Allí, Alconada desarrolla conceptos sobre el sistema de corrupción e impunidad en Argentina, al que describe como “la raíz de todos los males” que azotan al país. Según el periodista, con dignas excepciones en todas las áreas, los fiscales no investigan, los jueces no juzgan, los organismos de control no controlan, los sindicalistas no representan a los trabajadores, los empresarios no compiten, la policía no reprime el delito y los periodistas no informan. Así se generó hace décadas una estructura de poder y negocios que excede al sistema político y que beneficia a las elites. Este entramado al que el autor llama el “sistema de sótanos” funciona como un circuito cerrado que permite acumular poder y dinero, ascender en la escala social y, lo más importante, permanecer impune a aquellos que acaten las reglas espurias.
¿Por qué cree que la corrupción en Argentina es diferente a la de otros países? Eso depende de cada país. En algunos hay corrupción y pueden ocurrir hechos aislados, como el funcionario que se tienta, roba, trata de que el sistema jurídico de su país no lo capture y sale huyendo, como Forrest Gump. Luego hay otras naciones donde existe un sistema de corrupción o megacorrupción, como dice José Ugaz, el expresidente de Transparencia Internacional. Y está la situación de Argentina, donde no solamente hay un sistema de corrupción, sino que además hay todo un equipo profesional de la corrupción que por debajo de la superficie, no importa quién esté en la Casa Rosada, ayuda a robar y perpetrar la impunidad.
¿Eso excede a cualquier partido político, corriente o ideología? Sí. Es lo mismo que pasa en Uruguay con el sistema de lavado. Da exactamente igual quién sea el presidente uruguayo, la maquinaria de lavado uruguayo estará intacta. Es un hecho notable que no importa quién ocupe la presidencia uruguaya, los corruptos argentinos tratan de esconder su dinero allí porque es la meca del lavado en América del Sur. Es una maquinaria diseñada para robar y garantizar la impunidad.
El presidente Tabaré Vázquez y el ministro de Economía Danilo Astori afirmaron que Uruguay está exento del lavado de dinero argentino. Yo creo que estoy en una dimensión paralela a la de esos funcionarios. Lo que detectamos una y otra vez es que lo grandes piratas argentinos esconden su dinero en Uruguay o lo utilizan como escala para el lavado. Si se busca “Alconada” más “Uruguay” en el diario, se encuentran decenas de notas en las cuales los casos de corrupción en Argentina pasan por Uruguay. Todos los grandes casos de corrupción en los últimos 20 años pasaron por Uruguay. Con la connivencia, la complicidad o la inoperancia, obviamente, de las autoridades uruguayas, de migraciones, aduanas, bancarias o antilavado. Claramente, Uruguay es parte del problema, no de la solución, cuando se trata de combatir la corrupción en Argentina.
Llama la atención que tenga que aclarar que existen jueces, empresarios o periodistas que no son corruptos. Hay que evitar las generalizaciones. Así como hay jueces corruptos como (Norberto) Oyarbide, hay infinidad de jueces dignos que intentan poner lo suyo para mejorar el sistema. Políticos, periodistas, empresarios, policías, que todos los días se matan laburando para sacar adelante este país. De hecho, si Argentina no implosionó es porque hay una mayoría silenciosa, el problema es que es silenciosa, que pone el hombro. Puedo dar infinidad de ejemplos. Es como si cayera en el abuso de generalizar y dijera que todos los uruguayos son lavadores. Claramente, eso no sucede, pero Uruguay sí tiene un problema sistémico de lavado de activos. Uruguay cree que si se define a sí mismo como la Suiza de América está hablando de su estabilidad y eso es falso. Uruguay es la Suiza lavadora de América del Sur. Por supuesto que no todos los banqueros y financieros son lavadores. Hay gente trabajadora y honesta. Pero hay un problema de raíz. El sistema uruguayo recibe y está preparado o diseñado para darles la bienvenida a todos los grandes casos de corrupción. El problema ocurre y por algún motivo los corruptos argentinos no se van a Paraguay, Chile, Colombia, Perú o Brasil. Van a Uruguay. Algo pasa.
