derrama para el lado de lo superficial. Como que es más fácil consumir cosas banales y superficiales. Ayer en la cena hablábamos que sentarse a leer requiere una disponibilidad mental y una especie de disciplina de largo plazo, que es muy simple en realidad, que es un hábito, pero si no hay una cultura que fomente que la juventud tenga ganas de hacer eso por su cuenta, no se va a llegar lejos. Se va bajando el techo de lo esperable porque creemos que la cultura cambió. No hay que aceptar que la cultura cambió. Yo creo que las cosas cambian pero tenemos que defender lo que nos parece bueno y que siga habiendo estándares altos para lo que esperamos de la gente.
Por un lado está la inmediatez de las redes sociales pero por el otro te diste a conocer a nivel masivo gracias a tus videos. ¿Cómo logras explicar un problema en pocos minutos?
Sí. Yo lucho mucho con la idea de que estoy compitiendo con los docentes en las redes sociales. No es lo que yo hago, tengo una finalidad muy específica que es llamar la atención sobre la belleza de algo, de la matemática. En dos minutos no puedo enseñar algo, para enseñar necesitas una dedicación que solo te la puede dar un formato largo como una clase. Lo que uno puede hacer en redes sociales —que si me presionas me parece que es una herramienta más maligna que benigna, pero sí tiene un lado positivo es poder llegar a la gente— es tomar su potencialidad para fomentar el interés en algo; creo que ése es mi rol ahí. Hay una contradicción en eso, esas cosas profundamente no se pueden entender en dos minutos pero sí se puede captar la atención de alguien que creía que eso no tenía potencial para la belleza, para el interés, para la motivación propia. Si tienes 100 videos de dos minutos hablando de matemática y alguien se digna a verlos y a miles de personas les interesa, ahí hay una demostración de que eso tiene algo profundo que ofrecer, algo bueno. Y mi rol ahí no es enseñar porque no estoy haciendo docencia en redes sociales. Después hay que criticar las redes sociales, aunque yo haya surgido ahí y todo, porque no sería sincero si te dijera que está buenísimo que los chicos miren TikTok todo lo que quieran. Y no, no van a saber demostrar un teorema ni hacer una cuenta. Solo con eso no alcanza.
Todo parte de la curiosidad, ¿cómo aprender a pensar más allá de la matemática?
Sí, porque las personas que hacemos esas cosas venimos del lado de la curiosidad, siempre. Cualquier persona que se sienta a aprender cualquier cosa, está motivada por algo que además no te puede dar de forma directa un profesor. Nadie te puede enseñar a ser curioso. Te puede mostrar una persona curiosa y que vos te contagies de eso. Yo no creo en la transferencia directa del conocimiento. Como que todo el aprendizaje es propio, pero lo que se comunica es algo en un plano cultural, como la música: ves gente haciendo música y te inspira y tenés ganas de ser parte de eso. No sé… es debatible, pero yo creo que uno solo se puede enseñar a sí mismo lo específico, lo que llamamos aprendizaje, y después lo demás es tener un docente que te motive.
En tus videos contagiás el entusiasmo por descubrir o encontrar una solución, te referís al asombro y a la belleza, ¿cuál sería la belleza de la matemática? Porque la geometría o una regla de tres es matemática.
A mí la regla de tres no me parece bella, lo que me gusta es el concepto de proporcionalidad. La relación entre el precio de la harina del supermercado y esa cantidad de harina puede ser la misma o menor que la relación entre el precio de esta otra marca y esa cantidad de harina, y así puedo comparar dos magnitudes. Esa idea de proporción es la misma que usan los pintores cuando eligen qué ancho y qué alto tiene que tener su cuadro, o los diseñadores gráficos cuando deciden en qué rectángulo van a exportar una imagen. La proporción es un concepto que trasciende un uso particular del concepto, o sea, si vos entendés la proporción en un sentido más amplio, tenés el lenguaje para poder explicar cómo se comparan precios en el supermercado, cómo se hace diseño gráfico, cómo se exporta un vídeo en MP4, podés entender cómo hacían geometría los antiguos griegos en el siglo III antes de Cristo, te das cuenta de que es una especie de lenguaje que te permite distintas cosas. Esto para mí es bello, la capacidad de la belleza de la abstracción como una especie de herramienta multipropósito que explica muchas cosas al mismo tiempo. Para mí eso causa asombro, causa motivación.
