• Cotizaciones
    viernes 20 de febrero de 2026

    ¡Hola !

    En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, tu plan tendrá un precio promocional:
    $ Al año*
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
    * Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

    ¡Hola !

    En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, por los próximos tres meses tu plan tendrá un precio promocional:
    $ por 3 meses*
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
    * A partir del cuarto mes por al mes. Podés cancelar el plan en el momento que lo desees
    stopper description + stopper description

    Tu aporte contribuye a la Búsqueda de la verdad

    Suscribite ahora y obtené acceso ilimitado a los contenidos de Búsqueda y Galería.

    Suscribite a Búsqueda
    DESDE

    UYU

    299

    /mes*

    * Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

    ¡Hola !

    El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá

    Los ‘therians’

    Sr. director:

    Donde jinetea Artigas y los oficinistas deambulan con corbata al viento, irrumpió una escena que parecía salida de un foro de Reddit. Orejas de felpa, colas con alambre interno y rodilleras para no lastimar las articulaciones. No era carnaval, aunque se le parecía. Era algo más contemporáneo y algo aun más delirante: una jauría de humanos.

    No termino de decidir si la reunión pública de therians que vimos en plaza Independencia era una performance satírica, un meme o un nuevo archipiélago identitario en nuestra sociedad fragmentada. Porque, en realidad, no importa. Simplemente, nos dicen que no hay que cuestionarlo: hay que asimilarlo.

    “Lo therian” no deja de ser un brote puberal en una sociedad adolescente. Pronto comenzarán las clases y sus maestros o profesores no sabrán cómo dar inicio: “¿bienvenidos y bienvenidas? ¿Bienvenidxs? ¿¡Guau Guau!?”. Las dudas nos llegan a todos aquellos que queremos ser cordiales, abiertos y respetuosos: ¿debo ladrarle a un therian? ¿Y si no es un perro? ¿Tengo que mugir, balar o maullar dependiendo de con quién quiera dialogar?

    Tratar a tu adversario político de “gorila” o “mandril” ya no será algo malo: seremos insensibles ante la animalización. Ser un humano que quiere ser animal está bien.

    Este fenómeno tiene una génesis no tan difícil de rastrear: la antropofobia que inauguró el ecologismo insaciable, que se abocó a odiar al humano, y el identitarismo de la nueva norma “trans”, que vino a llevarse puesto las barreras biológicas intra-humanos. Todo esto fue cocinado en tiempo récord por internet, que conecta y reaglutina a los grupos, constelando gente susceptible de intereses similares.

    Esto descoloca a un Occidente que ha elevado la experiencia subjetiva al rango legal de Constitución nacional. Si alguien se percibe lince, la sociedad debe revisar su protocolo de saludo y trato. Incluso censurar cualquier tipo de pensamiento interno que pueda resultar ofensivo. Nuestro mundo interior dejó de ser jardín privado y exige escribanía pública.

    Aquí asoma la esquizofreneización de la sociedad. No hablo de psiquiatría, sino de política. Es la fractura entre realidad compartida y universos íntimos que reclaman estatus normativo. Cada cual con su cosmogonía portátil. Cada grupo con su microclima emocional. La plaza ya no es un lugar de encuentro, es un archipiélago.

    Antes, las tribus urbanas se definían por música. Ahora por especie. Del walkman al aullido. Y como toda identidad contemporánea, no pide permiso: exige validación. La cortesía se vuelve coreografía. El adulto cool, temeroso de ofender, ensaya sonidos guturales para no quedar del lado equivocado de la historia.

    El coqueteo con la transexualidad es palpable. Hasta ahora, se cuestiona a la transexualidad o a su desbocada deriva del género fluido preguntando “si me autopercibo un oso, ¿vos me creés?”. Ese momentum historicum ya llegó: hoy sí hay humanos que se autoperciben osos. O al menos se teatraliza de esa manera. Pero esto no viene a zanjar aquella discusión; la embrutece.

    Los therians vienen a dar un paso más: dejar atrás algo tan humano y complicado como lo es el género para pasar al resto del mundo animal. O incluso, vegetal. Lo andrógeno es muy complejo: ser una serpiente —asexuada— es una escapatoria sencilla ante un mundo que no puede responder qué es una mujer.

    Tomás Bonetti

    // Leer el objeto desde localStorage