• Cotizaciones
    jueves 12 de marzo de 2026

    ¡Hola !

    En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, tu plan tendrá un precio promocional:
    $ Al año*
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
    * Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

    ¡Hola !

    En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, por los próximos tres meses tu plan tendrá un precio promocional:
    $ por 3 meses*
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
    * A partir del cuarto mes por al mes. Podés cancelar el plan en el momento que lo desees
    stopper description + stopper description

    Tu aporte contribuye a la Búsqueda de la verdad

    Suscribite ahora y obtené acceso ilimitado a los contenidos de Búsqueda y Galería.

    Suscribite a Búsqueda
    DESDE

    UYU

    299

    /mes*

    * Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

    ¡Hola !

    El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá

    Irán y la lucha de sus mujeres por la libertad

    Sr. director:

    Treinta y cinco años después de haber vivido en Irán, vuelvo a hacerme una pregunta inevitable: ¿es el mismo país que conocí? Mientras el régimen ha demostrado una sorprendente capacidad de permanencia, la sociedad —y especialmente sus mujeres— parece estar protagonizando una transformación silenciosa que podría definir el futuro del país.

    Llegué a Irán —la antigua Persia, cuna de una de las civilizaciones más antiguas del mundo— con apenas 11 años, acompañando a mi familia en una misión diplomática. Sin saberlo entonces, aquella experiencia marcaría profundamente mi vida y mi manera de entender el mundo. Desde muy joven viví de cerca el ritmo, la solemnidad y también las complejidades de la vida diplomática en un país de historia milenaria. Pero, sobre todo, viví Irán desde lo humano: hice amistades que el tiempo no logró borrar y conocí una cultura cuya profundidad sigue acompañando mi memoria hasta hoy.

    Irán salía entonces de la devastadora guerra con Irak. El presidente era Akbar Hashemí Rafsanyaní y el país intentaba reconstruir su economía y su posición internacional. Cuando se presentaron las cartas credenciales, fuimos recibidos con la formalidad y el peso histórico propios de una nación milenaria. El líder supremo era Alí Jameneí, consolidando su autoridad tras la era de Ruhollah Jomeini.

    En aquel tiempo, figuras que más tarde adquirirían protagonismo —como Mahmoud Ahmadineyad— formaban parte de una estructura política que aún no mostraba el perfil abiertamente confrontacional que asumiría años después.

    Pero mi recuerdo más nítido no es institucional. Es humano.

    Vivimos Irán como familia. Aprendimos sus códigos culturales, su hospitalidad, su orgullo nacional. Y como mujer observé con especial sensibilidad la realidad femenina iraní. Aun bajo restricciones visibles, percibí algo que nunca olvidé: la fortaleza intelectual y moral de sus mujeres. Había en ellas una mezcla de resiliencia, inteligencia y determinación que trascendía cualquier limitación formal.

    Siempre he defendido la libertad —y especialmente la libertad de las mujeres— y en Irán comprendí algo que me acompañaría para siempre: incluso cuando el espacio público parece restringido, la libertad puede sobrevivir en la conciencia, en la educación y en la cultura.

    Treinta y cinco años después, la pregunta es inevitable: ¿es este el mismo Irán?

    Desde el punto de vista del poder, el sistema ha demostrado una notable capacidad de supervivencia. Las sanciones internacionales, el aislamiento y las tensiones regionales no lo han derrumbado. El aparato de seguridad se ha fortalecido y el programa nuclear se ha convertido en eje estratégico de su política exterior.

    Sin embargo, la transformación más significativa no está necesariamente en la cúspide del poder. Está en la sociedad.

    La generación actual no vivió la revolución de 1979 ni la guerra con Irak. Es una generación urbana, conectada con el mundo, consciente de sus derechos. Y en ese proceso, las mujeres han dejado de ser un símbolo silencioso para convertirse en el centro visible del reclamo de cambio.

    Las protestas de los últimos años no fueron episodios aislados. Fueron la expresión de una tensión acumulada durante décadas. El movimiento que recorrió el mundo bajo el lema “Mujer, vida, libertad” no fue solo una consigna: fue la voz de una generación que decidió desafiar los límites impuestos y colocar la dignidad de las mujeres en el centro del debate sobre el futuro del país.

    Cuando pienso en las mujeres que conocí en 1991 —madres, estudiantes, profesionales— me pregunto si hoy son sus hijas quienes marchan en las calles, quienes levantan la voz y quienes desafían el miedo para reclamar un lugar más amplio en la historia de su propio país.

    En este contexto reaparece, en algunos sectores de la diáspora y de la oposición, la figura de Reza Pahlaví, hijo del último sah. Su nombre despierta adhesiones y rechazos intensos. Para algunos representa una posible referencia simbólica de transición; para otros, un retorno imposible al pasado.

    La cuestión es profunda: cualquier transformación futura en Irán deberá surgir de una legitimidad interna real, no solo de expectativas externas o nostalgias históricas.

    Irán es una civilización antes que un régimen. Y las civilizaciones evolucionan con ritmos más profundos que los ciclos políticos.

    Tal vez el sistema conserve su estructura durante algún tiempo más. Tal vez la transición sea gradual y controlada. Pero el espíritu de una sociedad no se congela en el tiempo.

    El Irán que conocí buscaba estabilidad tras la guerra. El Irán de hoy parece buscar algo más profundo: redefinir el equilibrio entre autoridad y libertad.

    Y como mujer que vivió allí con su familia, no puedo mirar esa evolución con distancia fría. La observo con memoria, con afecto y con esperanza.

    Porque si algo aprendí en Irán es que bajo las superficies políticas existe una nación de enorme profundidad cultural y humana.

    Y las mujeres iraníes —ayer y hoy— siguen siendo, quizás, su conciencia más lúcida.

    Las revoluciones políticas pueden tardar en llegar, pero cuando las mujeres de una sociedad deciden no volver atrás, la historia termina encontrando su camino.

    Zaida González Legnani

    // Leer el objeto desde localStorage