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Sr. director:Durante muchos años he trabajado con Carlos Tessore, colega y amigo, en el estudio de crisis antrópicas. Estudiamos decenas de crisis. Algunas son internacionales muy conocidas, como el colapso de Enron o de Odebrecht. Otras nacionales, como Gas Sayago y Pluna. En los últimos tiempos empezamos a analizar los problemas del sistema previsional, el sistema de salud y el sistema de seguridad. Primero tratamos de reconocer ciertos riesgos puntuales y elaborar propuestas para reducir el impacto de comportamientos sistémicos no deseados. Pero finalmente nos dimos cuenta de que estas crisis no eran procesos de deterioro puntuales de sistemas aislados, sino evidencia del colapso de diseño de todos estos sistemas en su conjunto. Un colapso en sistemas que creíamos sólidos está asociado con debilidades institucionales internas y también con entornos internacionales adversos.
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En esta instancia quiero analizar con los lectores de Búsqueda ciertas respuesta a las evidencias de crisis que han convencido de que la geopolítica es el eje central de las crisis sistémicas más relevantes que afectan al país, porque ya no solo trata problemáticas de disputas de fronteras, sino de la supervivencia de sistemas tecnológicos, financieros y ecológicos interconectados que están operando bajo una presión sin precedentes en cada Estado nación. Uruguay no es una isla que pueda operar desconectada de la región y el mundo. Precisamente por ello, las estrategias de respuesta uruguayas no pueden ni deben desarrollarse a espaldas de consideraciones geopolíticas. La eventual no concreción del acuerdo del Mercosur con la Unión Europea nos afectará. La guerra ruso-ucraniana impactará sobre nuestros flujos comerciales. Los desacuerdos regionales también. Pero no solo estas cuestiones. Nuestra preocupación no es con el pasado, sino principalmente con el futuro.
Con Tessore consideramos que es necesario aportar al entendimiento de estas rupturas y de cómo ellas nos afectan cuando estamos mirando hacia el futuro. Hablamos de crisis (múltiples) silenciosas, graduales y no disruptivas porque resultan imperceptibles en el corto plazo cuando se aproximan. Se sabe además que operan relacionadas. Pensando en el Uruguay en su conjunto, ponemos sobre la mesa la consideración de la situación del sistema productivo uruguayo que se encuentra actualmente en un punto de inflexión. Si bien el país mantiene una trayectoria de crecimiento, este se ha vuelto progresivamente moderado (en torno al 1,5%, al 2% para el año 2025), lo que revela que la estructura actual tiene algunas contenciones en su actual “techo” de productividad. El desafío no es solo crecer, sino transformar una matriz productiva quebradiza por su dependencia de factores externos que el Uruguay no controla en una economía resiliente y basada en el conocimiento. La economía uruguaya convive con varias realidades que avanzan a distintas velocidades, pero es fuertemente dependiente del motor tradicional (básicamente sustentado por la agroindustria), que representa el 70% de las exportaciones. Es un sector competitivo, pero extremadamente vulnerable a la no linealidad del cambio climático (sequías e inundaciones recurrentes) y a la volatilidad de los precios internacionales, lo que plantea grandes condicionamientos.
Lo primero por señalar es lo complicado que resulta asimilar las derivaciones de constatar la vulnerabilidad uruguaya ante la realidad regional y también internacional. Por lo pronto, la inestabilidad macroeconómica y los conflictos sociales en los “socios mayores” del Mercosur condicionan fuertemente lo que el gobierno nacional uruguayo puede hacer. Es difícil convivir con nuestras vulnerabilidades nacionales respecto de lo que viven Brasil y Argentina. De allí nació nuestro interés por los elefantes negros, es decir, riesgos que son conocidos y visibles, pero que a menudo se ignoran, como la sustentabilidad de varios de nuestros sistemas básicos. Ante este nivel de desconcierto con el funcionamiento de nuestros grandes sistemas es que hemos propuesto modelos de gestión que reconocen que el margen de maniobra nacional suele ser limitado por factores externos, por lo que la resiliencia institucional y la formación de equipos sólidos son claves geopolíticas para la supervivencia del Estado uruguayo ante condiciones que parecen ser cada vez más adversas. En términos geopolíticos, advertimos que Uruguay debe anticipar “estampidas” de estos eventos derivados de condiciones políticas o sociales externas. Algunas cosas hemos reconocido respecto de nuestro eventual futuro, pero, como son cuestiones muy difíciles de aceptar, no las hemos interiorizado.
