¡Hola !

En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, tu plan tendrá un precio promocional:
$ Al año*
En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
* Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

¡Hola !

En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, por los próximos tres meses tu plan tendrá un precio promocional:
$ por 3 meses*
En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
* A partir del cuarto mes por al mes. Podés cancelar el plan en el momento que lo desees
stopper description + stopper description

Tu aporte contribuye a la Búsqueda de la verdad

Suscribite ahora y obtené acceso ilimitado a los contenidos de Búsqueda y Galería.

Suscribite a Búsqueda
DESDE

UYU

299

/mes*

* Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

¡Hola !

El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá

Los más jóvenes tienen menos frecuencia sexual, ¿por qué?

Numerosos estudios confirman que los centennials o generación Z están teniendo menos relaciones sexuales que las que tenían sus padres y abuelos a su misma edad, un fenómeno denominado recesión sexual que es impulsado por múltiples factores, como la tecnología y el estrés

Editora de Galería

Tener sexo casual por estos días parece casi tan accesible como pedirse una hamburguesa. Incluso para los más tímidos, alcanza con tener una aplicación de citas, filtrar la búsqueda con ese objetivo y deslizar a la derecha hasta dar con algún match. El psicólogo Álvaro Alcuri, especialista en terapia de parejas, contrasta esta fotografía del hoy con la de una sexualidad restringida en los últimos siglos. “En la época de nuestros abuelos la sexualidad estaba reprimida, censurada, era difícil acceder por pacatería. En la época de la dictadura había represión hasta para estar estacionado en la rambla” con una potencial pareja sexual.

Por un lado, el sexo nunca estuvo tan al alcance de todos. Por el otro, numerosos estudios confirman que los más jóvenes, centennials­ o generación Z, están teniendo menos encuentros sexuales que los que tenían sus padres y abuelos a la misma edad.

Si bien en Uruguay todavía no hay reportes recientes sobre ejercicio de la sexualidad de las nuevas generaciones, la tendencia se comprueba en varios países del mundo occidental. En Estados Unidos, entre 2010 y 2024 el porcentaje de adultos de entre 18 y 29 años que no tuvo sexo en el último año se duplicó: pasó de 12% a 24%, según datos analizados por el Institute for Family Studies­. Otra encuesta realizada en 2022 por el Instituto Kinsey (Estados Unidos) y la marca de bienestar sexual Lovehoney reveló que uno de cada cuatro adultos de entre 18 y 24 años nunca tuvo un encuentro sexual.

El más destacado de estos relevamientos es la Encuesta Nacional de Actitudes Sexuales y Estilos de Vida (Natsal, por sus siglas en inglés), realizado cada 10 años en Reino Unido. En el primer estudio, en 1991, los encuestados respondieron que mantenían relaciones sexuales unas 60 veces al año. Para 2012, esta cifra ya había pasado a los 36 encuentros. El cuarto informe fue realizado entre 2022 y 2024 y si bien los resultados aún no fueron publicados oficialmente, las proyecciones estiman una nueva caída, con una cifra estimada en los 27 encuentros sexuales por año. Para Alcuri, se trata de “un estudio muy concluyente que no permite que miremos para el costado”.

¿Recesión?

Todo parece más ordenado y fácil de entender cuando se le pone un nombre, una etiqueta. Es así que desde periodistas hasta investigadores denominan este descenso en la frecuencia entre los jóvenes como recesión sexual. Al plantear este término, algunos especialistas prefieren hacer un matiz que puede parecer obvio, pero no lo es: tener sexo no se limita al encuentro presencial y mucho menos únicamente coital. En ese sentido, la oficial nacional del Programa del Fondo de Población de las Naciones Unidas (Unfpa­), Valeria Ramos, apunta algo clave: al observar las preguntas realizadas en estas encuestas, casi todas ellas se basan en este tipo de encuentros, es decir, la acepción más tradicional de encuentro sexual. “Es como si no consideraran que la sexualidad en entornos digitales es un ejercicio de la sexualidad. Si se sustituye lo físico por lo online, ¿significa que se está ante una recesión sexual, o que estas generaciones están ejerciendo su sexualidad de manera diferente?”, plantea, una pregunta que responde claramente la presidenta de la Sociedad Uruguaya de Sexología (SUS), Vivián Dufau: Las nuevas generaciones no tienen menos sexo y, contrario a lo que puede creerse, están más sexualizadas y sienten igual o mayor deseo que anteriores juventudes. Tienen una mayor educación sexual y acceso a la información, practican sexting y cibersexo y miran pornografía de forma constante.

Generación Z, jóvenes.
La recesión sexual es parte de un fenómeno mayor. Para el psicólogo Álvaro Alcuri, “hay una pérdida de protagonismo en los vínculos”.

La recesión sexual es parte de un fenómeno mayor. Para el psicólogo Álvaro Alcuri, “hay una pérdida de protagonismo en los vínculos”.

