En una época marcada por la aceleración, la hiperconexión, la inteligencia artificial (IA) y la exposición permanente, el psicoanálisis propone algo que parece ir a contracorriente: detenerse, pensar, mirar hacia adentro. Ese es uno de los puntos de partida del XIII Congreso Internacional de la Asociación Psicoanalítica del Uruguay (APU), que se realizará en Montevideo el 27, 28 y 29 de agosto, bajo el título Psicoanalizar Hoy: lo Íntimo, lo Ominoso y lo Virtual. El encuentro retoma, además, el título del libro que Marcelo Viñar publicó hace más de 20 años y que, según Claudio Danza y Natalia Goungian, integrantes de la Comisión Científica de la APU, conserva una sorprendente vigencia.
Ambos señalan que, mientras la tecnología multiplica las posibilidades de comunicación y acceso a la información, también crecen en la clínica la angustia, la soledad y las sensaciones de vacío. Frente a un mundo que ofrece respuestas inmediatas y discursos que indican cómo vivir, el psicoanálisis reivindica el espacio para hacerse preguntas, pensar en profundidad y recuperar una posición activa frente a aquello que les pasa a los seres humanos. La IA se presenta así como una de las grandes interrogantes de la época: una herramienta con enormes posibilidades, pero que también puede utilizarse para evitar el esfuerzo de pensar y elaborar.
Los tres ejes del congreso —lo íntimo, lo ominoso y lo virtual— buscan explorar esas transformaciones y sus efectos sobre la subjetividad y los vínculos. Desde la intimidad del encuentro entre paciente y analista hasta la extrañeza que producen fenómenos como conversar con una representación digital de alguien muerto, Danza y Goungian sostienen que el psicoanálisis continúa adaptándose a los cambios de época sin abandonar aquello que consideran esencial: la escucha, la palabra, el encuentro con otro y la posibilidad de descubrir lo inconsciente.
Claudio Danza: Propusimos Psicoanalizar Hoy por varios motivos. Primero, porque es una referencia a uno de nuestros maestros, Marcelo Viñar, que falleció el año pasado y tiene un libro que se titula así, que publicó hace 20 años. Psicoanalizar es ir un poco a contracorriente, porque no es buscar la solución fácil, es la pausa, es detenerse a pensar, ir en profundidad, buscar el sujeto y no tanto aferrarse a los objetos. Marcelo hablaba de que estábamos en un tiempo acelerado, vertiginoso. Y de eso hace 20 años. Pero nos dimos cuenta de que las palabras de Marcelo todavía tienen vigencia hoy. Y hasta diríamos que tienen más vigencia que hace dos décadas. El mundo está acelerado, hiperconectado, pero muchas veces aumenta la sensación de soledad, las depresiones, la ansiedad. Por eso consideramos que psicoanalizar hoy es una propuesta necesaria, vigente, y que implica una mirada un poco a contracorriente. El psicoanálisis se caracteriza por buscar lo inconsciente, lo que está en los márgenes. Buscar la pausa para la reflexión.
Natalia Goungian: Planteamos una invitación a tomarnos un tiempo para hacernos preguntas, para pensar cómo funciona la sociedad hoy y qué tiene eso que ver con las diferentes presentaciones del dolor y la angustia. El psicoanálisis para nosotros está muy vigente, y la propuesta del congreso es poder mostrar cómo trabajamos los psicoanalistas, cómo pensamos el dolor, el sufrimiento y todo lo que tiene que ver con la digitalización de la sociedad.
¿Qué efectos tiene esta forma de vivir tan acelerada y vertiginosa sobre la subjetividad humana y la capacidad de estar a solas con nosotros mismos?
C.D.: Tiene más de un efecto. El más visible es el exceso de información, el exceso de estimulación. Eso lleva a que sea difícil hacer una pausa, procesar y pensar. Hace que el pensamiento esté un poco en jaque. El psicoanalista británico Wilfred Bion habla de que el humano tiene un aparato para “pensar pensamientos”, que es parte de su psiquismo. Jugando con esas palabras, nosotros decimos que capaz que tenemos que pensar si en esta sociedad actual, vertiginosa e hiperconectada, no existirá un aparato para hacer lo contrario: para no “pensar pensamientos”, en el sentido de un ChatGPT de respuestas, una inteligencia artificial que hace el trabajo por otro. Esas cosas coartan las posibilidades creativas del ser humano. Tampoco queremos limitar la IA ni otros avances tecnológicos, pero cuestionamos que pueda haber un uso excesivo, o un mal uso de esas herramientas.
Planteamos una invitación a tomarnos un tiempo para hacernos preguntas, para pensar cómo funciona la sociedad hoy y qué tiene eso que ver con las diferentes presentaciones del dolor y la angustia. Natalia Goungian Planteamos una invitación a tomarnos un tiempo para hacernos preguntas, para pensar cómo funciona la sociedad hoy y qué tiene eso que ver con las diferentes presentaciones del dolor y la angustia. Natalia Goungian
N.G.: La forma que tenemos de vivir en la actualidad, que es permanentemente conectados, hace parecer que estamos más informados, más comunicados. Pero, en realidad, los efectos que vemos en la clínica muestran que la angustia crece, la soledad crece. La gente está conectada, pero no se siente que pertenece; siente que queda por fuera. El congreso tiene la función de revalorizar el acto de pensar y restituir a la persona, en este caso, el paciente. Que se sienta dueño de su propia existencia, y no solamente acusado por los múltiples discursos de gurús de las redes sociales que dicen cómo ser, cómo actuar, de qué trabajar. Es la pausa, el pensar, el reflexionar qué tengo que ver con esto que me pasa. Asumirse como primera persona, ese es uno de los objetivos. Organizamos el congreso en base a tres ejes: lo ominoso, lo íntimo y lo virtual. Lo virtual lo asumimos como algo que está sucediendo. Puede ser un obstáculo, pero también es una herramienta. El tema es el uso que se le dé. Hay que pensar qué beneficios le damos a esto, cómo dejamos que nuestra vida esté permeada por la virtualidad y qué incidencia tiene en nuestra subjetividad.
