(Se para de la silla y vuelve a sentarse).
—Gonzalo Fernández.
(Se para de la silla y vuelve a sentarse).
Salle tuvo un buen desempeño en las elecciones de 2024 y algunas encuestas sugieren que su estrategia antisistema, aún desplegada dentro del sistema, todavía le funciona. Soy Guillermo Draper, editor general de Búsqueda, y esta edición de Derroteros está dedicada al deterioro de la imagen de la política y al casi indomesticable líder de Identidad Soberana.
El frío en las bases
El gobierno de Yamandú Orsi recibió esta semana un nuevo golpe de las encuestas. Cayó la evaluación de la gestión (57% la desaprueba) y se deterioró la imagen del presidente (el resultado de sumar aprobación y desaprobación da -28%), según el informe de Opción Consultores.
Esos datos están acompañados de un crecimiento del desánimo entre frenteamplistas. Esta nota de Búsqueda cuenta cómo el último Plenario Nacional del Frente Amplio sirvió de escenario para que dirigentes locales advirtieran sobre la caída de la militancia.
“El hecho de que solamente 4 de cada 10 electores del Frente Amplio en 2024 apruebe la labor de su gobierno y de que casi 3 de cada 10 lo desapruebe constituye uno de los principales desafíos de posicionamiento que el oficialismo tiene instalados”, dice un informe elaborado por Opción Consultores.
Los problemas sin respuestas
Dos semanas atrás conversé con la directora para las Américas de Human Rights Watch, Juanita Goebertus, sobre las negociaciones entre Estados Unidos y Uruguay en torno a la posibilidad de que el país reciba deportados. En una parte del diálogo, que quedó fuera de la nota que publicó Búsqueda el 6 de agosto, conversamos sobre el deterioro de los derechos humanos en la región y la pérdida de pie de las instituciones democráticas.
“Si uno mira todas las encuestas en América Latina, aunque con variaciones en distintos países, en general hay un proceso de erosión de la confianza en las instituciones democráticas y hay típicamente tres elementos que son los que más le preocupan a la gente: la inseguridad, la corrupción y distintas formas de expresión de desigualdad o pobreza”, resumió.
Directora de Human Rights Watch para las Américas, Juanita Goebertus.
Human Rights Watch
Goebertus explicó que el proceso de democratización que atravesó la región en la década de 1980 “fue efectivo en la reducción de la violencia estatal” de las dictaduras. Sin embargo, esos “procesos de democratización no han dado suficientes resultados” en los tres aspectos que mencionaba: “Seguimos siendo el continente más inseguro por vía de la violencia del crimen organizado, el más desigual y tenemos los peores avances en lucha contra la corrupción, lo cual reduce la confianza en las instituciones”.
La realidad local puede tener matices respecto de esa mirada regional, pero no está tan alejada. Una encuesta de Equipos Consultores sobre los problemas del país, con datos de abril, dice que en la opinión pública hubo un “incremento significativo de la preocupación por la ‘inseguridad’ (58%)”, mientras crecieron las menciones al desempleo y a otros “problemas sociales”.
La falta de respuestas suficientes a los problemas del país, que no tienen soluciones sencillas, orada la confianza en la democracia y en la política como vías para resolverlos.
No importa nada
La estabilidad uruguaya —que a veces puede confundirse con chatura— cansa, pero en el actual contexto de incertidumbre es vista desde fuera como un valor. Uno de los ejes del sistema es la centralidad de los partidos en la vida pública. En una edición de Derrotero Electoral, la primera versión de esta newsletter que publiqué previo a las elecciones de 2024, escribí sobre esa “partidocracia” tan reverenciada en el exterior.
“El sistema habilita la posibilidad de armar un partido para canalizar descontentos. Es permeable, al menos en la entrada inicial, porque la gente que no se siente representada puede armar un partido y competir”, me dijo en aquella ocasión la politóloga Rosario Queirolo.
La contienda electoral atrae atención evidente y casi monopoliza la conversación durante unos meses. Aunque la última elección pareció bastante fría, carente de euforia. No extraña entonces que, dos años después y con un debate público que a veces daña vista y oídos, el interés en la política esté en niveles bajos.
El director de Opinión Pública de Equipos Consultores, Ignacio Zuasnabar, me compartió para esta newsletter datos sobre el interés de la sociedad por la política. De acuerdo con el promedio del primer semestre de 2026, al 36% de los uruguayos no les interesa “nada”, al 31% le interesa “poco”, al 20%, “bastante” y al 13%, “mucho”.
Zuasnabar dice que ese desinterés total en la política registrado en el primer semestre del año es “muy alto”. Aunque no es inédito. Hay antecedentes de un porcentaje que respondió “nada” superior al 35%: en la crisis de 2002-2003 y entre 2015 y 2018. El máximo histórico fue en 2017, un año turbulento en la política local que incluyó la renuncia del vicepresidente Raúl Sendic, con 40% de promedio anual.
El sociólogo planteó un matiz sobre el grado del desinterés actual. Si se agrupan las respuestas “mucho” y “bastante” y las de “poco” y “nada”, la situación “no parece tan grave”. El primer grupo “siempre ha sido minoritario” y llegó a niveles de 26% en 2003 y 2017.
