Tocchetti propone cambiar la mirada: en lugar de preguntarnos únicamente qué enfermedad tenemos, empezar a preguntarnos qué está intentando mostrarnos nuestro organismo. En el marco del ciclo Impulsar Salud, de la Fundación Peluffo Giguens, la especialista dará una charla el martes 18 de agosto en Piso 22 de WTC, con el título “Tomá las riendas de tu salud”, en la que abordará la relación entre biología, epigenética, estrés y estilo de vida, y el margen de acción que tiene cada persona para construir su salud.
Muchas veces vivimos la enfermedad como un hecho repentino: un día alguien recibe un diagnóstico y siente que “le pasó”. Incluso, que no tenemos nada que ver con ello. Pero a nivel biológico, eso rara vez ocurre así. La mayoría de las disfunciones y enfermedades crónicas se gestan durante años, a veces décadas, con pequeños desajustes que pasamos por alto, que naturalizamos, y otras veces medicamos para calmar el síntoma. Toda esta disfunción no ocurre de forma aislada: está conectada entre sí, y no se queda quieta, se va incrementando, porque un desajuste provoca otro mayor. El organismo pierde la capacidad de adaptación poco a poco, hasta que llega un punto en que aparecen síntomas mayores o un estudio detecta el problema. Cuando todo esto se hace visible y cumple el criterio diagnóstico de una enfermedad es que nos “enteramos” de lo que sucede. No significa que podamos explicar todo ni evitar todo. Significa que entre la salud y la enfermedad suele existir un período largo y no tan silencioso en el que todavía hay mucho margen para intervenir.
Muchas personas sienten que enfermarse es cuestión de mala suerte o de genética. ¿Qué cambia cuando incorporamos la mirada de la epigenética?
La epigenética no niega la importancia de los genes. Lo que cambia es la pregunta. En lugar de preguntarnos solamente qué genes heredamos, empezamos a preguntarnos cómo están interactuando esos genes con el ambiente en el que vive esa persona. Dormimos, respiramos, comemos, pensamos, nos vinculamos, atravesamos estrés. Todo eso constituye información biológica que nuestras células reciben constantemente. Eso devuelve algo muy importante: un margen de participación. No controlamos todo, pero tampoco somos espectadores pasivos de nuestra biología.
Usted dice que el componente genético explica una parte muy pequeña de las enfermedades crónicas. ¿Qué evidencia respalda esa afirmación y cuánto margen real tenemos para modificar nuestro riesgo?
Existen enfermedades producidas por una única alteración genética, que son relativamente poco frecuentes. En la enorme mayoría de las enfermedades crónicas intervienen muchos genes, cada uno con un efecto pequeño, y además factores ambientales que influyen sobre cómo esos genes se expresan. Por eso hablamos de riesgo, no de destino. No podemos cambiar la genética con la que nacimos, pero sí podemos modificar muchas de las condiciones que favorecen o frenan determinados procesos biológicos, como la inflamación, la resistencia a la insulina, el estrés oxidativo o la pérdida de masa muscular.
Se suele asociar un estilo de vida saludable con comer bien y hacer ejercicio. ¿Qué otros hábitos considera iguales o incluso más importantes?
La alimentación y el movimiento son fundamentales, pero no alcanzan para explicar la salud. Dormir bien, manejar el estrés, tener vínculos reales y tener propósito, exponernos a la luz natural, respetar los ritmos biológicos y recuperar momentos de puro encuentro con uno mismo son factores que tienen efectos medibles sobre el organismo. No me gusta hablar de “hábitos saludables” como una lista de obligaciones. Prefiero pensar en las condiciones que necesita un organismo para funcionar bien. Y si bien hay hábitos generales, cómo estos se aplican en cada persona en el estado particular en el que se encuentra para sus objetivos, eso es algo totalmente diferente para cada uno. Lograr personalizar esa intervención a la medida de cada individuo contemplando sus objetivos, y su sintomatología variada y única, ese proceso conlleva ciencia, arte y mucha experiencia. Por favor, no entendamos que ahora un hábito saludable o un nuevo suplemento debe recetarse para un síntoma o un objetivo en particular de forma aislada. Eso está lejos de un enfoque verdaderamente sistémico.
¿Hay algún hábito que la mayoría de las personas subestime y que, sin embargo, tenga un efecto muy importante sobre la salud?
Creo que subestimamos profundamente el descanso. No hablo solamente de dormir determinadas horas, sino de vivir sin momentos reales de recuperación. Hoy muchas personas están permanentemente disponibles, respondiendo mensajes, cambiando de tarea, resolviendo problemas. El organismo interpreta ese estado continuo como una forma de amenaza. La capacidad de recuperarnos entre un desafío y otro es tan importante como la capacidad de enfrentar el desafío.
¿En cuánto tiempo pueden empezar a verse beneficios cuando una persona modifica su estilo de vida? ¿Hay cambios que ocurren antes de que aparezcan en los análisis clínicos?