En Uruguay, el consumo de pornografía inicia a los 12 años y, entre ellos, un 20% entre los seis y los 12, según un estudio de Unfpa junto con la Facultad de Psicología de la Udelar. Los nuevos adolescentes y jóvenes tienen más libertad a la hora de vivir su sexualidad independientemente de la orientación, y la viven. Pero esa misma libertad, paradójicamente, los lleva a pensar más antes de actuar; por ende, a tener menos encuentros sexuales de los que implican un contacto directo entre genitales, para muchos, la única definición aceptada de lo que significa tener sexo.

Dufau explica que esta “recesión” no es más que un reflejo de todos los cambios —sociales, tecnológicos, culturales— atravesados por las nuevas generaciones. “Si pienso en generaciones anteriores, como la mía, no tenías otra que salir a socializar, a bailar”. A conocer gente, cara a cara y dejarse llevar por lo que ocurriera en esos encuentros. “No había otra cosa. Esta generación tiene acceso indefinido a redes sociales, a internet; se relacionan de una forma muy cibernáutica”, agrega. Es lo que el psicólogo gestáltico Álvaro Alcuri resume como “virtualización de los encuentros”, incluido el sexual. “Aunque tengas acceso al porno, o a un encuentro virtual sexualizado entre personas, no hay un encuentro sexual (físico) propiamente dicho. Hay una influencia grande en las conductas de encuentro, de cortejo, de flirteo, que antes pasaban por lo presencial y ahora pasan por lo virtual”, apunta.

En ese sentido, Ramos sostiene que incluso dentro de la generación Z es necesario hacer varios cortes o subcategorías, y que quienes ingresaron a la adolescencia en tiempos de pandemia se vieron obligados a retrasar cuestiones fundamentales, más allá de las fiestas de 15: la creación de vínculos, “el verse, juntarse, tocarse”. “Empezaron a ser adolescentes y los encerramos”, añade. En ese sentido, suele decirse que quienes vivieron su adolescencia en pandemia y ahora son adultos jóvenes se sienten algo perdidos en cuanto a los códigos de seducción. “De repente ghostean, o ponen un like y esperan que con ese like pase algo”, detalla Ramos. “Algo” que difícilmente suceda.

Sobran los motivos

Para su nuevo libro, La segunda venida: el sexo y la lucha de la próxima generación por su futuro, la periodista estadounidense Carter Sherman entrevistó a más de 100 jóvenes para saber por qué no están teniendo sexo. Según cuenta, están “muy calientes”, pero también se sienten más temerosos, aislados y cohibidos.

La recesión, al parecer, no es únicamente sexual. Como es de esperar, también disminuye el tiempo dedicado a la vida social. El estudio que llevó adelante el Institute for Family Studies (Estados Unidos) llegó a la conclusión de que entre jóvenes de entre 18 y 24 años, ese tiempo pasó de casi 13 horas semanales dedicadas en 2010 a poco más de cinco en 2024.

Jóvenes y pantallas
La recesión, al parecer, no es únicamente sexual. Como es de esperar, también disminuye el tiempo dedicado a la vida social.

La recesión, al parecer, no es únicamente sexual. Como es de esperar, también disminuye el tiempo dedicado a la vida social.

En ese sentido, la recesión sexual es parte de un fenómeno mayor. Para Alcuri, “hay una pérdida de protagonismo en los vínculos”. “Hace 30 años un vínculo era algo de vida o muerte. Hoy no es tan central”, indica. Mientras el individualismo y su cultura “más centrada en el yo que en el tú” siga creciendo de la mano de la tecnología, el otro será cada vez menos importante, en todo sentido. “Disminuye el encuentro, la presencia del otro en nuestras vidas, la vida en familia, la cantidad de hijos que tenemos. No podemos vivir sin los otros, pero el otro está siendo peligrosamente desvalorizado”, dice. Ese mismo individualismo, sumado a la libertad sexual, tiene como consecuencia una desvalorización de los encuentros sexuales casuales, codiciados en tiempos de represión. “Hoy nadie te va a golpear la ventana del auto con una linterna, pero resulta que ese encuentro no está tan valorizado”.

Mientras el sexo casual pierde valor, surgen tendencias como la del celibato voluntario, impulsada por celebridades como Rosalía o Khloé Kardashian; lejos de desinteresarse por el sexo, quienes toman esta decisión dicen adjudicar al sexo valores trascendentales y priorizar aspectos como la conexión y la seguridad. Justamente, tener más libertad y estar más informados es lo que los lleva —salvo excepciones, que siempre las hay— a tomar decisiones más conscientes, basadas en el autocuidado.

Con base en evidencias, Ramos explica que quienes reciben educación sexual tienden a postergar su iniciación sexual, un punto que podría estar influyendo en la denominada recesión. Coincide la presidenta de la Sociedad Uruguaya de Sexología: “Es una forma de autoprotección. La mayor información que tienen, con campañas como la de concientización por sífilis, que es increíble la cantidad que tenemos, les lleva muchas veces a tener un poco más de consciencia desde el autocuidado, no desde el miedo. Eso es lindo de ver”.

Generación Z, jóvenes
Ramos explica que quienes reciben educación sexual tienden a postergar su iniciación sexual, un punto que podría estar influyendo en la denominada recesión.

