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A estar por los resultados de las elecciones del año pasado, deberíamos haber esperado importantes cambios en materia de protección y seguridad social, no por medio de una reforma constitucional sino por la vía legislativa. ¿Por qué?
Porque 1°) en octubre casi el 75% de los y las frenteamplistas ensobramos el Sí en el plebiscito, apoyando las tres medidas cautelares de la papeleta: pasividades mínimas igual al salario mínimo nacional; edad jubilatoria 60 años y eliminación de las AFAP.1
2°) Por si fuera poco, dentro del casi 25% de frenteamplistas que se abstuvieron, un porcentaje contundente también está de acuerdo con equiparar las pasividades mínimas al SMN, muchos comparten lo de la edad jubilatoria y no son pocos los que están en contra de las AFAP o desconfían mucho de ellas.
3°) Pero además podían esperarse importantes y verdaderas reformas, si se tiene en cuenta el contenido del programa de gobierno del Frente Amplio por el que llegó a la presidencia Yamandú Orsi. En efecto, como se verá, las modificaciones son verdaderamente significativas e implican cambios sustantivos en la legislación y modelo hoy vigentes. (Como dijera Seregni: “El programa es cosa seria, es nuestra palabra empeñada… y hay que cumplirlo, compañeros”).
¿Cuál diálogo social y desde quiénes?
¿Será desde el pueblo o desde la cúpula dirigente más estrecha? A ver: ¿cuándo se mostraron las patas de la sota? Cuando se nombró a los cuatro directores políticos del BPS firmando así la partida de defunción de algunos de los cambios escritos y comprometidos en el programa de gobierno. Si se hubiera respetado el resultado de las urnas, tres de esos directores deberían haber surgido del casi 75% que ensobramos el Sí, y uno de quienes se abstuvieron. Sin embargo, se optó por nombrar a cuatro que no lo votaron. ¿Quién nos representa políticamente en ese directorio? Absolutamente nadie. ¿Quién promovió y ejecutó esta deriva autoritaria, violentando el mandato de las urnas?
Si se tiene en cuenta, además, que al frente del directorio quedó la economista Jimena Pardo, expresidenta de República AFAP, una de las principales opositoras al plebiscito y defensora de lo sustancial del régimen vigente, entonces claramente se nos estaba diciendo que lo medular de lo prometido sería encajonado definitivamente. ¿Bronca? ¿Dolor? Son datos de la realidad, y como tales debemos prepararnos para luchar de mil maneras por nuestras convicciones en materia de jubilaciones y pensiones.
En cuanto al llamado Diálogo Social, con todo respeto, lo que hasta ahora hubo fue solo una “escucha”, sin ida y vuelta. Se hicieron seminarios o paneles en los que los diversos participantes tuvieron apenas 15 minutos para exponer y luego, sin que mediara un necesario intercambio, había alguien —por supuesto del gobierno— que hacía su “resumen”. Muy parecido a lo que hizo Saldain y la Comisión de “Expertos”.
También se realizaron “conversatorios” en todos los departamentos del país, con una duración de apenas dos horas y media. ¿En qué consistieron esas “conversaciones”? Primero en un monólogo de quienes dirigen el Diálogo Social planteando qué es lo que se estaría buscando y formulando unas preguntas como “disparadoras”, entre las cuales se encuentra: “¿cómo evaluamos el funcionamiento del pilar de ahorro y qué cambios podrían producirse para mejorarlo?” (pregunto a quienes la formularon y a quienes me están leyendo: ¿no les parece que una pregunta como esta sesga la discusión, orientándola solo hacia la “mejora” de lo que hoy existe, dejando por el camino la posibilidad de un cambio profundo de paradigmas?
Luego de esa introducción se dio la palabra a los presentes, que así pudieron hablar, pero menos de 10 minutos cada uno. Se recibieron 67 asociaciones o instituciones y se escuchó la voz de más de 200 personas. Ciertamente es positivo que muchos de quienes participaron después de años sin tener la posibilidad de hablar la hayan tenido ahora, pero con seguridad deben haber deseado un intercambio real, con la correspondiente “devolución”. Nada de eso ocurrió: se les dijo que sus intervenciones y planteos serían tomados en cuenta como “insumos” —y chau.
¿Acaso gatito por liebre?
Como conclusiones de esta primera etapa, recientemente los responsables del gobierno presentaron un “borrador” con el título de Insumo–Acuerdos preliminares, con una última orientación general en materia de jubilaciones y pensiones: “Consolidar un sistema multipilar con fuerte presencia del Estado en la gestión, que combine: un piso de protección en la vejez que garantice el acceso a una prestación para aquellos colectivos más vulnerables que no logren cumplir los requisitos de años de servicio; un pilar de reparto intergeneracional que promueva un retiro estratificado (sic) atendiendo las desigualdades estructurales con que las personas llegan al momento del retiro y un pilar de ahorro que funcione con mayor eficiencia y menores costos para el afiliado”.
