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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáQuiero felicitar al gobierno, pues en principio comparto la idea de construir dos nuevas cárceles que, según se ha dicho, serán de alta seguridad.
Estimo que la idea es obtener los siguientes resultados: 1) que los ahí retenidos no se fuguen; 2) que, asumiendo que muchos serán delincuentes con experiencia, no “instruyan” en delito a otros presos, especialmente a los primarios; 3) y, muy especialmente, que no dirijan operaciones criminales desde la cárcel. Esto debería lograrse regulando las visitas y el contacto vía celular.
Es sobre este último punto que quiero reflexionar. Obviamente es buena cosa que el delincuente peligroso no tenga contacto telefónico (entiéndase a través de cualquiera de los métodos que un celular hoy posibilita) desde la cárcel con quienes estén fuera. La pregunta es: ¿por qué eso no se hace hoy? Mediante inhibidores de celulares eso podría hacerse ya. Los beneficios son obvios, no para el preso, que estaría ¡más preso!
¿Por qué no se hace? Descarto absolutamente la connivencia de las autoridades con criminal alguno. Que pueda haber policías que no lo quieran, puede ser. Pero el mando es del gobierno. ¿Temor a represalias? Quizás.
Me atrevo a sugerir, señor presidente, que considere enviar una iniciativa al Parlamento en que plantee la instalación de inhibidores de celulares en los principales centros de reclusión del país y muy probablemente el cien por ciento de los legisladores lo apoyen. Hágalo así política de Estado.
Por atrevido y estúpido que parezca, me atrevo a plantear que se tomen las medidas necesarias para evitar represalias contra las personas que instalen los correspondientes dispositivos, y, aunque sea obvio, por favor, que se prevenga que estos no puedan ser deshabilitados.
Su ministro del Interior lo agradecerá; la población del Uruguay toda también.
Nilo Pérez