Ramos explica que quienes reciben educación sexual tienden a postergar su iniciación sexual, un punto que podría estar influyendo en la denominada recesión.

La educación también los lleva a plantearse el consentimiento o la búsqueda de vínculos sanos y el retraso, por lo mismo, en generarlos. “Antes arrancabas un noviazgo en el que nadie te enseñaba que ciertas cosas no estaban bien. Y hoy trabajamos en la adolescencia los noviazgos libres de violencia, con violentómetro, y los gurises lo conocen. Empezás a tener más claro qué sí o qué no, y demorás más en encontrar un zapato que te calce”, señala Dufau.

Analizan, se toman su tiempo, conversan con sus amigos. Pero también se confunden ante la sobreinformación y los nuevos códigos de coqueteo y, ante la duda, optan por lo que les resulta más conocido y cómodo, dice Alcuri. “Te queda más cómodo quedarte en tu cuarto relacionándote con un video, con un desconocido o una persona que falsifica su identidad. Las herramientas que tenemos nos transforman en mutantes tecnológicos adolescentes que no salen a encontrarse con otros”. Y ahí empieza otro círculo vicioso. “El porno es un aliento a la masturbación, y la masturbación es solitaria. No terminamos de salir al mundo, porque hay muchas herramientas para mantener esta adolescencia. No estamos educando el encuentro con el otro. Estamos diciendo: no te preocupes, seguí masturbándote en tu casa, no salgas. Y eso me parece terrible”, sentencia Alcuri.

Cuanto mayor sea la exposición al porno, más distorsionadas serán las expectativas sobre el encuentro sexual. A esto se refiere Ramos: “En los talleres de educación sexual no salía con tanta fuerza el tema de pornografía como ahora. Los chiquilines están entendiendo que es un problema”, indica.

Generación estresada

No todo es culpa de las pantallas. O sí. La generación Z también es la que reporta los niveles de estrés más altos, según confirman estudios como el de la Asociación Estadounidense de Psicología, en el que un 91% de los jóvenes de esta generación informó haber experimentado síntomas físicos o emocionales asociados al estrés. Y sí: también es culpa de las pantallas. “Hoy vemos gurises cada vez más chiquitos con ansiedad y depresión. Internet, el acceso a pantallas cuando el cerebro todavía no está preparado, todo eso va a repercutir en la salud mental”, señala Dufau. Todas estas patologías, claro está, tienen consecuencias en la forma de vivenciar la sexualidad. El cortisol elevado por el estrés, por un lado, inhibe automáticamente la respuesta sexual, ya que su función principal es la de poner al cerebro en alarma. La medicación, por otra parte, puede “adormecer” la respuesta sexual. “Ves bajo medicación a niños de 12 años, a esa edad estás iniciando la masturbación, y todo lo que implica el desarrollo de tu función sexual está adormecido por la medicación”, subraya Dufau.

Por si fueran pocos los motivos, la sexualidad de la generación Z también se ve afectada por la emancipación tardía, que tiene como consecuencia natural la prolongación de la adolescencia. Pero también representa, en buena parte de los casos, una barrera logística a la hora de tener un encuentro sexual­, sobre todo si es casual. “Si vos no tenés una familia asertiva respecto a que estás adoleciendo y tenés prácticas sexuales, no podés. Entonces se retarda el inicio de las relaciones sexuales y de vínculos estables de pareja”, señala la presidenta de la SUS.

“Te queda más cómodo quedarte en tu cuarto relacionándote con un video, con un desconocido o una persona que falsifica su identidad. Las herramientas que tenemos nos transforman en mutantes tecnológicos adolescentes que no salen a encontrarse con otros”, señala el psicólogo Álvaro Alcuri.

Las pantallas, la pornografía, el estrés, la emancipación tardía, la sobreinformación. Todo parece atentar contra el clásico encuentro sexual y sus tantos beneficios: “Si nuestra función sexual es sana y nuestro vínculo es sano, te mejora la salud cardiovascular, te mejora el estado de ánimo, aumenta la serotonina, la dopamina, es todo lo que está bien cuando mi cerebro lo asocia a placer”, dice Dufau, y agrega que los vínculos sexoeróticos deberían recetarse “una o dos veces por semana”. “Un mimo, una caricia, un mirarte con ojos que hablen, todo eso es parte”. Nada de eso, no obstante, se logra a través de una pantalla.

Las nuevas generaciones, muy de a poco, también están tomando conciencia y empiezan a reaccionar mediante la búsqueda de encuentros cara a cara. Dejan sus celulares de lado, muchos incluso educan a sus padres sobre el “uso consciente” de la pantalla, e integran grupos como clubes de running o lectura. A Alcuri le gustaría creer que “tocamos una especie de fondo”. “Es evidente que necesitamos de los vínculos, y que el único camino posible para sentirnos mejor es el encuentro con otros, revalorizar el vínculo en persona”. La buena noticia es que el deseo se mantiene intacto. Lo que falta, entonces, es que esos cuerpos vuelvan a encontrarse.