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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáDígase lo que se diga, el doctor Sigmund Freud descubrió algo. Si yo tengo, como me ha pasado, un conflicto serio con mi hijo, y a continuación sueño que peleo con mi padre que no quiere darme la llave de su auto, resulta difícil no pensar que hay un vínculo entre realidad y sueño. Me parece, como a muchos científicos actuales, que otras partes del trabajo de Freud son más arbitrarias, como la estructuración tripartita de la mente en yo, superyó y ello, cada una de las cuales tendría una misión específica. Es cierto que ese vínculo entre sueño y realidad no es literal, sino metafórico, pero la metáfora es también una forma indirecta del conocimiento. Ya Ortega y Gasset decía que la metáfora es un instrumento que Dios dejó olvidado dentro del universo luego de crearlo, o sea que comparte algo del poder divino.
Nos es casi imposible expresarnos sin utilizar metáforas. Horacio Ferrer, como gran poeta que era, me dijo que Astor Piazzola “era como un viento”, en alusión a la asombrosa energía creativa que el músico poseía. Horacio era un maestro de la metáfora. En la Balada para un loco dice, por ejemplo, que un escote es un abismo, dada la cualidad de atracción inevitable que ejerce sobre un hombre esta herramienta de seducción; y en Chiquilín de Bachín retrata a un niño que vende flores en la calle como a un “angelito con bluejean”.
Como contraste a este mundo figurado, tenemos hoy las bombas y misiles que caen sobre Irán, y los temores ancestrales y apocalípticos que despiertan en nosotros. Se dice, por ejemplo, que el llamado orden internacional con unas reglas y principios ha saltado por los aires (otra metáfora). Yo me pregunto si el orden internacional basado en el consentimiento de dictaduras terribles y de la opresión salvaje de las mujeres en muchos países árabes constituye alguna especie de orden. En todo caso se trata de un orden injusto y terrible, en el que se lapidan seres humanos o se justifican cosas como la ablación del clítoris y otras bestialidades, y no parece tan malo que salte por los aires.
Estos juicios provienen de una mentalidad arcaica originada antes incluso de la Prehistoria, cuando dividir el mundo en blanco y negro o buenos y malos resultaba conveniente para la tribu, dado que hacía más fácil la agresión y destrucción de los enemigos. Lo mismo, en otro orden, pasa ahora en el mundo digital, donde se propinan alegremente, desde la impunidad, insultos y degradaciones que sería imposible reproducir cara a cara.
La conciencia y la educación son de las pocas armas que tenemos para combatir este tipo de cosas. Por ahora creo que estas armas van perdiendo el partido, aunque no debemos olvidar que los partidos duran 90 minutos más el alargue, lo que no es poco.
No voy a hacer un tratado, o sea que lo dejo por aquí y le saludo muy atentamente.
Alberto Magnone