¿Cree que los cuadernos de la coimas cambiaron la percepción de los argentinos hacia la Justicia? Generaron una mayor desconfianza y recelo que lleva a que hoy la mayoría de los argentinos, no todos, pero la mayoría, aborden las investigaciones actuales de la Justicia con desconfianza y descrédito, esperando qué va a ocurrir. Todos aguardan hasta dónde van a llegar las acciones de los jueces y los fiscales porque en los últimos 30 años en Argentina han sido tan malas, garantizado la impunidad de un modo tan grotesco, que actualmente, en algunos ámbitos de la vida social argentina, que digas que sos un juez o un fiscal, lejos de ser una medalla es un signo de desconfianza. La reacción general es “me alegro que investiguen” y, por otro lado, “veamos hasta dónde pueden llegar, si son capaces de avanzar en serio y si van a investigar todo lo que hay que investigar”.
“Si creo que por una investigación en el diario voy a lograr modificar una estructura que garantiza la corrupción y la impunidad, soy un estúpido. Mi obligación es informar a los lectores y decirles: ‘Ojo, no importa nada si esto queda impune. Yo te digo, acá hubo un caso de corrupción’”
¿Hay alguna manera de acabar con un sistema de corrupción e impunidad como el que describe? Creo que este sistema no va a cambiar mientras no haya una presión social para que cambie. Mi planteo es que si hay un sistema de corrupción e impunidad del que son parte jueces, políticos, fiscales, periodistas, empresarios, sindicalistas, policías y la Side (Secretaría de Inteligencia), ¿por qué los protagonistas de esa estructura van a querer cambiarla? Si lo hacen, van presos. Por el contrario, tienen todo el interés en mantenerlo. Ergo, solo va a cambiar con una presión externa al sistema, es decir, por aquellos que no son parte de ese entramado, con eso me refiero a los ciudadanos. Cuando el ciudadano de a pie meta presión social, cuando realmente haga fuerza para cambiar esto, ahí sí ocurrirá. Mientras tanto, no.
¿Y cómo hace la ciudadanía para ejercer presión social con una sociedad tan polarizada? Para eso es fundamental el rol de la Justicia. Por ejemplo, la investigación de los cuadernos: si va a abordar solo un período de tiempo, solo a algunos empresarios, solo a algunos funcionarios o si va a hacer una investigación sistémica que involucre a empresarios, funcionarios de todos los colores para que la sociedad vea realmente que es una investigación a fondo. Como ocurrió con el Mani Pulite en Italia o el “Lava Jato” en Brasil, que terminó por involucrar a figuras políticas de 14 partidos y a los 12 empresarios más importantes de Brasil. Por supuesto, la figura mayor es Lula, pero hay figuras de 14 partidos. Ahí es donde la sociedad brasileña se involucró y respaldó la investigación del “Lava Jato”.
En su último libro define el financiamiento electoral como el pecado inicial. En Uruguay está en proceso una ley de partidos políticos que limita el tope de aportes. ¿Por qué lo describe como el pecado original? Cuando querés competir con chances serias por la presidencia de Argentina, se necesita una cantidad de dinero que de ningún modo se puede conseguir de manera legal. Entonces, el sistema está diseñado de tal manera que te lleva a la trampa. ¿Querés competir por la presidencia argentina? Bueno, te vas a tener que ensuciar los pies, embarrar. No sé ahora con el cambio de convertibilidad, pero para competir por la presidencia se necesitan 100 millones de dólares y a la vez, por las características de cómo está armada la legislación, no es posible conseguir ese dinero de manera legal. Así que es necesario que el candidato se siente con empresarios, proveedores del Estado y demás, y que le den por izquierda, por abajo de la mesa, bolsos repletos de dinero a cambio de promesas de futuros negocios. Esto ocurre en Argentina y ocurrió en España, Francia, Italia, Brasil. Como el dinero blanco no alcanza, hay que recurrir al negro, es decir, a hacer trampa. Esto es violar la ley, ergo, el pecado original. Solo para competir hay que hacer fraude. Es el pecado original de los candidatos.