Un nivel máximo, me dijo Zuasnabar, ocurrió en 2024, año electoral en el que 40% de la población respondió a la encuesta diciendo que tenía bastante o mucho interés en la política.
Antisistema en el sistema
Entonces, vuelvo a Salle, a quien dejé al comienzo de esta edición parándose y sentándose en la comisión investigadora.
El líder de Identidad Soberana supo canalizar un descontento, todavía marginal, durante la última elección. El candidato antisistema obtuvo dos bancas —que ocupan él y su hija Nicole Salle— y quedó en la puerta del Senado.
Los Salle mantienen su estrategia, pero aprovechan las ventajas y la mayor visibilidad que les otorga la Cámara de Representantes. No parecen tener interés en negociar con el gobierno su apoyo en Diputados, que podría ser clave, y juegan con el resto de la oposición cuando pueden hacer mella en el sistema.
Conferencia de prensa de la oposición en un intermedio de la interpelación al ministro de Ganaderia Agricultura y Pesca
Javier Calvelo / adhocFOTOS
Nicole Salle presentó, hasta mayo de este año, 204 solicitudes de información distribuidas entre casi todos los ministerios. Este artículo de Santiago Sánchez detalla algunos pedidos que abarcan temas muy diversos: presuntas bases subterráneas, “tokenización” de recursos naturales y sobrediagnósticos.
El líder de Identidad Soberana denuncia en cada oportunidad que puede —alcanza con ver sus redes sociales— que hay una conspiración detrás de casi cada episodio, que se resume en el concepto cleptocorporatocracia. Combate, dice, a un Partido Único del Nuevo Orden Mundial.
Los legisladores de la oposición saben convivir con Salle, sus conspiraciones y su campaña antivacunas, pero trazan el límite con su antisemitismo, como quedó claro a comienzos de año.
“Para el 2030 la ‘granja humana’ estará bajo control total de los amos judeosionistas que son esclavistas y supremacistas”. Salle hizo una publicación en X con esta frase en enero de este año. A raíz de esto, la senadora nacionalista Graciela Bianchi recordó el desafuero de Alejandro Kayel en la Cámara de Representantes en 1941 por difundir ideología nazi y citó el artículo 115 de la Constitución: “Cada cámara puede corregir a cualquiera de sus miembros por desorden de conducta en el desempeño de sus funciones y hasta suspenderlo en el ejercicio de las mismas, por dos tercios de votos del total de sus componentes”. Las líneas quedaron marcadas.
Una mirada hacia adelante
Las elecciones de 2029 están lejos, pero todos los políticos las miran de reojo. El propio Salle celebró que en una nota de Búsqueda un periodista manejó que una encuesta le da hasta un 6% de intención de voto.
El director periodístico de Búsqueda, Andrés Danza, escribió que la actual coyuntura política parece ser favorable a discursos como el de Salle. Se debe, al menos en parte, a esa insatisfacción que parece trasuntarse en la opinión pública con los resultados que ofrece el sistema actual.
A tres años de los comicios, esos números deben manejarse con cautela, pero algo sugieren. Identidad Soberana —o más bien su líder— parece estar marcando un poco mejor que sus resultados electorales de 2024.
Es muy pronto para decir que ese descontento redundará en un crecimiento electoral de Salle. Su partido registró algunas bajas y, si bien su figura es el centro, juntar votos necesita de estructuras. Ninguno de los últimos partidos nuevos que tuvieron éxito han podido repetir en la siguiente.
En 2019 hubo una explosión de outsiders que capitalizaron su novedad en las urnas, entre ellos Guido Manini Ríos, Juan Sartori y Edgardo Novick. Ocho años después, dos abandonaron la política y el tercero lidera un partido muy mermado.
Aquella fue una elección en la que el oficialista Frente Amplio estaba en caída y sus potenciales contendientes no daban las certezas que dan hoy, me dijo Zuasnabar en 2024. A esta altura del período podría decirse algo similar.
El gobierno acumula críticas, pero tiene margen todavía para revertir la tendencia. La oposición tampoco es popular, según una encuesta de Factum, pero sí tiene un líder consolidado. Luis Lacalle Pou es el único dirigente político con imagen positiva, de acuerdo con un estudio de Equipos Consultores. Si el expresidente finalmente compite, puede canalizar el descontento antes de que llegue a Salle.
Por cierto, ¿tenés alguna duda de que Lacalle Pou va a ser candidato?
Si querés mandarme comentarios sobre estos u otros temas, escribime a [email protected]. Para acceder a todo nuestro contenido, suscribite a Búsqueda.
Recomendaciones
Esta semana Búsqueda vino cargado. Entre las notas, te recomiendo una que trae nuevos detalles sobre la garantía trucha que presentó el astillero Cardama al Estado uruguayo, porque la saga, que tenía una empresa inglesa “de papel”, ahora también tiene intermediarias financieras que se dedicaban a la venta de hortalizas. Y vale la pena también prestar atención a esta nota de la editora de Política, Victoria Fernández, que augura una posible rediscusión sobre el derecho al voto en el exterior.