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¿Qué es el ‘capítulo solitario’ en la vida de una persona?
Chris Williamson, creador del podcast Modern Wisdom, llama capítulo solitario a un período de transformación personal que implica quietud con movimiento, y miedo con valentía
Existe un espacio entre la persona que no querés ser y la que querés llegar a ser. Ese espacio se llama the lonely chapter o “el capítulo solitario”. El término fue acuñado por Chris Williamson, creador del podcastModern Wisdom, y refiere a un período de transformación personal: una etapa de quietud con movimiento, de silencio lleno de ruido, de dudas con fe ciega, de miedo pero también de valentía.
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Este capítulo no surge de la nada. Tiene múltiples detonantes, pero el denominador común es el cambio. Es ese momento en el que una persona empieza a sentirse distinta: ya no resuena con su entorno, con sus hábitos, con lo que consume —sea alimento, contenido o vínculos—. Sin embargo, todavía no está lista para habitar una nueva versión de sí misma y reinsertarse desde otro lugar.
Vale aclarar que esto no es nuevo. Lo que cambia es la forma de nombrarlo. Vivimos en una época que adora etiquetar y categorizar todo, a veces para comercializar, otras porque simplemente da orden y ordenar ayuda a pensar. Esta obsesión por ponerle nombre a todo no es algo negativo en sí mismo, pero llevado al extremo puede volverse limitante.
Dos formas de atravesarlo: Monk Mode y Winter Arc
En los últimos años, dos conceptos se volvieron populares como formas de atravesar este capítulo solitario, especialmente entre hombres jóvenes: monk mode y winter arc. Ambos remiten a prácticas milenarias de introspección, pero reinterpretadas en clave contemporánea y viral.
Monk Mode
El monk mode o “modo monje” es un retiro del mundo exterior con el objetivo de reenfocar, corregir hábitos, enfrentar debilidades y crecer. Se trata de entrar en un modo en el que la disciplina, el aislamiento y la mejora personal se vuelven prioridades. Chris Williamson ha relatado su propia experiencia con este enfoque: dejó el alcohol por más de 2.000 días, pasó 500 sin cafeína, realizó más de 1.500 sesiones de meditación, más de 300 sesiones de yoga y escribió un diario durante más de cinco años. Todo eso no hubiese sido posible sin haberse concentrado en esta práctica.
Winter Arc
El winter arc o “arco de invierno” comparte el espíritu del monk mode, aunque con una duración más delimitada. Como su nombre lo sugiere, se plantea como un desafío durante los meses de invierno, pensado para catalizar una transformación física, mental y emocional. En lugar de atravesar esta estación de forma pasiva —como a menudo invita el clima o el entorno—, propone aprovecharla como un motor de cambio.
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La palabra arc, tomada del lenguaje narrativo, remite directamente al “arco de personaje”: esa estructura que define el recorrido de alguien que cambia a lo largo de una historia. El winter arc, entonces, se inspira en esa lógica: verse a uno mismo como protagonista de un relato de evolución, en el que el invierno representa una etapa de conflicto, introspección y superación. Es una forma simbólica de asumir el rol activo en la propia transformación.
El riesgo de quedarse atrapado
Ambas prácticas pueden ser sumamente beneficiosas, pero también conllevan un riesgo: volverse un estilo de vida crónico. Lo que comenzó como una estrategia para reordenarse puede convertirse en una excusa para evadir. Ahí es cuando dejan de ser una pala para salir del pozo y pasan a ser la pala que cava más profundo.
La respuesta para evitar esto se encuentra en la propia composición de estos neologismos: tanto el modo (modo monje) como el arco (arco de invierno) o el capítulo (capítulo solitario) implican literalmente el significado de su palabra: un inicio y un final. No están pensados para durar para siempre. El problema aparece cuando se los convierte en una identidad permanente, olvidando el motivo original: poder presentarse nuevamente al mundo con otra versión de uno mismo.
El aislamiento puede sentirse noble y hasta necesario, pero si se prolonga indefinidamente, deja de ser crecimiento y pasa a ser encierro. Somos seres sociales por naturaleza, vivimos en red, y aunque el repliegue puede ser poderoso, la salida también debe estar contemplada.
Todo capítulo tiene un final. Todo personaje tiene un arco que finaliza con la historia. Todo modo se apaga. No son hogares, son lugares de tránsito. El budismo lo expresa con una de sus verdades esenciales: todo es impermanente y aferrarse a lo transitorio solo provoca sufrimiento. Comprender esto no es resignarse, sino aceptar que el movimiento es parte de la vida. Como dice la máxima atribuida a Charles Darwin: “No es la especie más fuerte la que sobrevive ni la más inteligente, sino la que responde mejor al cambio”. El cambio implica adaptación y la adaptación implica movimiento.