Por el Dr. Eduardo Vescovi
(exprofesor titular de Derecho Internacional Privado de la Udelar)
La rica tradición uruguaya en la materia, y también la necesidad de los justiciables, impone el fortalecimiento de la AC del MEC, que cumplió siempre en forma excelente su función, razón por la cual, nuestra AC ha sido en las últimas décadas ejemplo y orgullo, tanto en Latinoamérica como en el mundo entero
Por el Dr. Eduardo Vescovi
(exprofesor titular de Derecho Internacional Privado de la Udelar)
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáNuestro país tiene una riquísima tradición en materia de derecho internacional privado, muy reconocida, forjada a través de los años, que dio comienzo en 1889 con los tratados de Montevideo de entonces y se mantuvo a lo largo del tiempo hasta nuestros días siempre con grandes maestros que cultivaron la disciplina y siguieron la tradición de Gonzalo Ramírez, así como de Vargas Guillemette, Alfonsín, y más modernamente, el profesor Didier Opertti y otros que lo acompañaron en los últimos 60 años.
Todos los manuales de derecho internacional privado refieren a la función básica de la disciplina: frente a una relación internacional, determinar el juez competente, saber qué ley va a aplicar y si ese fallo va a ser reconocido por otros países. Los manuales más modernos agregan a estas tres funciones clásicas la cooperación judicial internacional, que es, en la actualidad, como nunca, un protagonista fundamental. Mis recuerdos se remontan a cuando abracé esta disciplina, allá por 1981; contaban mis profesores que una vez por mes, o quizás ni tanto, iba un exhorto a Argentina, que entregaban al piloto de Pluna, que amablemente lo llevaba a Buenos Aires.
Hoy en día, en virtud de la cada vez más creciente internacionalización de la vida de relación, en todos los órdenes, civil, familiar, comercial, procesal, penal, millones de exhortos internacionales surcan el mundo entero, entre los diversos países y continentes, siempre con la misma finalidad: que la acción de la Justicia no se detenga por las fronteras entre los países y sea capaz de superarlas. Millones de personas, en el ámbito civil, laboral, familiar (los migrantes, por ejemplo), comercial y también por supuesto penal, las grandes empresas, pero también las pequeñas y medianas, y las personas físicas de todas las escalas socioeconómicas dependen para su problema puntual de la cooperación judicial internacional.
Desde hace muchas décadas, los países del orbe han implementado sistemas de cooperación judicial internacional, diversas vías (judicial, diplomática, particular y Autoridad Central —AC—), siendo en la actualidad la más utilizada la vía AC por muchas razones, que no es del caso analizar ahora, entre ellas, la gratuidad. Nuestro país también, a partir de fines de la década de los años 70, cumpliendo con las convenciones internacionales de cooperación que se habían firmado recientemente (1975, Convención de Exhortos y otras), creó en el ámbito del Ministerio de Educación y Cultura (MEC) la AC con muchos cometidos que se fueron extendiendo con el tiempo, básicamente para tramitar y enviar a las sedes judiciales (y de estas al exterior) los exhortos internacionales, asesorando a las autoridades jurisdiccionales sobre la materia de su especialidad.
La rica tradición uruguaya en la materia, y también la necesidad de los justiciables, impone el fortalecimiento de la AC del MEC, que cumplió siempre en forma excelente su función, razón por la cual, nuestra AC ha sido en las últimas décadas ejemplo y orgullo, tanto en Latinoamérica como en el mundo entero. Sus autoridades han sido siempre profesores de derecho internacional privado de la Universidad de la República (Udelar), y han dictado cátedra y enseñado en cuanto foro académico y oficial ha existido en los últimos 50 años en el mundo entero.
La actual situación no es la misma, no entendemos por qué designio la AC viene sufriendo, desde hace algún tiempo, una especie de desmantelamiento, algunos de los más brillantes profesores de derecho internacional privado de la Udelar que prestaban funciones o bien se han tenido que ir o bien los que estaban en comisión han tenido que volver a otras reparticiones públicas. Se trata de una actividad de alta especialización y que tiene cada vez mayor trascendencia. Pareciera que se está yendo a contramano de los tiempos y, sobre todo, se está socavando la riquísima tradición uruguaya en la materia.
Desde esta tribuna formulamos votos para que se tome conciencia y, sobre todo, se recomponga el cuadro funcional con las personas especialmente formadas para la función que debe desempeñar este importante organismo.