Sí, muchas veces. Pero yo te puedo responder del cambio que realizan las personas siguiendo una intervención diseñada específicamente para su cuadro y objetivos; que no es lo mismo que modificar hábitos de forma suelta, sin haber analizado previamente todo el sistema de la persona, cómo llegó hasta ahí, cómo se fueron gestando sus síntomas, cómo se va a intervenir y con qué. He visto a lo largo de más de 25 años de clínica que tres meses es el tiempo que necesita una persona para lograr hacer modificaciones que impacten en su biología y en su sintomatología. En muchos casos, en ese tiempo veo una mejora de más del 50% de la intensidad y diversidad de sus síntomas, algunos más incluso. Salvo las personas que vienen a “prevenir”: lo que no queremos que suceda no se mide en ese corto lapso, se mide en la calidad de los años que vienen después. Y en ese caso te puedo hablar de personas que hace más de 20 años que vemos y aportamos a su salud de forma conjunta, que hoy tienen 80 y están magníficas. Antes de que cambien los análisis, las personas suelen decir cosas muy interesantes: duermo mejor, pienso con más claridad, tengo energía más estable, recuperé las ganas de moverme, ya no siento distensión, estoy más tranquilo, disfruto más, estoy menos irritable. La biología empieza a reorganizarse muchas veces antes de que todos los marcadores de laboratorio reflejen ese cambio. Otras veces es al revés.
Usted marca la diferencia entre la prevención y el diagnóstico precoz. ¿Por qué cree que muchas veces confundimos ambos conceptos?
Porque durante muchos años entendimos prevenir cómo “detectar antes”. Y detectar antes es valioso, pero sigue significando que la enfermedad ya existe. La prevención verdadera consiste en actuar antes de que ese proceso llegue a convertirse en enfermedad. Es un cambio de paradigma. No esperar a que aparezca el problema para encontrarlo antes, sino intentar que nunca llegue a desarrollarse.
¿Qué lugar ocupa la medicina funcional dentro del sistema de salud tradicional? ¿Cómo dialoga con la medicina convencional?
Para mí, no son modelos enfrentados. La medicina convencional es extraordinaria para diagnosticar, tratar urgencias y manejar enfermedades complejas. La medicina funcional aporta otra pregunta: ¿por qué esta persona desarrolló este problema y otra no? Busca comprender cómo interactúan distintos sistemas del organismo y cómo la alimentación, el sueño, el estrés, el microbioma, el ambiente o la historia de vida pueden estar contribuyendo a ese cuadro, para desarticularlo. No remplaza a la medicina convencional, la complementa ampliando el mapa y ofreciendo intervenciones para aportarles salud a las células, a los órganos y ganarle terreno a la enfermedad. Es una medicina del terreno, que conecta todas las partes en su raíz.
A veces los mensajes sobre vida saludable parecen exigir una perfección imposible. ¿Cómo se puede encontrar un equilibrio sin caer en el “todo o nada”?
Parte de ese problema surge cuando intentamos seguir indicaciones ajenas, modas, tips, etcétera. Es infinita la cantidad de datos que existen y no todos son erróneos. Pero seguramente no son para ti, hoy, para lo que vos necesitás o aplicados de esa manera. La perfección es algo que yace fuera de nosotros, y por definición no nos incluye. Cuando logramos conocer nuestro organismo y nuestro tipo de respuesta particular frente a los desafíos, identificamos ajustes que deben hacerse, que muchas veces son pequeños cambios que, sostenidos y bien planteados, tienen el impacto que necesitamos.
Habla de la necesidad de “bajar la velocidad”. ¿Qué consecuencias concretas tiene sobre el organismo vivir permanentemente acelerados?
Nuestro organismo está preparado para responder al estrés, para lo que no está preparado es para no salir nunca de ese estado. Cuando vivimos acelerados durante meses o años cambian las hormonas, el metabolismo, la inflamación, el sueño, el sistema inmune, e incluso la manera en la que pensamos y tomamos decisiones. No es solamente una sensación de cansancio. Es una forma distinta de funcionar biológicamente.
En una sociedad en la que el estrés parece inevitable, ¿qué pequeños cambios realistas se pueden incorporar sin transformar por completo la rutina?
Distanciarnos de todo lo que hacemos de forma repetitiva en nuestra semana. Hacer algo diferente. No llegar al tanque en rojo, respirar antes. Darnos momentos pequeños de disfrute. A mí me gusta hablar de recuperar espacios de regulación. Hacer esta pregunta: todo esto que hago ¿para qué lo hago? Cuando nos olvidamos del verdadero propósito, ahí estamos en problemas.
¿Cuál es el primer paso que cualquier persona podría empezar a dar hoy mismo para “tomar las riendas de su salud”, como propone el tema de la conferencia que dará el martes 18 de agosto?
Antes de cambiar hábitos, cambiaría una idea. Dejar de preguntarnos solamente “¿qué enfermedad tengo?” y empezar a preguntarnos “¿qué me está mostrando mi organismo?”. Esa pregunta cambia la manera de mirar el cuerpo y la mente. Y cuando entendemos que la salud es un proceso y no un estado fijo, dejamos de ser espectadores y empezamos a participar mucho más activamente en las decisiones que construyen nuestra salud cada día.
Ciclo de encuentros Impulsar Salud. Epigenética, biología celular y estilo de vida. Tomá las riendas de tu salud, con Silvina Tocchetti. Martes 18 de agosto, 18.30 h. Piso 22 de World Trade Center. Ticket: 1.200 pesos en RedTickets.