¿Qué sentido tiene denunciar casos de corrupción si a veces no llegan a nada? No depende del periodista hacer justicia, pero... En tu comentario está la respuesta. Nuestra obligación es informar. Obviamente que si después hay una causa penal o consecuencias, me alegro. Es una cuestión de filosofía y de lo que se estudia en la facultad de periodismo. Los periodistas trabajamos en función del valor último, filosófico y moral de la verdad, que no es el mismo por el cual trabajan fiscales y jueces, que es el valor filosófico final de justicia. A veces, verdad y justicia coinciden; a veces no. Nuestro objetivo es informarles a los oyentes, televidentes o lectores lo que está ocurriendo realmente, lo que pasa por debajo de la superficie, más allá de lo que investigan y transmiten los funcionarios en su comunicado público, lo que quieran hacer ver como la verdad oficial. Nuestra obligación es informar. Si luego hay derivaciones judiciales o investigaciones, fenómeno.
¿Considera un triunfo que un caso de corrupción que informó llegue a la Justicia? Si revelo un acto de corrupción y se genera una denuncia penal, por supuesto que me gustaría que avanzara la Justicia, que se verifique todo lo que dije y demás. Ahora, si eso ocurre o no, francamente corre por otro carril. No es que con esto quiera ser cínico, me haga el interesante o el desinteresado, pero básicamente estoy lidiando con un sistema de corrupción en el cual la premisa general es la impunidad. Tengo que chocarme contra la pared si creo que una investigación propia va a llegar a una condena. En Argentina hicieron un relevamiento de los 750 casos de corrupción más importantes durante los últimos 25 años, es decir, que excede a un gobierno. Pasaron Alfonsín, Menem, De la Rúa y el primer Kirchner. De todos esos casos se estiman 13.000 millones de dólares de desfalco. ¿Cuántos casos registraron una condena? El 3 por ciento. Si creo que por una investigación en el diario voy a lograr modificar una estructura que garantiza la corrupción y la impunidad, soy un estúpido. Mi obligación es informar a los lectores y decirles: “Ojo, no importa nada si esto queda impune. Yo te digo, acá hubo un caso de corrupción”. Por suerte, en los últimos casos empezamos a encontrar situaciones de cambio.
¿Cree que Cristina va a ir presa? Va a ser muy difícil por cómo está dada la situación, por cómo ella puede apoyarse sobre su marido muerto para descargar las culpas, porque falta mucho por investigar y porque la política argentina tiene como premisa no entregar a ningún senador salvo que sea por condena firme. Únicamente que el Senado modifique su propia política de Estado de los últimos 30 años, va a a ser muy difícil. Hay que recordar que Menem tiene dos condenas pero como están en apelación y la Corte Suprema cajoneó los expedientes, él se candidateó a senador y renovó su banca pese a tener condenas por tribunales orales.
A una colaboradora suya le tajearon las cuatro ruedas del auto. También están los asesinatos de Nisman o Cabezas. Involucrarse en temas donde impera la corrupción argentina parece peligroso. ¿Alguna vez temió por su vida? No temo por mi vida. A lo largo de todos estos años recibí comentarios desubicados, pero lo tomo como parte de las reglas del juego. No es que quiera hacerme el superhéroe, pero simplemente son las reglas del juego. Si hago lo que hago, si investigo lo que investigo, no puedo pretender del otro lado un beso y un abrazo. Estoy diciendo que Uruguay es parte del problema y no de la solución cuando se trata de casos de corrupción en Argentina. Obviamente, sé que después voy a cosechar críticas, objeciones, desmentiras y demás. Y son las reglas del juego. Ahora, asumo las consecuencias de mis actos y dichos y lo acepto. Digo lo que pienso por conclusiones a las que llegué basado en 20 años de trabajo. Obviamente que hago declaraciones incómodas, pero no porque quiera ser polemista. Al revés, preferiría que nadie se enojara, pero es parte de mi trabajo y mi obligación publicar una conclusión sobre un empresario involucrado en un acto de corrupción. ¿A ese empresario le puede desagradar? Sí. Y si escribo sobre un narco, ¿me puede amenazar? Sí. Son las reglas del juego. Es mi trabajo. Si me dedico a hacer investigaciones sobre corrupción, lavado de activos y fraude de activos, escribo lo que tengo que escribir o cambio de oficio y uso el título para trabajar como abogado y montar un estudio jurídico. Si me dedico a hacer periodismo, tengo que hacer periodismo.