Los últimos aportes de nuestros estudios regionales y mundiales reflejan un entendimiento de la realidad que es realmente difícil de asimilar para la sociedad uruguaya. Como estudiosos del futuro, Carlos Tessore y yo consideramos que los uruguayos viviremos en poco tiempo circunstancias que nos pondrán a prueba como agentes constructores del futuro y requerirán de todo nuestro compromiso para salir adelante. ¿Qué es lo que esencialmente necesitamos para que estas ideas prosperen? Estamos convencidos de que, más allá del necesario conocimiento técnico y profesional de los futuribles, necesitamos desarrollar una visión optimista, pero no ingenua, del futuro para poder construirlo colectivamente. Hemos desarrollado un ensayo prospectivo, que sabemos que será controversial, procurando ayudar a los uruguayos en su conjunto, y especialmente a los circunstanciales administradores políticos, en el desarrollo de la capacidad de reflexionar y sobre todo de actuar de cara a construir ese futuro. Esta carta es parte de nuestro esfuerzo por empezar a divulgar los aportes. Mejorar nuestra capacidad de anticipación es estratégicamente fundamental.
Debemos reconocer que no estamos logrando entender que el contexto mundial y regional nos condiciona cada vez más en forma por demás significativa, como nunca. Entendemos que el núcleo del desafío uruguayo, de cara a mejorar los futuribles y pensando en la supervivencia y el desarrollo de los principales sistemas que podemos conceptualizar, reside en una disonancia estratégica entre el desarrollo más conveniente de nuestra economía y contemplar al mismo tiempo sus afinidades político-institucionales. Uruguay navega una dualidad obligada. Su racionalidad económica lo ancla al este, mientras su identidad política y suscriptores de seguridad lo ligan al oeste. Postulamos que la estrategia diplomática del Uruguay del futuro debe operar esta dualidad sin incurrir en la “securitización” 1 de sus relaciones económicas ni en la marginalización de sus alianzas políticas. Se trata de desarrollar un ejercicio que procure la supervivencia y la prosperidad en la búsqueda de balances de alto riesgo, en un contexto de creciente polarización.
Desde luego que hay cuestiones endógenas que nos afectan, pero esa es otra historia que no abordaré en esta instancia. Sabemos de las prisiones al estilo de Doris Lessing que los uruguayos hemos construido por años inadvertidamente. Lessing plantea que la humanidad se encuentra en un momento crítico donde nuestra supervivencia depende de nuestra capacidad para observarnos a nosotros mismos con la objetividad de un naturalista. Para Lessing, la fuerza más peligrosa en el futuro humano es la naturaleza gregaria no analizada. El impulso primario de pertenecer a un grupo que a menudo exige la renuncia al juicio crítico y fomenta el fanatismo se contrapone con la capacidad de mantener la autonomía intelectual. Lessing argumenta que el futuro depende de que los individuos reconozcan cómo el grupo los manipula emocionalmente. Pero los desafíos endógenos de esta objetivación quedarán para ser analizados en otra instancia. Estos aportes sobre cuestiones aparentemente exógenas, que también tienen componentes gregarios relevantes, que considero como una cuestión central en el desarrollo de esta carta, sugieren que la geopolítica uruguaya debe ser, ante todo, una geopolítica de la anticipación y la gestión de riesgos externos, en particular dada la imposibilidad de controlar las turbulencias de nuestros grandes vecinos. Ya habrá tiempo para analizar los problemas de diseño de los grandes sistemas que hacen al ser uruguayos que están siendo interpelados.
Carlos Petrella
1La securitización de la economía ocurre cuando las decisiones comerciales y financieras dejan de basarse en la eficiencia del mercado para subordinarse a la seguridad nacional. El comercio se transforma en un arma estratégica (weaponized interdependence) donde el acceso a tecnologías, energía o mercados depende de la alineación política y militar.