¿Y cómo fue que empezaste a mezclar música, arte y matemática en un espectáculo? Espero que Problema 1 no sea por el pánico que surge cuando uno se enfrenta a eso en un examen…
Problema 1 hace referencia directa a la experiencia escolar de la matemática en un examen, pero la obra es diametralmente opuesta a una clase. Es una especie de aventura por el mundo de la belleza matemática, sin pies ni cabeza, con música y con luces. Yo ya estaba haciendo videitos en redes, les iba bien y tenía un público, pero cuando te empiezan a llamar para entrevistas y te ofrecen escribir un libro, uno se pregunta ¿qué hago con esto? Había un montón de gente esperando que haga divulgación, entonces, ¿cuál era el siguiente paso? Tenía ganas de salir un poco de las redes, hacer algo que tuviera otro valor, desde otro lado. Durante mis años de estudiante trabajé en la escena de teatro independiente de Buenos Aires. Alrededor de 2020 tuve la suerte de formar una compañía con amigos, hicimos un espectáculo teatral que le fue bien, donde yo tocaba el piano y compuse. Luego, el director, Gustavo Tarrío, me invitó a hacer un musical infantil en el Teatro Nacional Cervantes, que fue una experiencia fascinante. Entonces, mientras estudiaba matemática se empezó a armar una especie de carrera paralela como músico y actor. Y, fast forward, yendo hasta el momento en el que empecé a hacer videitos, yo ya estaba muy inmiscuido en el mundo del quehacer teatral. Así fue que dije: quiero hacer una obra de teatro de matemática, que para mí era natural pero al mismo tiempo sentía que no existía. Pensé “qué divertido poder ofrecer algo así de raro y un poco opuesto también al ámbito de las redes”, porque tener 200 personas con el celular apagado en una sala, mirando una persona en vivo, es paradójicamente contracultural. Y fue un desafío, porque, ¿cómo hacés una obra de teatro para todo público que explique que la matemática está buenísima y que no se confunda con una charla TED?
La obra es un recorrido por la historia de la matemática pero además tiene una trama de misterio…
Hay una especie de excusa abstracta, la de un detective que busca dónde está la matemática, partiendo del cliché típico de que la matemática está en todos lados. Si está en todos lados, ¿vos la viste?, ¿dónde está? Si está en todos lados, puede ser lo mismo que decir que no está en ningún lugar. Entonces es un problema bastante complicado. ¿Qué es la matemática y dónde está? En la obra, el detective emprende esa búsqueda y la va encontrando en distintos lugares y, sobre todo, está hecha para abrir preguntas, más que brindar respuestas, que es realmente la motivación de todas las personas que hacen ciencia. Las respuestas que se encuentran sirven para formular una nueva pregunta y en esa rueda se va construyendo el conocimiento, siempre motivado por una razón humana y social. ¿Qué es lo que me interesa?, ¿para qué sirve? Y de pronto la matemática es útil, además de ser bella y de ser interesante: además de hacerla casi por una pasión filosófica, sirve para ordenar el mundo, sirve para hacer sociedades.
¿Y cómo es interactuar con las voces de Adrián Paenza, Lorena Vega y Adrián Suar?
Tengo un personaje importantísimo en la obra que es el gran Adrián Paenza, el prócer de la divulgación científica argentina, el mayor caso de éxito de alguien hablando en público sobre la ciencia, y particularmente sobre matemática. Porque Argentina tiene una tradición científica muy importante y no tiene tantos exponentes de comunicación de la ciencia, gente que haya sido famosa. Es divertidísimo que la gente conozca como personalidad de televisión a un matemático. Cuando estaba escribiendo la obra con Marcos Krivocapich, pensábamos cómo hacerla interesante, que tuviera chistes y recursos escénicos, y se nos ocurrió incorporar a alguien como Paenza. Y el destino quiso que un día tuviera una charla con él, se lo propuse y entonces tenemos una escena con Adrián, que es una voz ominosa que me guía en la búsqueda, sin darme demasiadas respuestas pero contando cosas interesantes. Hay otras voces con las que dialogo y que hacen esta búsqueda absurda; un poco es el chiste de la obra, hay un humor presente que quiere simbolizar la desconfianza o la confusión frente a la matemática, la búsqueda desordenada, que es también la experiencia promedio de la gente con la matemática, esa cosa medio frustrante.
¿Qué pasó cuando te llegó el correo de la Fundación ReachingU de Uruguay?
Nosotros teníamos la intención de mover la obra, así que tener una fundación atrás con los recursos para contextualizarlo en una especie de misión más amplia, lo vimos como una muy buena oportunidad y nos gustó. Esto también viene de que me pude rodear de la gente correcta para hacer un espectáculo que pudiera estar preparado para moverse a otros lugares y tener esta gestión con la ayuda de una fundación como ReachingU, la verdad que es ideal.
ReachingU convocó al matemático, músico y actor Teo López Puccio para presentar un espectáculo en la Sala Zitarrosa con motivo de los 25 años de la fundación.
Ignacio Chinchilla
¿Cómo repartís el día entre clases de matemática y teatro?
Ni bien me recibí y terminé la carrera de matemática, empecé a trabajar como docente en dos universidades, ahora estoy en una sola. Los matemáticos damos clases como materias de servicio, o sea, matemáticas para economistas, para arquitectos, para diseñadores. Ahora estoy dando una materia de geometría que me encanta, me divierte muchísimo. En el ámbito universitario, sobre todo, la cuestión didáctica está menos trabajada y para mí es un desafío interesante poder convencer a una audiencia que no está para estudiar ciencia, sino que quiere aprobar y pasar a otra cosa. Esa es una de mis profesiones, también tengo una columna quincenal en un noticiero en Buenos Aires y sigo haciendo teatro. Mi obra ahora es mi proyecto principal y con nuestra compañía, Estudio QP, hacemos obras que nada tienen que ver con matemáticas. Siempre hice muchas cosas y tuve muchos intereses.