Uno de los ejes temáticos del congreso es lo íntimo. ¿Qué lugar ocupa la intimidad cuando las personas están permanentemente expuestas, comparten aspectos de su vida en las redes sociales, y siguen una lógica de mostrar y ser vistas?
C.D.: Uno tendería a pensar que en esta época hay menos espacios de intimidad. Consideramos que uno de los espacios más íntimos es el del análisis. Es este espacio donde hay un paciente y un analista. El paciente habla sobre sí mismo y el analista escucha. Es una escucha singular, la escucha del inconsciente. Ahí se producen cosas que hacen surgir lo más íntimo del paciente. Ese espacio sigue estando y nosotros lo ejercemos todos los días. Pero algo para pensar son los cambios que se han producido en eso. Por ejemplo, en el consultorio muchas veces está el celular. Lo tenemos ahí, obviamente en silencio o en un modo que no interrumpa. Pero están tanto el celular del paciente como el nuestro, porque es como un apéndice que llevamos a todos lados. Y a mí me ha pasado en alguna oportunidad que el paciente habla de determinado tema y después en el celular el algoritmo me muestra publicidades sobre ese tema. Eso da la sensación de que hay alguien metiéndose en las cámaras y los micrófonos como si estuviera metiéndose en nuestros consultorios.
Otro de los ejes del congreso es lo ominoso, como algo que resulta extraño y familiar al mismo tiempo. ¿Qué fenómenos de la época actual podrían pensarse desde esa idea? ¿Hay algo particularmente ominoso en el mundo en el que estamos viviendo?
C.D.: Esa es otra pregunta que nos hacemos en la invitación al congreso: si estamos frente a un mundo que nos genera sensaciones o vivencias más ominosas. Lo ominoso es algo que nos habita en algún momento y nos da una sensación como de extrañeza, de incomodidad. También nos puede generar cierta angustia. Un ejemplo puede ser la posibilidad que brinda la IA de hablar con alguien que está muerto, como el holograma que se puso en el recital de Soda Stereo, en el que aparecía Gustavo Cerati cantando. Eso genera una sensación ominosa, porque hay algo de omnipotencia y una sensación de que la muerte se puede superar. Es ominoso también el aumento de los discursos de odio, que aparezcan nuevos líderes omnipotentes que no solo respondan a ataques de otros, sino que pretendan destruir civilizaciones, o cosas de ese estilo. Eso tiene que ver con el odio de otra época, que uno pensaba que nunca más iba a volver a aparecer.
Es ominoso también el aumento de los discursos de odio, que aparezcan nuevos líderes omnipotentes que no solo respondan a ataques de otros, sino que pretendan destruir civilizaciones. Eso tiene que ver con el odio de otra época, que uno pensaba que nunca más iba a volver a aparecer. Claudio Danza Es ominoso también el aumento de los discursos de odio, que aparezcan nuevos líderes omnipotentes que no solo respondan a ataques de otros, sino que pretendan destruir civilizaciones. Eso tiene que ver con el odio de otra época, que uno pensaba que nunca más iba a volver a aparecer. Claudio Danza
Se viven cambios en los vínculos, las relaciones mediadas por pantallas, nuevas formas de encuentro, una exposición permanente, pero persiste una sensación de soledad. ¿Qué observan los psicoanalistas en los consultorios respecto a estas transformaciones?
N.G.: Sí. Pareciera que todo es más accesible, tenemos aplicaciones de citas, múltiples redes, pero vemos que hay síntomas que persisten. La gente consulta por sensaciones de vacío que son cada vez más intensas. Tenemos muchos casos de bullying en la forma de integración que tienen los más chicos. En los adultos analizamos cómo lo padecen, qué hacen con su angustia. Vemos que el malestar va en aumento constante. Pareciera que vivimos en un mundo donde están todas las respuestas, y que la gente entonces ya tendría que saber cómo ser feliz. Porque el mandato es “si querés, podés”. Y si no podés es porque estás haciendo algo mal. Sin embargo, eso no favorece la calma. Al contrario, favorece la sensación de que tendría que estar teniendo de todo. Favorece los ideales de éxito que no se logran. Y ahí, la caída, el sufrimiento.
En esta época atravesada por la inmediatez, por la IA y la búsqueda de respuestas rápidas, ¿qué puede ofrecer todavía el psicoanálisis que no pueda reemplazar ninguna otra herramienta?
C.D.: Un espacio para detenerse a pensar, para poder mirarse. Un espacio para descubrir lo inconsciente, para poder vernos en profundidad.
N.G.: Y también con otro que escucha. Es una escucha particular, que busca dar sostén a la persona que consulta, a su padecimiento. Hoy parece que la IA te responde todo, que tiene toda la información, todas las respuestas correctas. Pero la gente primero va por ahí y después viene al consultorio, porque eso no le alcanzó. Porque hay algo de lo humano que está en el encuentro con otro y en lo que circula en esa escucha auténtica. Eso no lo va a reemplazar ninguna inteligencia artificial.
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