La economía uruguaya se expandió 1,8% en el promedio de 2025 respecto al año anterior, según el informe de Cuentas Nacionales difundido este martes 23 por el Banco Central (BCU). El registro implicó una desaceleración frente al crecimiento de 3,3% de 2024 —cifra que fue revisada al alza— y quedó por debajo de la proyección de 2,6% incluida en la Ley de Presupuesto.
A lo largo del año, la evolución del PIB mostró una trayectoria de “más a menos”. En la comparación interanual, la actividad creció 4,0% en enero-marzo, 2,3% en abril-junio, 1,0% en julio-setiembre y apenas 0,1% en octubre-diciembre, lo que marcó un cierre de año sin impulso.
En la medición desestacionalizada, la economía evitó una recesión técnica: tras caer 0,2% en el tercer trimestre, aumentó 0,1% en el último, de acuerdo con los datos del BCU.
El menor crecimiento respecto a lo proyectado también fue comentado en la reunión que mantuvieron el martes 24 por la mañana el ministro de Economía, Gabriel Oddone, y el director de la Oficina de Planeamiento y Presupuesto, Rodrigo Arim, con la Confederación de Cámaras Empresariales.
Según dijeron a Búsqueda asistentes a ese encuentro, el jerarca transmitió que el dato que se conocería horas más tarde confirmaría una desaceleración del nivel de actividad y, aunque no ocultó su disconformidad con ese desempeño, planteó la necesidad de ver el “medio vaso lleno”.
En ese marco, Oddone contextualizó el resultado en la evolución reciente del escenario global y regional, donde varias economías también registraron una desaceleración, y defendió que, “en un contexto internacional complejo”, Uruguay igual logró crecer 1,8%, según relataron los participantes.
Además, Oddone comentó las cifras de creación y cierre de empresas, publicadas por el Instituto Nacional de Estadística esta semana y destacó (mostrando en una slide las cifras exactas) que el balance o saldo es positivo. Reconoció que algunos sectores de actividad están siendo impactados por el menor crecimiento, como el caso de los servicios globales, pero alegó que se está trabajando para que no se llegue a una tendencia negativa.
Pocos motores
Desde el enfoque de la producción, el crecimiento del año estuvo impulsado sobre todo por la industria manufacturera, el comercio vinculado al turismo y los servicios financieros, mientras que otros sectores mostraron caídas.
La industria creció 6,2% en gran medida por la mayor actividad de la refinería de Ancap —que en 2024 había estado detenida de manera parcial por mantenimiento—, así como por el desempeño de las industrias alimentarias, en particular frigoríficos, lácteos y molinos, y en menor medida por la producción de celulosa.
El sector de comercio, alojamiento y suministro de comidas y bebidas aumentó 1,9% apoyado en el dinamismo de la demanda interna y del turismo, con mayor comercialización de productos como soja, vestimenta y medicamentos.
También se destacó el crecimiento de los servicios financieros (4,2%), mientras que el agregado de salud, educación, actividades inmobiliarias y otros servicios tuvo una incidencia positiva.
En contrapartida, la construcción cayó 2,5% en el promedio del año afectada por la menor ejecución de obras de infraestructura —especialmente vialidad y líneas de energía— en un contexto de finalización de grandes proyectos. A su vez, el sector de energía eléctrica, gas y agua se contrajo 3,1% tras el fuerte desempeño del año previo.
Hacia el cierre del año, algunos sectores mostraron señales de mayor debilidad. En particular, el agro registró una caída interanual de 7,7% en el cuarto trimestre, afectado por menores rendimientos de los cultivos de verano y una reducción en la producción forestal y las exportaciones de ganado en pie.
Demanda interna como sostén
Desde el enfoque del gasto, el crecimiento de la actividad se explicó fundamentalmente por el dinamismo de la demanda interna, que compensó un menor aporte del sector externo.
El consumo final aumentó 2,0% en el promedio del año, con subas tanto en el gasto de los hogares (2,1%) como del gobierno (1,8%).
La inversión —formación bruta de capital— creció 4,3% impulsada sobre todo por la acumulación de existencias, mientras que la inversión en capital fijo mostró un comportamiento más moderado.
Por su parte, el sector externo tuvo un desempeño menos favorable. Las exportaciones de bienes y servicios aumentaron 1,9% impulsadas por mayores ventas de soja y carne y por el gasto de turistas extranjeros, más que nada argentinos.
Sin embargo, las importaciones crecieron 4,1%, lo que redujo el aporte de la demanda externa al crecimiento. Esta dinámica se acentuó hacia el cierre del año: en el cuarto trimestre, las exportaciones cayeron 1,9% en la comparación interanual, mientras que las importaciones aumentaron 5,1%.
Un año por debajo de lo previsto
El desempeño de la economía en 2025 estuvo en línea con varios indicadores adelantados que ya venían mostrando una pérdida de dinamismo y confirmó un crecimiento inferior al esperado por las autoridades.
Diversos analistas señalaron que el crecimiento del año respondió en gran medida a un efecto de arrastre desde 2024 más que a un impulso generalizado de los distintos componentes de la demanda.
En ese contexto, el año mostró una evolución desigual entre semestres: mientras que la primera mitad registró cierto dinamismo, la segunda evidenció un estancamiento, con una economía que terminó el año casi sin crecimiento.
Hacia adelante, las perspectivas apuntan a un escenario de bajo dinamismo. Las proyecciones de los analistas relevadas por el BCU en marzo ubican el crecimiento en torno a 1,6% para 2026.
En síntesis, 2025 cerró con una economía que mantuvo el crecimiento, pero con menor impulso, apoyada en el consumo interno y algunos sectores puntuales, con debilidad en la inversión en infraestructura y un frente externo menos favorable.