¿Influido por tus padres artistas?
Puede ser. Mi papá (Carlos López Puccio) trabajaba de noche y se iba muchísimo de gira, a veces viajaba con él. Después durante el día tenía ensayos con su coro, también iba a ensayos de alguna ópera barroca francesa con mi mamá (Ana Moraitis) en un museo. Con mis papás hacía ese tipo de cosas. Mi viejo laburaba mucho, soy un poco workaholic como él, se encerraba en la oficina y tenía que escribir un sketch nuevo para Les Luthiers, o se tenía que juntar a discutir la organización con sus compañeros. Y bueno, supongo que algo de ese trabajo en el mundo del arte también me organizó de otra forma porque terminé haciendo cosas muy parecidas con mi grupo de teatro en Estudio QP, somos cinco personas que escribimos en paralelo. Algo de eso me preparó para un trabajo ecléctico.
¿Qué recordás de esas giras con tu padre?
Miraba de costado todos los espectáculos de Les Luthiers, no entendía todos los chistes y recuerdo que al crecer los iba entendiendo de a poco, chistes escritos hacía 20 años y que siempre había escuchado llegaba un día en que me daban gracia. Mi papá siempre tuvo eso de…estoy pensando en voz alta… de que su trabajo principal era Les Luthiers pero él mantenía su coro como una necesidad artística; él primero era director coral, quería que ese coro fuera el mejor del país y lo logró, estaba muy motivado y podía organizarlo y financiarlo gracias a su otro trabajo como humorista. Y la gente que más le llamaba la atención a mi viejo era cuando lo paraban por la calle y en vez de hablarle de Les Luthiers, le hablaban del coro. Ahí le cambiaba la cara.
¿Tus padres eran exigentes con tus estudios?
No demasiado, mi papá un poco más exigente, mi mamá un poco menos. Yo siempre aprobaba pero no era el abanderado, aunque nunca me llevé una materia en el secundario. Pero sí la pasaba mal a veces y no me iba tan bien.
¿Y qué preguntas te hacías?
Era un poco distraído, siempre estaba pensando en otra cosa. En la primaria no la pasaba tan bien porque esperaban que pudiera prestar atención y que siguiera el hilo de la conversación. En la secundaria ya empecé a formar mi personalidad un poco más y entendí que había cosas que me interesaban. Y en mi casa leía sobre lo que me interesaba, en el secundario me interesaba mucho la ciencia pero también otras cosas. Me gustaba leer sobre la historia de las palabras, la etimología, hasta el día de hoy me divierte mucho. ¿Ustedes saben por qué Montevideo se llama Montevideo? Hay dos historias distintas y no se sabe cuál es la verdadera. En una época pensaba que iba a estudiar lingüística o quería ser semiólogo como Humberto Eco, pero al final no.
¿Cómo hay que prepararse para ver Problema 1 en la sala Zitarrosa?
Vengan con sus prejuicios sobre qué es lo que creen que es la matemática y se van a encontrar con algo que posiblemente no tenga nada que ver con eso que esperaron. Hablando en serio, es un espectáculo que rompe con las expectativas para bien y que muestra que cualquier cosa que le parece interesante a uno puede mostrarse de una forma lúdica. Y el teatro tiene esa capacidad de llevar la atención por lugares sinuosos y mostrar las cosas al revés y que nada se entienda pero todo se entienda. A veces la gente viene con sus chicos y al terminar me dicen: ‘Mi hijo menor entendió lo de la parábola, mi hijo del medio entendió lo de los números complejos y yo no entendí nada pero me encantó’. El mensaje es: vení con la mente abierta para sorprenderte, es una hora donde no hay respuestas correctas y el mensaje es la motivación para el asombro.
A beneficio de la Fundación ReachingU, Teo López Puccio se presentará con Problema 1 en la Sala Zitarrosa el 5, 6 y 8 de agosto.
Ignacio Chinchilla
El problema con las matemáticas
Según los informes de Aristas del Instituto Nacional de Evaluación Educativa (INEEd), 6 de cada 10 estudiantes de contextos vulnerables en Uruguay no alcanzan los niveles mínimos en matemática y 8 de cada 10 jóvenes no completan la educación secundaria. “Las cifras hablan por sí solas, a menor nivel sociocultural, peor es el resultado en matemática. Hace un par de años empezamos a trabajar en un par de proyectos de enseñanza de la matemática con docentes y también en el aprendizaje en primera infancia con el psicólogo Alejandro Ferreira, que desarrolló unas cajas mágicas donde los niños aprenden a estimar cantidades jugando”, comenta la coordinadora de ReachingU Valeria Luzardo.
Cuando, junto a la directora ejecutiva Paula Mosera, vieron que Teo López Puccio anunciaba su unipersonal —que tiene como protagonista a la matemática— en Buenos Aires, entendieron que seguía la línea del abordaje que querían darle a la materia y decidieron traerlo a Uruguay en la celebración de los 25 años de la organización.