Sin embargo, esto que se escribió no es ningún acuerdo ni recoge lo que han planteado los distintos actores, ni siquiera el Frente Amplio por escrito. De inmediato a su lectura, desde la delegación del PIT-CNT se señaló con firmeza que de ninguna manera esa redacción fue acordada y que para nada se recogían los planteos hechos por la Convención de trabajadores y trabajadoras, a lo que se respondió algo así como que era un borrador “tentativo”. (Urge preguntar si se trató de un error o lisa y llanamente se hizo un tanteo. No sé: el olor de ese gato llega hasta esta página).
Las promesas de campaña y los hechos
Si uno compara el programa de gobierno con el cual el Frente Amplio y su candidato llegaron a ganar la elección en noviembre 2024, hay unos párrafos verdaderamente fundamentales que ahora han sido eliminados y no forman parte de las declaraciones de los gobernantes. Uno es el que dice que “El gobierno del Frente Amplio implementará una solución para los trabajadores/as que se afiliaron a las AFAP sin estar obligados y en determinadas condiciones que fueron cambiadas en las leyes 20.130 y 20.209, perjudicando a miles de ellos. Todo ello, sin perjuicio de la reforma integral de la seguridad social comprometida”.
También en ese compromiso se incluye nada menos que “a) revisar todas las cajas jubilatorias y reformarlas en base al acceso igualitario a la seguridad social. b) generar las condiciones para el acceso a la jubilación a los 60 años de edad, manteniendo los estímulos y la capacitación necesaria para que quienes quieran seguir trabajando puedan hacerlo. c) ratificar en todos sus términos el documento aprobado por unanimidad en el Plenario Nacional del Frente Amplio del 14/10/2023.2 d) impulsar un sistema de seguridad social con tres pilares: solidario (no contributivo), de reparto intergeneracional (contributivo) y de ahorro (no lucrativo). e) mantener y profundizar los niveles de cobertura y suficiencia del sistema de seguridad social. f) revisar integralmente el sistema de financiación de la seguridad social, en particular las inequidades en los aportes, siempre bajo la premisa de que aporten más quienes tienen más”. ¿Clarito verdad?
¿El himno patrio será olímpicamente desoído?
Como pudo verse, varios puntos no están incluidos en el cuestionado borrador y son precisamente los más importantes: la revisión del financiamiento del sistema y de las exoneraciones al capital, y nada menos que la eliminación del lucro. ¿Por qué? Personalmente pienso que hay una voluntad política muy clara —conservadora de lo principal del statu quo— y en tal sentido algunas decisiones ya tomadas valen por mil discursos huecos.
(Quizá, más allá de mis importantes diferencias con él, esto explique por qué en todo este proceso no se haya convocado a Ernesto Murro: probablemente hoy, uno de los frenteamplistas que más conoce del tema, que comandó el Diálogo de 2007, y quien, además, a pesar de no votar el Sí, decidió no hacer campaña en contra de él. ¿Molesta en las alturas la profundidad de su conocimiento y el haber adoptado la decisión referida?).
Quizá más en general, en materia de protección social sí puede ser esperable que tal vez haya mejoras en infancias y adolescencias, sistema de cuidados… aunque las limitaciones presupuestales muestran que las mismas van a ser bastante menores a lo necesario.
***
¿Qué haría yo en la Mesa del Diálogo? Algo muy sencillo y breve. Llevaría un espejo, el programa del PIT-CNT, y el programa de gobierno del Frente Amplio junto con la resolución del 14 de octubre de 2024. Tomaría el espejo, respetuosamente se lo colocaría delante de la cara a Hugo Bai, para que se mirara a los ojos. Haría lo mismo con Rodrigo Arim, para que se mirara a los ojos.
Y luego, con sencillez les diría: todos los spots televisivos, todos los videos difundidos por las redes sociales durante la campaña electoral del año pasado, todos los actos públicos, terminaban con dos palabras enfáticamente pronunciadas: “¡sabremos cumplir!” Simplemente, les pregunto —a ustedes y a quienes los mandan: ¿de verdad van a cumplir el programa empeñado o solo fue un engañapichanga?
Adolfo Bertoni
Expresidente de ATSS
1 En esta carta me centraré en materia de jubilaciones y pensiones, pero es sabido que estos conceptos refieren a un derecho humano fundamental, mucho más amplio, que incluye las llamadas prestaciones de actividad que brinda el BPS (asignaciones familiares, seguros de paro y de enfermedad, área de la salud, entre otras), o que brindan Salud Pública u otros organismos. También el sistema de cuidados.
2 Lo aprobado por unanimidad por el plenario nacional no dejó lugar a dudas: “(…) un pilar complementario de ahorro no lucrativo, capitalizado y con un rol fundamental del Estado en su administración, supervisión y organización más sencillo de entender”. Esto, para un buen entendedor, aquí, en la China o en Estambul, significa un régimen sin AFAP, ya que estas, por definición, tienen como primer y último objetivo lucrar —y nada más que lucrar—. (Si se quisiera, se podría establecer un cuarto pilar, absolutamente opcional y por fuera del régimen general y obligatorio, con fondos complementarios voluntarios).